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MANAOS, Brasil (De un enviado especial).- La imagen aérea cautiva, atrapa. Silencia a todos los pasajeros del Boeing 737, de una aerolínea brasileña. Hay norteamericanos -en su mayoría-, brasileños y algún que otro portugués. Pero nadie habla. "Apagar todos los equipos electrónicos, estamos por iniciar el aterrizaje", acaba de pedir la tripulación por los altoparlantes, aunque pocos responder a la orden. Celulares, cámaras fotográficas, tabletas. Cualquier medio es válido para capturar un paisaje que parece único.
Apenas muy pocas nubes toman lugar en la escena. Que no sea época de lluvias ayuda a tal claridad. Debajo, un colchón verde navega entre los cursos de una cuenca hidrográfica. Esporádicamente, alguna construcción aparece perdida en la selva. Los caminos, de tierra en su mayoría, escasean de vehículos. Y el fenómeno asoma: el río Negro y el Solimões, un tramo del Amazonas, comparten recorrido durante 18 kilómetros sin que sus aguas se mezclen, provocando un fuerte impacto visual. De un lado, es bien oscuro, más cercano al negro. Del otro, marrón, como predomina en esta zona. Allí, a la vera de este fenómeno natural, se levanta Manaos, la capital del estado y una de las 12 sedes del Mundial Brasil 2014.
canchallena.com visitó esta atractiva ciudad, que ya fue escenario de tres juegos de la Copa y que el próximo miércoles cerrará su participación con el encuentro entre Suiza y Honduras, por el Grupo E. ¿Por qué generó tanta discusión su elección? ¿Cómo es el fútbol en esta región? ¿Cuál será el futuro del moderno Arena Amazonia?

"La temperatura en Manaos: 30 grados", anuncian desde la aerolínea, minutos antes de aterrizar en la profundidad de la selva. Pero el primer impacto corporal es aún más atemorizante que el anticipo. ¡La humedad: 80%! Valor promedio por estos lares. La pesadez vence hasta a los locales. "Está muy quenchi", dice una trabajadora de la sala de prensa. "A veces, puede ser peor", la contradice un agente de la policía.
Las condiciones climáticas fueron unos de los primeros factores que se pusieron en discusión en esta sede. Manaos, como dice un refrán popular, "tiene dos estaciones: verano e invierno". Aunque, en realidad, los períodos se dividen entre lluviosas y no lluviosas. Siempre, con calor y mucho humedad. Digno de un clima ecuatorial.

Antes del sorteo, el entrenador de la eliminada selección de Inglaterra, Roy Hodgson, provocó la desaprobación del pueblo del Amazonas, al asegurar que era el "lugar que quería evitar". Pero el destino marcó que los ingleses debuten en esta sede (derrota 2-1) y el DT debió mandar una carta de disculpas al gobierno local. "Estamos muy contentos de visitar su ciudad como parte de nuestra experiencia en el Mundial. Sé que será un buen lugar para que nuestro equipo se aloje antes del partido de la fase de grupos contra Italia", escribió.
Ayer, en la zona mixta –el lugar donde hablan los protagonistas luego de los partidos-, los jugadores de Portugal, que empataron con Estados Unidos y quedaron al borde de la eliminación, se quejaron porque "el calor desfavorece a los equipos europeos". Sin embargo, y pese al pensamiento luso, la selección de Croacia había goleado días atrás a Camerún, quien partía como favorito en estas latitudes.

1913,70 kilómetros. Esa es la distancia que existe entre el equipo de primera división más cercano y Manaos, habitada por casi dos millones de personas. Se trata del Goiás, que ni siquiera está en el mismo estado. Esa falta de alta competencia fue otro de los cuestionamientos a la sede amazónica. Es que el fútbol de esta ciudad pasa por los torneos regionales y "algún que otro equipo en segunda o tercera división". Además, son furor los campeonatos de aficionados en canchas de tierra, en los que se puede destacar el de mujeres indígenas.
"La torcida aquí es muy grande, sigue mucho a los equipos que juegan a nivel nacional y a los que lo hacen en la liga local. El problema es que el nivel del fútbol está muy lejos de la pasión que despierta en el público", explica una empleada del Gobierno de Amazonas.
El estadio Vivaldão, que fue inaugurado con un encuentro de la selección de Brasil antes de México 1970 -donde consiguió su tercera Copa del Mundo-, fue demolido para dejarle el lugar al Arena da Amazonia, que fue levantado especialmente para el Mundial. En su construcción, según fuentes oficiales, se gastaron 594 millones de reales (alrededor de 300 millones de dólares), aunque el gobierno local asegura sólo haber colaborado con 89 millones. "En general, la gente de Manaos apoya la realización de la Copa, pero está preocupada por los gastos que se hicieron", agrega la joven, que prefiere no brindar su nombre.

El futuro del moderno y coqueto estadio de Manaos también es un interrogante. Existe el temor de que se convierta en un enorme Elefante Blanco. Por eso, en una idea un tanto particular, un juez local propuso que, una vez finalizada la Copa, se transforme en una cárcel. Pero el proyecto fue descartado. Ahora, y con la intención de varios equipos locales de jugar allí, el Gobierno está realizando una investigación para encontrar la manera de sacarle rédito económico. El eje pasa por definir si será el Estado el que lo administre o si lo hará una empresa privada.
Es hora de tomar el vuelo de regreso. El sol ya no se deja ver, pero el clima ecuatorial no cede. La ciudad parece dormida y, sobre el aire, el paisaje no ofrece más que una mancha oscura. El Amazonas descansa porque mañana: debe volver a deslumbrar.
