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El triunfo de Lanús fue para abrazarse más con los hinchas que para congraciarse con el fútbol. Una victoria que a Lanús le elevó la autoestima, aunque no lo hizo crecer mucho como equipo. Un 1-0 apretado, sufrido, envuelto en un final con trifulcas, empujones. Con los estados alterados que van dejando los 90 minutos de un clásico de barrio que volvió a disputarse después de dos años. El primero en 96 años de historial sin hinchas visitantes. El duelo que dejó a todo el plantel de Lanús festejando bajo la lluvia, abrazado en una ronda, mientras sus hinchas bramaban en tres de las cuatro tribunas habilitadas.
Lanús ganó sin ser superior a este Banfield que se anima y se atreve en primera como lo hacía en la B Nacional. La idea de Almeyda de querer la pelota para jugarla rápida no está condicionada por estar en una categoría u otra. Sólo está un poco mermada por haber perdido al Tanque Chávez, el delantero que le daba profundidad y potencia a muchos de los ataques. Ayer reapareció Bertolo, que aún no había debutado en primera por los inconvenientes administrativos con su pase desde México. Pese a la inactividad se desplegó con intensidad, pero no estuvo fino para finalizar las jugadas. A los 32 minutos dispuso de una las situaciones más favorables, tras una estupenda maniobra como pivote de Salcedo, con giro y asistencia; el zurdazo cruzado de Bertolo salió desviado.
La mínima ventaja que Lanús sacó en el resultado no tuvo su correspondencia en el desarrollo. La rivalidad reencuentra a ambos clubes en situaciones que no son análogas. Lanús transita varios años de estabilidad institucional y crecimiento deportivo. Es una entidad pujante, que se va proponiendo objetivos cada vez más ambiciosos y tiene menos tolerancia a la frustración. Por eso cayeron mal las derrotas en la Recopa Sudamericana y la Suruga Bank. Y peor cuando esas imágenes se entremezclan con cierto descontrol de algunos jugadores en medio de la adversidad. Banfield está en una etapa de resurgimiento después del hundimiento al que lo llevaron los mismos dirigentes que lo habían sacado campeón en 2009. La renovación en los despachos lo transformó en un club más viable y sostenible.
Consciente de que Banfield le gusta tener la iniciativa con la pelota, Guillermo Barros Schelotto modificó su esquema habitual con tres delanteros para incorporar un cuarto volante. Sólo en el desquite ante Atlético Mineiro hizo un planteo de este tipo, con un resultado positivo, ya que se impuso en los 90 minutos y luego resignó el trofeo en el alargue.
Más allá de las intenciones de los mellizos, Lanús no controló el medio campo como hubiese querido. Banfield imponía un rápido tránsito y ni Somoza ni Ortiz ni el Pulpito González se sentían cómodos y bien ubicados. Sólo Ayala respondía a la dinámica que proponía Banfield, con un Cazares discontinuo y una búsqueda con los desbordes de Noir y Bertolo. Marchesín tapó una definición de Salcedo tras una buena combinación entre Cazares, Erviti y Noir.
En el arquero de Lanús estuvo uno de las principales razones del triunfo. No hizo atajadas milagrosas, pero siempre respondió bien y nunca se lo vio sobrepasado por la presión del clásico y la exigencia del partido. En el segundo tiempo le sacó el empate a Salcedo con una notable estirada abajo; el árbitro Loustau no advirtió que debía sancionar córner. Sin la intervención del arquero, era gol. Marchesín también estuvo bien ubicado y seguro para cortar centros y responder a remates de media distancia, si bien la mayoría de los intentos de Banfield salieron desviados. En la mira de Martino, Marchesín hace méritos para ser convocado al seleccionado.
El partido era discontinuo. Tenía baches y repuntaba. Lanús encontró el gol al comienzo del segundo tiempo con una jugada curiosa: Braghieri intentó un remate al arco, pero el disparo fue interceptado por Acosta, con la defensa de Banfield distraída. El Laucha fue rápido y certero para buscar a Romero, que definió de cara al arco para seguir en racha: suma cinco goles, hizo más del 50 por ciento (5 de 9) de los tantos de Lanús. Unos minutos después se perdió otro increíble, tras otra maniobra del explosivo Acosta, el jugador que más le costó controlar a Banfield. Fue el mejor momento de Lanús; mejoró González y los volantes acompañaron más al ataque. Pero no duró mucho. Se empezó a replegar para contener a un rival que tenía una salida clara y precisa con Erviti, pero que se ahogaba en los últimos metros. Ahí apareció en el final Silva para despejar de cabeza varios centros. Lanús terminó aguantando y Banfield con un par de expulsados, víctima de los nervios. A los hinchas de Lanús no les faltaron satisfacciones en los últimos años, pero si le faltaba una alegría era la que vivió ayer.
Acortó la diferencia
Lanús quedó 10 triunfos por debajo en el historial de 71 partidos, con 31 victorias para Banfield, 21 para el Granate y 19 empates. El de ayer fue el tercer éxito consecutivo de Lanús. Había triunfado en los dos clásicos anteriores al descenso de Banfield: 2-1 en el Clausura 2012 y en el Apertura 2011.
Empate en la reserva
El clásico en la reserva terminó 0-0. En Lanús jugaron tres futbolistas que estaban concentrados: Melano, Monteseirín y Valdez Chamorro.
La sequía de Banfield
Lleva 336 minutos sin convertir. El último tanto fue de Salcedo, en 1-0 a Tigre, por la cuarta fecha.
La impaciencia de Matías Almeyda pasa más por la falta de buenos resultados que por el rendimiento de Banfield: "Lo más justo era el empate. Lanús lastimó con una jugada, pero Servio no atajó una pelota. Se crean situaciones, tenemos volumen de juego... Les indicamos el camino a los jugadores. Se está fallando en la definición. Ya llegarán los goles". Respecto del creciente descontento de los hinchas (en las redes sociales algunos piden su renuncia), el Pelado expresó: "El único consuelo que tengo es trabajar y demostrarle a la gente que me contrató por qué lo hizo".



