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El primer mensaje de texto fue de Fideo Di María. Enseguida entró el segundo, del Pocho Lavezzi. Dos auténticos canallas que ofrecían su corazón. La balacera sobre la casa de la abuela Beatriz primero paralizó. Luego, indignó. Y todavía asusta, claro, porque meses atrás habían sido pintadas y nadie sabe hasta dónde puede llegar la escalada. Las llamadas solidarias desde todo el mundo siguieron entrando en su celular durante días. Desde entonces, Maximiliano Rodríguez escucha una y otra vez la misma pregunta: ¿qué hacés acá? "A ver... Hasta me lo dicen amigos que son de Newell’s. ¿La verdad? No lo sé. Es difícil de explicar el sentimiento que me une con el club. Me tocó vivir momentos muy feos y llegué a plantearme irme a jugar a cualquier lado… Este club es difícil de entender: cada uno busca su beneficio. Esto ya se lo dije al presidente en la cara, nadie me puede reprochar nada. Si vamos a buscar el beneficio para cada uno, estamos muertos. En Newell’s, por ejemplo, el área de marketing está peleada con el área de socios... ¡Si esto es Newell’s, cómo van a estar peleados los que están ahí adentro! No buscan el crecimiento del club, sino el beneficio personal. Yo, que volví a jugar por la camiseta, veo cómo unos y otros se pelean por dos pesos. Y cuando vos decís las cosas, hay gente a la que no le gusta escucharlas y aparecen las pintadas, que a veces vienen del mismo club. Y eso es lo más grave." Casi no toma aire el símbolo rojinegro, las palabras se atropellan. Destila impotencia.
Las investigaciones policiales por las intimidaciones en julio y en septiembre del año pasado nunca avanzaron. La familia Rodríguez tampoco tenía demasiadas expectativas. El ex volante de Atlético de Madrid y Liverpool apunta al frente interno: "También hay celos en Newell’s: en el club hubo un antes y un después de las llegadas de Maxi Rodríguez y Gabriel Heinze. A muchos les molestó que llegáramos y Newell’s saliera campeón. Personas que estuvieron antes y no lo pudieron conseguir. El club se hizo mucho más conocido y popular con las vueltas de Gabriel Heinze y Maxi Rodríguez, los logros tuvieron más rebote internacional, y eso despertó celos en otros".
-¿Como referente del club no podés hacer nada si, como decís, el enemigo es interno?
–Ya se lo dije a los dirigentes, pero quizá no quieran tomar decisiones porque hay que tocar a sus amigos...
-¿Te asusta la situación?
–Sí. Me da un poquito de miedo. Perdés un partido y te putean; ¡no lo voy a entender nunca! Yo acá vine a ganar, ¿quién quiere perder? ¡Nadie! ¿Tengo que explicarle a cada uno que yo vine y todavía me quiero quedar, porque sueño con volver a salir campeón? Hoy digo que me quiero retirar con esta camiseta, y a lo mejor después me termino cansando y me quiero ir... o no. Ojalá el tiempo que me quede como futbolista sea en Newell’s.
-¿No descartás irte entonces…?
—...
-¿Y si ocurre de nuevo? Ya sucedió dos veces antes de los clásicos, y el 14 de febrero será el clásico en Arroyito...
–Ojalá que no pase nada... todo tiene un límite... Es que yo ya me tendría que haber ido a la mierda. Quieren hacer ruido en el club y lo feo es cuando viene de casa. Te tenés que andar fijando en todos, porque hay gente en el club que no es hincha de Newell’s. Están trabajando ahí adentro y son los que te critican. En mi caso, lo más fácil, después de salir campeón, era irme otra vez a jugar afuera. Que se dude de los que volvimos es una falta de respeto.
Me quisieron poner custodia… Hubo en la casa de mi abuela, ella no quería y yo tampoco. Si yo no maté a nadie, no robé, no hice nada... ¿Por qué tengo que estar con custodia? ¿Porque hay muchos tarados dando vueltas?
-¿Tomás medidas adicionales de protección?
–No. Me quisieron poner custodia… Hubo en la casa de mi abuela, ella no quería y yo tampoco. Si yo no maté a nadie, no robé, no hice nada... ¿Por qué tengo que estar con custodia? ¿Porque hay muchos tarados dando vueltas? Se tomaron medidas... pero salir de tu casa y encontrarte con un patrullero te aseguro que no es lindo.
