Lucas Pratto encontró su lugar en el mundo: "De River no me voy a ir más"

Pratto se entusiasma con nuevos retos
Pratto se entusiasma con nuevos retos Fuente: Archivo - Crédito: Adidas
Cristian Grosso
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8 de enero de 2019  • 23:59

"No mi amor, papi no puede hacer eso, no le sale". Lucas Pratto se rinde ante la propuesta de su hija Pía, que le muestra distintas coreografías del videojuego Fortnite. El festejo de siempre ya la aburrió a Pía. Entonces, pactan un punto intermedio: papá saldrá corriendo después del gol, de golpe se detendrá y se cruzará de brazos. "Yo no sé si ella sabe quién es Mbappé , no creo. El tema es que yo soy muy colgado. Convertí contra Gimnasia, por la Copa Argentina, y contra Boca, en la Bombonera, y me olvidé. Entonces, llegaron los reclamos: ‘Muy lindo el gol papi, pero no hiciste el festejo’. En el Bernabéu salí como un loco, y pensé en ella, entonces me acordé y me frené en ese instante. Ojalá haga muchos goles más porque el festejo llegó para quedarse. Bueno, o hasta que Pía se aburra", bromea Pratto. El detrás de escena de un grito histórico, que nació en un dulce debate familiar entre el ‘Oso’ de 30 años y la princesa, de 8.

Pratto sufrió un vacío imposible de llenar, el de su papá. Hijo de padres separados desde el año, se crió con Daniela, su madre, y su hermano Leandro. Antonio Pratto apareció con su hijo ya grande, famoso y futbolista. Murió en 2015. Le arde el recuerdo y le quemaría la deuda si llegase a fallarle a Pía, porque también Pía es hija de padres separados. Cuando hace un año Pratto se sumó a River, explicó que estar más cerca de ella era imprescindible después de varias temporadas en Brasil. "Cuando era chiquita podía faltar al jardín de infantes para que viajara conmigo, pero ya en la escuela primaria no. Y yo la necesito conmigo. Al volver a la Argentina recuperé el día a día con ella; la llevo al colegio, vamos a la plaza… nos fuimos solos de vacaciones cuando volví de Abu Dhabi", cuenta un padre pleno.

¿Y un futbolista pleno, también? "Estaba obsesionado con la Copa. La primera vez que la jugué fue en 2011, con Católica. Después, la había jugado otras cinco veces más con Vélez, con Mineiro, con San Pablo y ni a una semifinal había podido llegar. Los cuartos de final habían sido la barrera. Vine a River a ganarla, y el primer año ya se dio. Esta vez tuvimos esa cuota de suerte que hay que tener. Con Gremio, en la revancha, tuvimos ese toque de fortuna que siempre hace falta", dice.

Una imagen del entrenamiento en Punta del Este donde River hace la pretemporada
Una imagen del entrenamiento en Punta del Este donde River hace la pretemporada Fuente: Archivo - Crédito: Prensa River / Diego Haliasz

–Justo con Gremio, en la ida, perdiste la titularidad. ¿Temiste ya no recuperarla?

–Ese fue un gran momento del entrenador, de Marcelo. Cualquiera podría haber sospechado que yo estaba molesto por haber perdido la titularidad en la ida, pero él me dio mucha confianza para la revancha y me hizo dar cuenta de lo importante que era para el equipo. Él entendió que en la ida, Nacho y Borré eran más importantes, y en la revancha volvió a apostar por mí. Porque más allá de lo táctico, para mí el valor clave de Marcelo es su liderazgo. Si no es el mejor entrenador de Sudamérica, está entre los dos o tres mejores, y en la Argentina, desde ya, por lejos, es el mejor de todos. Sabe manejar a los jugadores según lo que reclama el momento, sabe cuándo meterte el dedo ahí, digamos…, sabe cuándo apretar y cuando darte tranquilidad y confianza. No hablé más de dos o tres veces con él, a solas, en todo el año, pero una de esas veces fue antes de la revancha con Gremio. Gallardo siempre intentó traerme a River, y yo siempre pensé que en River iba a jugar en la medida que estuviese Gallardo.

–¿Quién vio al mejor Pratto: Católica, Vélez, Mineiro, River… o Cambaceres?

–Y... atravesé distintas etapas, y creo que he ido evolucionando. Por ejemplo, en Vélez estaba más vinculado con la creación y el equipo se amoldaba a mí. En Católica y en Mineiro jugaba bien de punta, entonces esos equipos me fabricaban muchas opciones de gol. Con River volví a desarrollar mi faceta de jugador de equipo, con una participación más colectiva. Porque es la marca del equipo: el concepto global por encima de cualquier apellido.

–¿Sí? ¿Por arriba del equipo nunca hay nada?

–Este es un grupo sano. Elogiable, y mucho más tratándose de un club grande, en el que las luchas de egos, de cartel, pueden potenciar un mal clima. Pero nada de eso en River. No hay envidia tampoco, sí, una noble competencia porque todos queremos jugar. Todos. Pero al que no le toca estar, o al que el técnico lo saca, no lo vas a ver con cara de culo. Nadie se queja y es otra clave de nuestro rendimiento. El grupo está por encima de todo. Y el club es otra pata clave, porque te hace sentir a gusto desde que llegás. Desde el presidente hasta el último empleado. Para nosotros, los cocineros o los kinesiólogos también integran el grupo. Ahí están Juan y Víctor, por ejemplo, que siempre nos tiene todo listo en la cocina. Ellos son tan importantes como nosotros. Y yo he estado en otros lugares dónde algunos compañeros hasta maltrataban a los empleados.

