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"Dígame Dunga, ¿cuándo comenzó a interesarse usted por el fútbol?", pregunta el periodista. Y Dunga responde: "Desde que Blancanieves se fue con el Príncipe". El chiste reapareció en Brasil ahora que Dunga corre riesgo de despido si pierde ante la Argentina. Nadie conoce a Dunga por su nombre verdadero, Carlos Caetano Bledorn Verri. El apodo se lo ganó desde pequeño, por su parecido con Dunga, como se llama en Brasil a Dopey, el nombre inglés de uno de los siete enanitos de Blancanieves. Los otros seis son el experimentado Doc (Mestre en portugués), el tímido Bashful (Dengoso), el gruñón Grumpy (Zangado), el dormilón Sleepy (Soneca), el contento Happy (Feliz) y el que estornuda Sneezy (Atchim). Dopey, atontado, lelo, según la traducción al español, es muy tímido y de orejas grandes, como era Dunga de pequeño.
Dunga también significa "hombre valiente" en portugués. Y así lo fue Dunga, duro capitán de la selección brasileña que ganó el Mundial de EE.UU. ´94. Pero todos saben que su apodo, en realidad, obedece al enanito de Blancanieves. Cuando en 2006 cumplió 43 años, Rede Globo lo homenajeó enviando a la concentración de la selección brasileña a actores que representaban a los otros seis enanitos y a Blancanieves. En septiembre pasado, en plena conferencia de prensa, un programa irónico de la TV hizo una burla sobre los enanitos y Dunga abandonó la sala enojado. Cuando en diciembre se anunció que había sido elegido mejor DT del fútbol mundial de 2007, uno de sus críticos se burló afirmando que "ni siquiera Blancanieves" podía creer que la noticia fuera cierta. Y ahora que Brasil viene de perder ante Venezuela y Paraguay sobran las bromas que le piden a Dunga que vuelva para Hollywood, que Blancanieves lo está esperando. Los brasileños han llamado hasta a presidentes por sus nombres. Le ocurrió a Tancredo (Neves) y a Fernando Henrique (Cardoso). Y al actual, Luiz Inácio Lula Da Silva todos lo conocen directamente como Lula (Calamar), el apodo que él agregó oficialmente a su nombre.
Algunos estudiosos lo atribuyen a una dulzura típica en una cierta cultura brasileña, especialmente del norte del país. El fútbol lo reflejó como ningún otro escenario. El nombre de fantasía le ganó al nombre real. Ya en el primer Mundial de 1930, estaban Brilhante, Nariz, Russinho y Preguinho. La costumbre brasileña de darles apodos a sus futbolistas ganó definitiva fama mundial cuando Brasil conquistó las Copas de Suecia ´58 y Chile ´62 de la mano de sus dos cracks históricos: Pelé y Garrincha. Edson Arantes do Nascimento es Pelé porque de niño jugaba haciendo que era Bilé, arquero del equipo São Lourenço, de Minas Gerais, donde actuaba su padre. Y Manoel dos Santos porque garrincha se llamaban los pájaros que él cazaba en Pau Grande. Tenían apodos nueve de los 22 jugadores del 58, entre los cuales estaban Didí y Dida.
Una crónica del diario sueco Aftonbladet lo tomó a broma. "Brasil -ironizaba el diario- forma con Dudú al arco, Dada y Dadú de zagueros, Dodó, Dudi y Duda en el medio y Didí, Dida, Dadi, Deda y Dadé en el ataque." Fue más fácil reconocer al joven de 17 años que en ese Mundial comenzaba a asombrar al mundo. Pelle (con doble l) es un nombre muy común en Suecia. Eso sí, lo llamaban "svarta Pelle" (el Pelle negro).
En los ´60, preocupado por la falta de nuevos éxitos, el periodista radial Edson Leite pidió acabar con los apodos, a los que acusó de infantiles y humillantes e, inclusive, una rémora de la esclavitud. ¿Qué equipo puede ser tomado en serio con apodos como Picolé, Ventilador, Solteiro, Fumanchu, Gordo, Astronauta y Santo Cristo? Al lado de esa formación que parecía salir de un jardín de infantes, Brasil enfrentaba a rivales con nombres tan "pomposos" como Antonio Rattin, Ermindo Onega o Franz Beckenbauer, graficó el periodista Alex Bellos, en el maravilloso libro Futebol, O Brasil en campo.