-¿Cambiaste alguna rutina?
–No, no... Bueno, a mí me cuesta ir a un parque en Rosario... mis nenas ya son grandes y se empiezan a fastidiar. Me encantaría estar tirado en un parque jugando con ellas, pero entiendo que no lo puedo hacer porque hoy las circunstancias me ponen en un lugar distinto. Me quedo en casa, o voy a lo de un amigo..., alguna vez salgo a cenar. Bueno, trato de estar más resguardado.
-Jugaste Barcelona-Espanyol, Aleti-Real Madrid, Liverpool-Everton y Liverpool vs. Manchester United… ¿cómo explicás lo que ocurre con el clásico rosarino?
–Se fue todo de las manos. El folclore de esta ciudad era maravilloso, pero acá ya se cruzaron todos los límites. Este partido es maravilloso, como el River-Boca, pero los hinchas de River y de Boca ya se acostumbraron a vivir el partido siempre, entonces se pueden hacer hasta los clásicos de verano. Acá, prácticamente no se puede jugar ni el partido oficial... Todo se fue potenciando, la prensa tampoco ayudó, las redes sociales disparan rumores todo el tiempo... Pueden decir "Maxi Rodríguez no tiene ganas de entrenar" y repetirlo mil veces. El tipo que lo escucha ya va mal dispuesto a la cancha. Después, el domingo Newell’s pierde y el hincha sentencia: Maxi Rodríguez está de joda. Porque convengamos otra cosa: el hincha está confundido, se cree que las alegrías se las tiene que dar el jugador de fútbol, y no es así; las alegrías se la debe dar el país, el Gobierno.
-Cuando sale el fixture, ¿buscás la fecha del clásico con ilusión o con preocupación?
–Cuando ves la fecha del clásico ya sabés que esa semana vas a tener que tomar otros recaudos, especialmente por la familia. Pero acá todo el mundo espera jugar el clásico. Los protagonistas tenemos una responsabilidad: desdramatizarlo. Yo quiero jugar el clásico, ganarlo y que sea un buen espectáculo. Sabemos que estamos en falta, yo más que nadie lo quiero ganar porque desde que volví no pude ganar ninguno. Yo quiero ganarlo más que algunos que están dentro de Newell’s. Cuando ocurrieron los episodios en la casa de mi abuela estuvo bueno que jugadores del equipo rival hablaran públicamente porque ayudaron a bajar los decibeles.
-Creciste como futbolista en el exterior. ¿Cómo evaluás todo lo que rodea al fútbol argentino
–Me choca la realidad. Allá llegábamos de la pretemporada y en nuestro locker teníamos el programa de todo el semestre. Acá no sabés qué día te entrenás a la mañana y cuándo a la tarde porque te cambian sobre la marcha la programación de un partido. Entonces, cuando vos querés trasladar algo de aquello, te miran como si les hablaras en chino. A veces parece que nos gusta nadar en los quilombos. Si te organizás, ahorrás trabajo y energía. Me sigo preguntando cómo puede ser que el fútbol argentino sea tan desprolijo.
-¿El fútbol refleja a la sociedad?
–Sí, porque no sólo pasa en lo deportivo, nos pasa como sociedad. Lo veo en el día a día. Con la inseguridad en las calles, con los cortes de luz... La gente se resigna... ¡No! ¿Por qué hay que aceptar que se corte la luz? No es normal, hay que exigir que todo esté bien. Si vos pagás lo que tenés que pagar. Veo a la gente conformista y eso no me gusta. A los chicos les digo siempre que deben ir por más: si hicieron un gol, en la próxima tienen que hacer dos. Si leyeron un libro, ahora tienen que empezar con otro. Siempre más. Si te superás vos, se lo contagiás a los demás.
-¿Tenés expectativas de otra AFA atada a un recambio generacional?
–Ojalá. ¿Me lo preguntás por Tinelli, por ejemplo? Son personas que a lo mejor pueden marcar un cambio. Veo difícil que cambie todo de un día para el otro, pero de a poco se debe ir mejorando el fútbol argentino. No nos tenemos que acostumbrar a lo malo. Siempre hay que protestar para que las cosas mejoren. Quizá se deba a que los que conducen no tuvieron la suerte de ver otras realidades, no conocen lugares donde las cosas se hacen bien.
