Maximiliano Romero, el goleador del Sub 20 que es papá y busca su destino en Holanda

Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia
Alberto Cantore
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31 de enero de 2019  • 23:52

RANCAGUA, Chile.- El búnker argentino en Machalí, en las afueras de la ciudad, se llena de familiares. Jornada de visita, de puertas abiertas para los afectos. Los Lo Celso copan, por cantidad, el lobby del pequeño y tranquilo hotel Piedra Verde para compartir el momento con Francesco; papá Juan Alberto y su pareja Valeria charlan con Santiago Sosa, a la sombra de un pequeño castaño; los Roffo juntan un par de mesas y meriendan con Manuel… En un lateral del deck, en la zona de la piscina, asoma Maximiliano Romero . El goleador no se despega de Tahiel Benjamín, el pequeño hijo de 10 meses, mientras su esposa Florencia observa cada acto de la escena. "No me gusta pasar mucho tiempo separado, es muy difícil. Ya lo pasé y no lo quiero repetir. Por eso le dije que vinieran: viajaron con mis padres, que ahora regresaron a Buenos Aires pero que volverán para los partidos con Brasil y Uruguay, y también con Christian Cemborian, un amigo que trabaja con Roly Zárate.

Pasó el tropiezo del debut con Ecuador y hoy, desde las 17.30, la Argentina tendrá el desafío de recomponer la imagen frente a Colombia, que en la jornada inaugural del hexagonal final del campeonato Sudamericano Sub 20 , clasificatorio para el Mundial de Polonia y los Juegos Panamericanos de Lima, igualó sin goles con Brasil. En un torneo donde no abundan los goles, Romero anotó dos de los cuatro que festejó la selección en cinco juegos, aunque las estadísticas personales no lo conforman. "El grupo está unido y sabemos qué es lo que queremos. Estamos más vivos que nunca. Debemos corregir, porque siempre hay que ajustar detalles, pero tenemos la fuerza para remontar con Colombia. Lo hicimos después de perder con Ecuador en Talca y lo tenemos que repetir ahora", señala el delantero de PSV, de Holanda.

-¿Qué preocupó más de la derrota con Ecuador: el juego, no sostener el resultado…?

-El juego que tuvo el equipo. Perder duele, pero si no generamos situaciones de gol y no tenemos el volumen de juego de los primeros partidos eso es más preocupante. Venimos trabajando de una manera, en la que tenemos que ser los dominadores teniendo el balón y en varios pasajes no nos ajustamos a lo que entrenamos y así equivocamos el camino. Eso es malo para el equipo.

-¿Los resultados positivos con una propuesta de menos control los llevó a cambiar?

-Los primeros partidos tuvimos la pelota y no ganamos, pero con Uruguay también, aunque muchas veces el planteo del rival no deja ver que fue tan así. Con Uruguay hicimos un buen partido, no muy táctico, pero sí con mucho corazón, porque ellos a veces empujan a ese juego, de meter y correr. Nos plantamos con personalidad, tranquilidad. Con Ecuador jugamos dos partidos y de dos maneras diferentes: con control y después siendo más verticales, aunque intentando respetar la posesión.

Maxi Romero, en acción durante el Sudamericano
Maxi Romero, en acción durante el Sudamericano Fuente: FotoBAIRES - Crédito: Osvaldo Villarroel

-Uruguay fue un examen de temple, porque un mal resultado complicaba la clasificación, ¿la situación que se presenta con Colombia es parecida?

-Tuvimos la inteligencia y la fuerza para reponernos en un escenario adverso, pero para eso fue importante no apartarnos de lo que venimos ensayando con el Bocha [Fernando Batista, el entrenador]: el equipo tiene una idea, faltó un poco más de tiempo para desarrollarla. No es una excusa, pero no tenemos el mismo tiempo de trabajo que muchas otras selecciones.

-¿Qué selecciones te sorprendieron?

-Venezuela y Ecuador. Pero llevan más de un año juntos, mientras que nosotros tuvimos un mes. Volvemos a lo de antes: el tiempo de trabajo ayuda a mecanizar movimientos, al entendimiento dentro de la cancha. El técnico ya ensayó las variantes durante un año para este campeonato, esa es una ventaja. En la actualidad es muy difícil competir con una desventaja de un año de preparación. Si nosotros tuviéramos con el Bocha ese tiempo, estoy seguro que rendiríamos mucho más de lo que lo venimos haciendo.

