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Los descensos en la primera división del fútbol argentino comenzaron a partir de 1937. Desde el principio del profesionalismo, en 1931, hasta 1936, los equipos que terminaban en los últimos lugares no perdían la categoría y los mismos protagonistas jugaban la temporada siguiente.
Pese a la creencia popular, la autoría de los promedios no pertenece a la era de Julio Humberto Grondona, al frente de la Asociación del Fútbol Argentino. En 1961, bajo la presidencia de Raúl Colombo, se aplicaron por primera vez como una experiencia piloto. No duró mucho el intento. Para esa temporada, la AFA dispuso promediar los últimos tres años (59, 60 y 61) para aumentar la competitividad entre los equipos y que todos pelearan por objetivos hasta casi la finalización de la temporada. En un punto, la misma teoría de los defensores del sistema en la actualidad.
Pero esa prueba experimental recorrió poco camino, pues solamente se extendió por dos años: desde 1963 hasta 1966 se determinó que no hubiera pérdidas de categoría, porque la AFA amplió la cantidad de equipos en la máxima división. Entonces, no más promedios del descenso.
En 1961, inauguraron el descenso por promedio Lanús y Los Andes. Si ese año se hubiera aplicado el sistema de puntos, se habrían ido Ferro y Los Andes. En 1962, se fueron al descenso por promedio Ferro y Quilmes, mientras que si se aplicaba la tabla de posiciones habrían perdido la categoría Estudiantes de La Plata y Quilmes. De cuatro casos, tres diferencias. Como en estos días, la tabla tradicional y la del promedio chocaban entre sí.
El descenso de San Lorenzo a la primera B en 1981 desencadenó la trama que posibilitó el regreso de los promedios. En la sesión del comité ejecutivo de la AFA del 22 de diciembre de 1981 se cristalizó la idea. En esa reunión, presidida por Julio Grondona, participaron Rafael Aragón Cabrera (presidente de River), Ricardo Petracca (Vélez), Eduardo Deluca (Defensores de Belgrano, por los clubes de primera B), Santiago Saccol (Racing), Alfredo Ginanni (Platense) y Luis Mestelán (por las Ligas del Interior).
Faltó en aquel histórico cónclave Martín Noel, por Boca, justamente uno de los que más participación tuvo en la creación de este sistema que rige hoy.
Por unanimidad y ad referéndum de la asamblea ordinaria, se aprobó la modificación del Estatuto de la AFA (artículo 76) y la incorporación de los promedios para determinar los descensos en las distintas categorías del fútbol argentino. La asamblea del 15 de abril de 1982 oficializó la innovación. Los promedios empezaron a regir en el Metropolitano de 1983. Se tuvieron en cuenta los puntos del Metro 82 y, al año siguiente, se empezó a dividir por tres.
En la inauguración del sistema de la temporada 1982/1983, una de las primeras víctimas fue Racing, que descendió junto con Nueva Chicago. El bautismo fue cargado de polémica: pese a que descendió la Academia, uno de los grandes, si el sistema anterior seguía en vigencia, a River le hubiese tocado perder la categoría, ya que terminó penúltimo en la tabla general, tan sólo por encima de Racing, de Córdoba.
Ese año, River registró su peor campaña de la historia: terminó penúltimo, ganó 10 partidos, empató nueve y perdió 17. Pero, a pesar de esto, no ju wgó en la B al siguiente año. En su reaparición en la escena pública, los promedios debutaron con contradicciones matemáticas...
En 2000, nació la Promoción, con Instituto como primera víctima: perdió con Almagro. En los tres años siguientes los equipos de la categoría menor no pudieron con los de primera. Hasta que en esta temporada, por primera vez, cuatro equipos perdieron la categoría y cuatro subieron. Adiós para Talleres, de Córdoba, Atlético Rafaela, Chacarita y Nueva Chicago; bienvenidos Huracán, de Tres Arroyos, Argentinos, Almagro e Instituto.