Pero Brasil volvió a reinar en México ´70. Y Pelé, además de Pelé, pasó a ser O Rei. El periodista Leite abandonó su campaña. Por otra parte, corría el riesgo de que le ocurriera lo del dirigente de Botafogo que en los ´90, intuyendo que Dimba pintaba para crack, le dijo que debía cambiarse "ese apodo ridículo" por su nombre verdadero. "¿Usted cómo se llama?", preguntó el dirigente. "Editacio", respondió el jugador. "Entonces, mejor que sigas con Dimba", se resignó el dirigente. Filó, el primer crack brasileño trasferido a Europa (en 1931 a Lazio) también prefirió el apodo al nombre real (Amphiloquio), lo mismo que el célebre lateral Junior, de los ´80, que se llama Leovegildo. Bismarck, el volante que fue con Dunga al Mundial de Italia ´90, debe ese nombre, que no es un apodo, a la admiración de su padre por Otto Eduard Leopold von Bismarck, artífice de la unificación alemana en el siglo XIX. Uno prusiano, otro mulato.
Menos aún se parece Allann Delon, un mulato de pelo mota y nariz de boxeador que juega en el Ceará, al actor francés al que amaban sus padres. El funcionario, eso sí, equivocó algunas letras. Peor fue el caso del lateral de la selección actual, Maicom (Douglas), que pretendió ser Michael Douglas. Un Caniggia jugó para el Río Branco, un Maradona para el Ferroviario y hasta un Gardel actuó en los ´80 en el Internacional de Porto Alegre. Un fanático homenajeó al Brasil de México ´70 poniéndole a su hijo la primera sílaba de los cracks Tostao, Pelé, Rivelino, Carlos Alberto, Gerson y Jairzinho. El nene se llamó Tospericagerja. Mejor volver a los apodos. A los de una sílaba (Max, Ruy, Dao, Nem, Nil, Gil, Tim, Peu, Jo). Al club de los Zé (Zé Roberto, Zé Elías, Zé Teodoro, Zé Carlos, Zé Sergio). Al de los gastronómicos (Macarrao, Batata, Jefferson Feijao, Triguinho, Bife, Roberto Batata, Alfredo Mustarda).
Y a los que debieron crecer o achicarse para evitar confusiones. Por ejemplo: cuando el hoy Ronaldo apareció en la selección con apenas 17 años era Ronaldinho. Creció a Ronaldo cuando surgió el que hoy conocemos como Ronaldinho. Y un tercer Ronaldo que también jugaba entonces en la selección fue agrandado a Ronaldao (hay muchos Luisao y Luisinho que pasaron por lo mismo). El Ronaldinho actual también comenzó siendo Gaúcho, como se llama a los de Porto Alegre. La geografía sirvió para diferenciar a Juninho Paulista de Juninho Pernambucano, entre otros. El nuevo crack Alexandre Pato debe el Pato a su ciudad natal (Pato Branco, en Paraná). Los agregados tienen también otros motivos: el delantero Vagner (Silva de Souza) pasó a ser Vagner Love cuando en 2003 fue sorprendido con una joven en plena concentración del Palmeiras y se hizo fama de "latin lover". ¿Y el feúcho Vampeta? Su apodo viene de "vampiro" con "capeta" (Capeta llaman al diablo en algunas partes de Brasil). Kaká, el último gran crack, debe su apodo, según cuentan, a que de niño, un hermano tenía cierta dificultad para pronunciar su nombre real (Ricardo).
El uso del apodo en el fútbol de Brasil -cariñoso y lúdico- resiste al tiempo. En la Argentina, se sabe, todo es más formal, aunque también muchos hinchas suelen llamar a sus ídolos por apodos o nombres de pila. El más emblemático fue aquel que había decidido bautizar como Diego Armando a su primer hijo. Fue nena. Le puso Mara Dona.


