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Miguel Angel Mori, triple campeón de América, primero con Independiente, en 1964 y 1965 y después con Racing, en el 66 con el equipo de José , falleció ayer en esta ciudad, a los 65 años, como consecuencia de un paro cardíaco. Sus restos fueron velados en Baradero, su ciudad natal, en el Concejo Deliberante, ubicado en San Martín 970, y hoy, a las 10, recibirán sepultura en un cementerio privado de esa localidad.
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"La verdad es que Miguel [por Mori] era un tipo bien de campo. Con mucha simpleza, pero que a su vez se prendía siempre en las bromas y nunca te iba a dejar de dar una mano. Una persona de bien." Las palabras de Humberto Maschio, compañero dentro y fuera de la cancha de Mori en el proceso más glorioso de la Academia en el 66, reflejaron a la perfección lo que transmitía este hombre, que tuvo el privilegio de entrar en la historia grande de Racing e Independiente.
Mori había nacido en 1943 y desde muy pequeño jugaba en Sportivo Baradero. Allí fue donde lo descubrieron, a principios de los 60, un grupo de dirigentes vinculados con los Rojos, que lo llevaron a Avellaneda. Era repartidor de una panadería de la localidad situada a 155 kilómetros de la Capital Federal y distribuía su tiempo entra la pelota y el trabajo.
Su carrera quedó marcada por su paso por la Academia, pero Mori llegó al club desde Independiente, a cambio de José Omar Pastoriza, y en los Rojos también marcó su sello. Cuando desembarcó en Racing, con apenas 23 años, este volante central ya tenía varias consagraciones y varios años como profesional, ya que debutó a los 17 años. A los 21 años ganó la primera Copa Libertadores como jugador de Independiente, y a los 22 jugó 50 minutos de la final de la segunda Copa. "No quería pasar de Independiente a Racing, pero después me enamoré de la Academia", había dicho Mori en una entrevista a un medio de su ciudad. Y a los 23, en el 66, alcanzó lo que ningún otro futbolista tan joven había logrado: ganar tres Copas Libertadores consecutivas, pero en distintos clubes. "Viví a mil por hora esos títulos en tan poco tiempo", recordaba en aquella nota.
No fue fácil para Mori la adaptación a Racing; incluso, estuvo varios partidos fuera del equipo titular de José Pizzuti. Después se convirtió en uno de los hombres importantes y construyó una sólida pareja en la mitad de la cancha junto con Juan Carlos Rulli. "Lo pedí a fines del 65, cuando Racing transfirió al Pato [por Pastoriza] a Independiente. Mori era un cinco metedor y empujaba al equipo", lo recordó Juan José Pizzuti.
Su estadía en la Academia fue corta, pero productiva: jugó 74 partidos y marcó cuatro goles. Ganó el torneo local de 1966, la Copa Libertadores y la Intercontinental de 1967. En el 68 emigró del club y continuó en Newell´s, y más tarde jugó dos temporadas en Audax Italiano, de Chile. Su carrera terminó a los 29 años, por una rotura de ligamentos de la que nunca pudo recuperarse.
La Chancha (apodo que recibió Mori en Independiente) regresó a su Baradero natal para dedicarse casi con exclusividad al manejo de la panadería familiar, y por las tardes descansaba en su campo. En su ciudad fue declarado ciudadano ilustre. En 1995, el Concejo Deliberante lo honró al ponerle su nombre al polideportivo municipal y entregarle la Orden de Baradero.
Se despidió Miguel Angel Mori, un hombre que dejó su huella en Avellaneda.

