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El 2 de abril de 2007, cuando le pidieron que tomase el control del equipo porque la situación de Néstor Ferraresi era insostenible, no imaginó todo lo que el destino tenía reservado para él. José Santos Romero, de 59 años, Pepe para los amigos, el hombre de la casa, formado en Floresta, jugador del club, siempre estaba listo cuando el equipo profesional se encontraba en problemas. Se subió a ese sueño del que aún dice no haberse despertado. Cumplió con todos los pasos obligatorios en el club: logró el ascenso de la B Metropolitana a la B Nacional en 2008 –conquista que había alcanzado en el 72 como jugador del club–, en 2010 lo puso en la elite del fútbol local, es la revelación del Apertura y se dio el gusto de festejar ante Boca, River, Estudiantes e Independiente. “Es demasiado en muy poco tiempo. Después de haber pasado por tantas cosas malas... La verdad es que todas esas cosas te ayudan para no confundirte. De eso no hay que olvidarse nunca”, dice con una sonrisa tímida.
Y sabe bien Romero lo que tuvo que luchar para llegar hasta este lugar de privilegio. No eran tiempos fáciles aquellos, nada tenía que ver con lo que ahora se vive en All Boys; en realidad, desde el desembarco de Horacio Bugallo como presidente. “Yo viví todo acá. En una época nos entrenábamos en Martín Coronado (en la B Metropolitana), no podíamos venir a la cancha. A Solchaga le cortaron las cubiertas del auto, otros jugadores rescindieron el contrato y no querían venir más. Había mucha violencia y mucha política, como en todo club. Y cuando las cosas vienen mal… No se podía salir del vestuario y eso que yo como DT tuve la suerte de ser del club. Uno piensa que eso no se va a repetir. Es que estamos en un momento que creo que es ideal y hace dos años y medio que esto es casi perfecto. Uno trata de disfrutarlo.”
–¿Podés disfrutar?
–Disfruto cuando mi equipo juega bien al fútbol.
–¿Hay mucha complicidad entre vos y los jugadores?
–Hay mucha química. Uno siempre se manejó con respeto y dentro de ese contexto también está la broma, el chiste. Nos conocemos todos. Eso provoca que se genere una especie de amistad.
–¿Haber sostenido a los muchachos del ascenso es la clave?
–Siempre estuve convencido de que el equipo que tengo podía jugar en primera. Porque en la B, hacíamos partidos amistosos con equipos como Quilmes, River y Vélez. Y cuando jugábamos esos partidos veía que no había tanta diferencia. Más allá del resultado, el nivel de juego era parejo.
–No muchos esperaban esta campaña de All Boys y hasta impresiona la actitud con la que les han ganado a los equipos grandes…
–Del rival hablamos lo necesario. Les pido que confíen en ellos mismos, no pensar tanto en quién está enfrente. Jugamos con Boca o con River, somos once contra once. No tenemos que asustarnos si está Buonanotte, Pavone o Palermo enfrente.
–En la B Nacional se puso en duda tu trabajo y ahora todos te aman. ¿Qué te pasa con eso?
–La única vez que tuve problemas con ese tema fue en medio de una racha de cinco partidos sin ganar, y yo pensé en irme, por no perjudicar al club. Porque el presidente insistía en que me tenía que quedar, pero yo no veía mucha salida. Pero se hizo un quiebre en la cabeza de todos y comenzaron a salir las cosas y todo resultó bien.
–A nivel personal, ¿planificabas llegar a dirigir en primera?
–La verdad que no. Jamás lo pensé. Siempre fui muy medido y sobre todo en este club, al que muchas veces dirigí en primera y después bajé a inferiores. Se fueron dando las cosas. Se consiguieron dos ascensos y al hincha le gusta cómo juega el equipo. Son sensaciones placenteras.
–¿Sentís que juegan bien?
–El equipo tiene una identidad. El jugador sabe lo que quiere. Trata de mantener una línea. Sabemos lo que queremos hacer en la cancha. El esfuerzo que hace el equipo es enorme. Nos ven correr a nosotros y parece que corremos más que los rivales. Eso también es un logro de todos. Eso se logra con compañerismo, amistad y con metas concretas.
–Cuando llegás a tu casa y salís un poco de lo rutinario, ¿te ponés a pensar todo lo que te está pasando?
–Soy un tipo muy sencillo. Creo que soy porteño, pero con la humildad del tipo de campo. Tomo las cosas con mucha normalidad. Estoy muy identificado con eso de ser un tipo de un club de barrio y creo que eso no lo voy a cambiar. Todo esto de los logros me gusta, pero lo trato de tomar con calma.
–¿Te permitís soñar más que antes?
Sabemos que tenemos que quedarnos en primera. Pero es verdad que uno siempre quiere más. Me gustaría que All Boys pudiera jugar una Copa. Ver a All Boys en ese lugar sería buenísimo. Sería la meta de uno. Pero a nivel personal, algún día poder ser entrenador de un club grande, pensar en Europa.
–Te emocionás con esas cosas…
–Y sí, porque uno piensa en todo lo que pasamos y es muy complicado. Y cuando hablamos de estas cosas y pienso en todo, me emociono. Y… no sé. Pienso las cosas buenas que nos pasaron en todo este tiempo. No siempre se puede disfrutar demasiado.
Para el choque del sábado con Quilmes, el entrenador José Romero aún no definió el equipo y lo haría tras la práctica de hoy, ya que Juan Pablo Rodríguez padece un traumatismo en el peroné derecho, Sebastián Ereros tiene molestias en el cuádriceps derecho, y Lucas Rimoldi, dolores en las plantas de ambos pies.