Lucas Pratto en el predio de Punta del Este donde vive River en estos días.
Lucas Pratto en el predio de Punta del Este donde vive River en estos días. Fuente: Archivo - Crédito: Prensa River / Diego Haliasz

–¿Por qué subrayás tanto la convivencia?

–Porque no es normal que se arme un grupo de tan buena gente. No es nada normal, es la primera vez que me pasa en mi carrera. Por eso, cuando estábamos festejando en el Monumental dije que me había dado cuenta de que de River no me voy a ir más. Cumplí el objetivo deportivo más grande de mi carrera y todavía tengo tres años más de contrato. Siempre bromeo con los dirigentes y les digo que me van a tener que echar para que me vaya de River.

–Para estar en River, Gallardo impone límites. Te retó cuando chicaneaste a Boca marcando que ustedes tenían más carácter. Dijo que fue innecesario.

–Hay que hablar en la cancha. Yo me equivoqué, no tendría que haber dicho nada. Fue innecesario, como después dijo Marcelo. No es el estilo del club ni del plantel. Después de eliminar a Gremio, también se me escaparon algunas expresiones incorrectas. Hay que cuidarse mejor de las preguntas y del rebote que tienen las respuestas. Insisto, solo hay que hablar en la cancha, y nosotros lo hicimos en las dos finales con Boca.

–Prometiste 20/25 goles al llegar, pero hiciste 12 en 2018. ¿La diferencia se compensa por el peso de los dos que convertiste en las finales de la Copa o todavía le debés goles a River?

–A nivel goles, claro, siento que puedo dar más porque ya lo he demostrado en mi carrera. Ya no me obsesiono con el gol, pero siento que voy a dar más en los próximos meses. Después de las vacaciones, ya empezamos a enfocarnos en estos seis meses, en el primer semestre, donde más allá de la Recopa sudamericana, queremos dar pelea en la Superliga, remontar e intentar acercarnos a Racing para discutirle el título. Para eso será clave que sumemos muchos puntos al ponernos al día con los partidos que nos quedaron postergados. Yo no me conformo, ojo, ¿por qué no podemos volver a ganar la Libertadores este año?

–Perdieron jugadores en ataque. Se marchó el ‘Pity’ Martínez a los Estados Unidos y hace unos días llegó el sorpresivo retiro de Mora…

–El ‘Pity’ era clave, sin dudas. Es de esos jugadores como Juanfer, que te ponen de cara al gol en cualquier momento. Además, se fue un gran amigo, cómo no extrañarlo si nos hacía reír mucho a todos. Con Rodrigo es distinto, él era uno de los símbolos de esta era en River. Ganó todo. Me da mucha pena su retiro, él ha sido un luchador. Lo queremos mucho y sabe que puede venir a visitarnos cuando quiera.

–¿Te afectaron las críticas cuando los goles no llegaban?

–Las críticas, los rumores, te llegan, siempre te llegan. A través del periodismo, de la familia, de los amigos, por lo que dicen en la otra vereda, por donde sea, pero siempre te llegan. Y el que te dice que no, te miente. Me lo tomé con calma, con mis tiempos. Yo había terminado el año pasado con una lesión en el recto en San Pablo que no la atendí debidamente porque en un momento corrimos riesgo de descender y elegí seguir jugando. Ya en el segundo semestre en River arranque bien, pero tuve mis altibajos… y es normal que la gente y el medio se la agarre con el jugador por el que se pagó más plata. Eso no me molestó, lo entendí. No me volví loco y preferí no salir a contestarle a algún sector del periodismo ni a algún exjugador que se la agarró conmigo.

–¿Revancha, venganza…?

–No. No. Nada de eso. Hablaría muy mal de mí. Hice mi trabajo, no tengo que taparle la boca a nadie. Solo le tengo que demostrar a la gente de River mis condiciones, por eso pagaron por mí.

–Con la Conmebol sí te enojaste…

–… Sí, sí, porque creo que no supieron cómo manejarse. En el fútbol sudamericano hay violencia, lamentablemente, está instalada. De la Boca, nosotros nos fuimos con los vidrios rotos… No justifico nada, la agresión estuvo muy mal, pero la Conmebol nos castigó a nosotros. Nos merecíamos jugar la segunda final en nuestra cancha, nos habíamos ganado el derecho de definir la Copa en nuestra cancha por lo que habíamos hecho a lo largo de la Copa. Pero bueno, yo no tengo que hablar más de eso. La palabra la tiene la dirigencia. Ellos son los que le tienen que hacerle saber a la Conmebol, a la FIFA o a quien sea que deben cambiar, que se manejaron mal. Pagamos nosotros, nos castigaron a los jugadores y a miles de hinchas que no hicieron nada. Se equivocó la Conmebol.

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