Boca-Liga de Quito: el equipo de Alfaro goleó en la altura y quedó a un paso de las semifinales de la Libertadores

CONMEBOL Libertadores Cuartos de final
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LDU Quito

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Boca Juniors

Boca Juniors

  • Ramón Ábila /
  • Emanuel Reynoso
Claudio Mauri
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21 de agosto de 2019  • 21:15

Se paseó con un aire señorial Boca frente a Liga de Quito. No hubo deuda de oxígeno, las energías fueron suficientes y las ideas fluyeron criteriosamente para redondear la que pudo ser una de sus mejores producciones en la Copa Libertadores. Fue un 3-0 que incluso pudo ser más amplio, de haber ajustado un poco más los ataques en la segunda etapa.

Boca contrarrestó los efectos de la altitud, minimizó a una Liga de Quito que en esta competencia había ganado los cuatro partidos de local y no se veía derrotada por una copa continental desde hacía más de tres años, en abril de 2016, cuando Gremio se impuso 3-2. Desde entonces mantuvo un invicto de 11 cotejos, con nueve victorias. Esa barrera derrumbó Boca, que con pleno derecho y sin caer en un exceso de confianza puede sentirse en las semifinales. El miércoles próximo, la Bombonera debería transformarse en un espacio de vigilia y expectación por una nuevo cruce con River, en busca de la final en Santiago de Chile.

El gol de Ramón Ábila

Con la mente, los pies y los pulmones. De esa conjunción salió un Boca que controló la ida de los cuartos de final con un gran sentido colectivo. El equipo funcionó como tal, ordenado en lo táctico y lúcido para sorprender a un rival abierto y distraído. No tardó en desactivar las amenazas que se desprendían de los 2850 metros de Quito. Los 90 minutos le dieron la razón al plan de haber llegado a la capital ecuatoriana con 48 horas de anticipación y completar una práctica en el día previo. Ese método estaba en entredicho porque contradecía las otras dos teorías de aclimatación a la altura: llegar el mismo día de la competencia o hacer una adaptación de varios días, algo que es imposible por los calendarios.

Alfaro y su cuerpo técnico consultaron y se informaron con otros especialistas para llegar a la conclusión de que la elección podía ser la correcta. Boca acaba de añadir a la biblioteca de cómo combatir a la altura un nuevo capítulo a tener en cuenta para los que suben desde el llano.

El gol de Bebelo Reynoso

En esos primeros 45 minutos, Boca tuvo la continuidad y el rendimiento estable que en los últimos tiempos no es tan usual verle. Empezó a anular a Liga con un dispositivo compacto, que alejaba el peligro de su área. La variante estuvo en el armado de una línea de casi cinco volantes, ya que Zárate se volcaba sobre la izquierda, como para que el exManchester United Antonio Valencia no encontrara el carril libre. Y el acierto fue la ubicación central de MacAllister, unos metros por delante de Marcone y Capaldo para formar un triángulo en el que a Boca le quedaron muchas pelotas para atacar con sorpresa. Lo hizo a los 10 minutos: Marcone le dio un pase a MacAllister, que asistió a Ábila por la profunda grieta que dejaron los centrales locales. Wanchope encaró libre, eludió la salida de Gabbarini y consiguió un 1-0 que ya era valorado como un pequeño tesoro.

Suplente el último domingo ante Aldosivi, Ábila sigue ratificándose como un goleador con números por demás respetables, como para ir disipando la nostalgia por Benedetto mientras el recién llegado Soldano es una incógnita. Hay más de una manera de interpretar los positivos números del exHuracán con la camiseta de Boca: 24 goles en 54 partidos (7 en 17 cotejos internacionales). En los últimos 26 encuentros que fue titular aportó 22 festejos, una clara evidencia de que está para ser algo más que un recambio. A la responsabilidad de jugar desde el comienzo responde con eficacia. En la primera etapa pudo anotar un segundo gol con una definición que se fue apenas desviada, luego de otro corte de Marcone, al que se le vio una de sus mejores producciones en Boca. Wanchope además propició el tecer tanto, en contra de Caicedo, luego de que el centro-delantero lo anticipara y definiera sobre la salida de Gabbarini, con un rebote que terminó metiendo el zaguero ecuatoriano.

Caicedo en contra, el tercero de Boca

La única preocupación para Alfaro estuvo en la lesión a los 20 minutos de Zárate, que tiene toda la pinta de haber sufrido un desgarro en la pierna derecha. Lo sustituyó Reynoso, también con la misión de cubrir el sector izquierdo y asociarse para cuidar la pelota ante un adversario que se desesperaba por más de un motivo: la desventaja en el marcador, la impotencia, la fragilidad defensiva. Todos estos síntomas se reflejaron en el planchazo a Reynoso de Orejuela, expulsado con roja directa cuando estaba por finalizar la primera etapa. El panorama se seguía despejando para Boca.

Con resultado a favor y un hombre más, Boca se pudo administrar en el segundo tiempo para evitar el agotamiento que invade en los 20 minutos finales. Nunca resignó el gobierno y 10 minutos antes del cierre se dio el lujo de estirar la diferencia. Este Boca tuvo aire hasta para inflar el pecho y demostrar lo fuerte que está.

La expulsión de Orejuela

Mauro Zárate apenas pudo disputar 20 minutos. Entonces, pidió el cambio por un intenso dolor en el talón de Aquiles. Fue reemplazado por Reynoso, que le aportó su habitual buen pie al equipo. Justamente Bebelo fue víctima de un planchazo criminal de Orejuela, que fue expulsado por el colombiano Wilmar Roldán.

Si bien tendrá que jugar la vuelta el próximo miércoles en la Bombonera, con estos tres goles en condición de visitante, Boca puede permitirse mirar de reojo los partidos entre River y Cerro Porteño, de donde saldrá el hipotético rival de las semifinales.

Boca pisó muy fuerte en Quito, y la ilusión de ganar la Libertadores está intacta.

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