-Sos delantero y goleador, pero el campeonato tiene un bajo promedio de festejos. ¿Qué factor pesa para que se vean poco goles?

-Es un campeonato de mucha pelea, tensión, mucha guerra…Nadie te da ventaja, no hay selecciones fáciles y hay rivales que emparejan desde lo físico. Nosotros intentamos jugar con la pelota, nos equivocamos muchas veces, pero queremos proponer. Venezuela es ejemplo de un trabajo de largo plazo y Ecuador es de una evolución más reciente, con jugadores fuertes desde el aspecto físico y que ajustados a una táctica hicieron una diferencia en el grupo y ahora se sostienen. Jugando con la pelota nosotros podemos marcar la diferencia.

La vida en Holanda a los 18 años

Con 18 años, Romero se convirtió en una pieza codiciada para los equipos europeos. De las divisiones inferiores de Vélez, a donde llegó a la edad de 6; el debut con gol en la Reserva apenas cumplido 15 años y la convocatoria de Miguel Ángel Russo para sumarse al plantel profesional en 2017 provocó que PSV, de Holanda, desembolsara 10,5 millones de euros por el 90% del pase. "Como le pasa a todos, los primeros meses fueron duros. Viajé solo a Orlando (Estados Unidos), donde hicimos la pretemporada, y después ya en Holanda se unieron mi esposa y mi hijo. Ahora ya estamos adaptados, aunque hay cosas que se extrañan como un asado. Si me preguntás de comida holandesa, lo que más me gusta es el bitterballen, una especie de albóndiga rellena, muy sabrosa", dice con una sonrisa quien luce trencitas, un poco por su afición al rap.

-¿Cuánto te cambió el juego el fútbol de Holanda?

-Mucho. Tengo a [Mark] Van Bommel como entrenador, que tiene otro estilo que el que jugamos en la selección. Entonces, me tengo que acoplar a diferentes situaciones, aunque eso es bueno y me permite crecer, tener más conocimiento de movimientos, de tácticas... Hay técnicos que piden que el delantero corra al defensor, otro que te pide que solo juegues y definas, pero uno se tiene que adaptar a todos los estilos. No es fácil cambiar el chip a las diferentes estrategias y en poco tiempo, el jugador necesita una adaptación, acostumbrarse al sistema.

-¿Qué jugador de la liga holandesa te sorprendió?

-El mexicano Hirving Lozano y el uruguayo Gastón Pereiro, que tienen 23 años y ya son futbolistas de selección mayor. Uno es extremo y el otro un creativo, pero los dos tienen una clase enorme y tengo la suerte de tenerlos de compañeros y aprender de ellos.

-¿Mirás a algún delantero en particular?

-Radamel Falcao, siempre que me preguntaron lo elegí a él por sus movimientos, la forma de definir, la técnica, el carácter para enfrentar a los defensores. Es un delantero completo, un goleador y también un armador de juego.

-Tuviste convocatorias, pero nunca jugaste un torneo para la selección: ¿esperabas el llamado?

-Lo vivo mucho, disfruto y mucho cada minuto que paso con esta camiseta. Es única, ya sea Sub 20 o Sub 15, porque es lo que vos representás, el sueño de todos los que jugamos al fútbol. Son los colores de donde nací, de donde me crié, es un orgullo y a la vez es un logro individual jugar en la selección. Y después querés más, porque ¿quién no quiere jugar en la Mayor?

-¿La Sub 20 sigue siendo una categoría formativa?

-Sí, nosotros estamos aprendiendo y creciendo futbolísticamente. En un torneo Sudamericano mucho más, porque excepto que sea una tanda de jugadores que vienen jugando juntos desde hace varios años, siempre hay que acomodar conceptos, conocer a los nuevos compañeros…. En un Mundial me parece que es diferente, porque se llega con más rodaje. Además, te formas para jugar en la Mayor. Si en un club hay desde infantiles a primera, acá tenemos desde la Sub 15 a la Mayor.

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