-¿Creés que ya no vas a jugar en la selección argentina?
-Es duro... no tuve oportunidades en esta etapa... Hoy ya lo tengo un poquito más superado... Me hubiese gustado que el Tata me llamara y me dijera: "Mirá Maxi, no vas a estar en la Copa América". Lo podía entender, pero nunca recibí esa llamada y fue lo que más me molestó de él. A veces tengo la ilusión de ir una vez más y hacer un último partido, pero creo que ya está, yo mismo cerré la persiana. Pero estoy tranquilo, mi despedida fue en el Mundial de Brasil.
-¿Pensás en el retiro?
-Voy a jugar hasta que me sienta bien y le sea útil al equipo. Si fuese por mí, con la camiseta de Newell's seguiría hasta los 60 años. Pero no me pongo una fecha. Me siento bien físicamente y me divierto en los entrenamientos. A veces espío el futuro y lo corro, lo quiero alejar. Trato de no pensar en eso.
-¿Entonces no tenés ni idea de que harás después?
-No. Seguramente me tomaré seis meses o un año para dedicárselo exclusivamente a la familia. ¿Después? Me veo ligado a Newell's, pero dependerá de los dirigentes. Me gustaría estar con los más chicos. Hoy hay que marcar una línea ahí: enseñarles y educarlos dentro y fuera de la cancha. Ahora muchos chicos llegan a primera división sin conocer los movimientos ni parar una pelota.
-¿Y por qué ocurre? ¿No están capacitados los entrenadores de las inferiores?
-Puede ser... O a lo mejor se les exige que saquen resultados en vez de formarlos. Newell's siempre se distinguió por promover juveniles y hay que volver a buscar eso. Por año, a lo mejor, meter dos juveniles en la primera división. Pero que no tarden un año en agarrar todo el proceso de primera, que no les cueste adaptarse. En primera no tenés tiempo para enseñarles, porque no es el lugar para que aprendan. Me gustaría trabajar en esa dirección.
Desde el título a mediados de 2013, Newell’s no abandona una ruta sinuosa. Como si no terminase de elaborar la partida de Martino. Para Maxi Rodríguez hay una razón: "Fue un error de los dirigentes y de los cuerpos técnicos que pasaron a seguir un sistema cuando ya no estaban los jugadores. Les dije muchas veces a los dirigentes y a los técnicos que había que cambiar porque no teníamos a los jugadores indicados. Y cuando vino Martino, él no impuso esa idea; estaban los jugadores adecuados, salían charlas con él y muchas veces éramos nosotros los que les decíamos los trabajos al Tata. Él tenía una forma de trabajar que era muy buena y se fue dando entre todos. Después, cuando lo querés forzar, caés en el error.
-¿ El plantel a Gallego?
-Fue una etapa fea... Sabemos que un plantel puede voltear al técnico, pero eso no pasó en Newell’s. Al Tolo lo quiero. Al Tolo lo traen porque la gente lo pide y después fue raro: con el Tolo no se jugaba bien, pero a veces se ganaba, y creo que Lucas sacó peores resultados que el Tolo... El dirigente, que es el que toma las decisiones, tiene que pensar bien y no dejarse llevar por lo que le piden. Muchos dirigentes actúan como hinchas. El Tolo tiene sus formas, pero nunca tuvimos un problema con él.
-¿ Es más difícil para ustedes o para Bernardi que los dirija un ex compañero?
-Las dos cosas. Uno lo conoció como jugador y ahora él toma las decisiones. Vos de jugador hacés muchas cosas… le conocés todo. Puede ser chocante. Las decisiones las toma siempre el entrenador, y si no las querés aceptar, te tenés que ir. Yo soy un jugador grande que no quiere que le den vueltas y puede haber roces. Una vez me sacó y le dije que no estaba de acuerdo. Es normal que la relación se vaya distanciando, pero nunca voy a generar peleas por el bien del equipo. A mí, a Maxi Rodríguez, se me haría difícil terminar de jugar y al año estar dirigiendo a mis compañeros. Porque estaría rompiendo relaciones. Prefiero tener una amistad de por vida y no cagarla.

