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Es una cuestión de épocas. Las primeras sospechas surgieron con la muerte del ciclista galés Arthur Linton, en la carrera Burdeos-París en 1896. Por entonces, sólo se sabía que se utilizaba morfina en las carreras de caballos, situación que dio nacimiento a la palabra doping. Para los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936, se rumoreaba que muchos deportistas se dopaban con anfetaminas. Fue un producto que se utilizó durante varias décadas, hasta que en 1958 se creó el Dianabol. Y fue en la década del 60 en la que los anabolizantes pasaron a ser las estrellas del doping.
Hoy, con la ayuda científica, los nombres que más se escuchan son hormonas de crecimiento, eritropoyetina, creatina –no está prohibida en ningún deporte– y la droga que se puso de moda en el último año: la nandrolona.
Esta última sustancia desató un escándalo en el fútbol europeo, después de que en menos de un mes se conocieran los casos de Fernando Couto (Lazio), Edgar Davids (Juventus) y Frank De Boer (Barcelona). Los nombres de importantes jugadores en algunos de los mejores equipos del mundo sirvieron de altavoz, pero en el último año se produjeron al menos otros veinte positivos con nandrolona en deportistas de elite, que incluyen al basquetbolista argentino Hugo Sconochini (Kinder Bologna), a los atletas Falk Balzer (Alemania) y C. J. Hunter (Estados Unidos.) y al campeón mundial de aguas abiertas, David Meca (España). Y también se hizo presente hace unos meses en el fútbol argentino, con Daniel Albornos, de Talleres, de Córdoba.
Los deportistas siempre dicen ser inocentes. Las excusas van desde la ingesta de cerdo hasta el consumo de complejos vitamínicos o suplementos dietéticos. En el caso del alemán Balzer, hasta aceptó que le hicieran un control de ADN para demostrar su inocencia, pero ese análisis también lo condenó.
La nandrolona es una hormona esteroide generada por el cuerpo, que permite crecer y fortalecer los músculos, así como también aumenta la capacidad de resistencia y otorga cierto grado de agresividad.
Como todas las sustancias hormonales, se hace casi imposible diferenciar las moléculas producidas naturalmente por el organismo de las que tienen un origen externo. Por si fuera poco, la segunda parte del dopaje es la ingesta de otros productos que permitan la rápida eliminación de la sustancia prohibida, para que no sea encontrada en los controles.
Es por eso que se hicieron estudios y en un primer momento se estimó que la producción normal es de 0,1 a 0,5 nanogramo por mililitro (ng/ml) en la orina.
Con estas pruebas científicas, el Comité Olímpico Internacional puso como límite 1 ng/ml en las pruebas de orina de los atletas. Pero las investigaciones arrojaron nuevos elementos con el tiempo y se pasó a 2 ng/ml. Y en 1998 se comprobó que en las mujeres, la utilización de ciertas píldoras anticonceptivas aumentaba los índices de nandrolona. Y para ellas se subió la barrera hasta 5 ng/ml.
En tanto, la Unión Ciclista Internacional (UCI) elevó el margen a 4 ng/ml porque comprobó que el esfuerzo en algunos entrenamientos de resistencia también modifica los parámetros normales.
El tema ya era de por sí bastante arbitrario, pero se puso más candente que nunca cuando la FIFA anunció el 3 de marzo de 2000 que tras un estudio que se practicó en 148 futbolistas suizos comprobó que los parámetros impuestos no eran rigurosamente científicos. Así lo dijo el alemán Tony Graf Baumann, miembro de la comisión de medicina deportiva de la FIFA.
Y enseguida, Andreas Herren, vocero de la entidad soltó una noticia bomba: “Se comprobó que bajo entrenamientos físicos rigurosas o condiciones de stress, los hombres pueden producir nandrolona. Por lo tanto, no hay forma de justificar los parámetros preestablecidos si los abogados deciden cuestionarlo”.
El asunto conmovió al mundo del deporte y Juan Antonio Samaranch, presidente del COI, salió a defender su posición: “No voy a permitir que caigamos en el error de los grandes deportes de equipos de los Estados Unidos, donde los controles antidopajes brillan por su ausencia. La FIFA tiene sus reglas, y nosotros estamos a la espera de recibir un comunicado oficial que incluya los detalles del estudio que les ha llevado a tomar esa postura”.
Apenas dos días después, la FIFA detuvo el escándalo con un comunicado oficial: “Se desmiente categóricamente que la nandrolona haya sido eliminada de la lista de sustancias prohibidas... se ha previsto efectuar nuevos estudios para investigar esta sustancia”.
Ya pasó un año de aquello. La FIFA no dictó nuevas medidas y Baumann, el médico alemán, no habló más de la nandrolona.
Sin embargo, para otros no hay ninguna duda respecto del consumo en los casos positivos. En 1996, los españoles David Martínez (campeón europeo en lanzamiento de disco) y Daniel Plaza (medalla dorada en marcha en Barcelona 92), fueron suspendidos por nandrolona.
Juan Manuel Alonso, director de los servicios médicos de la Federación Española de Atletismo, se refirió al tema de manera contundente: “Los límites mínimos fijados por las normativas de dopaje son tan generosos que está científicamente probado, publicado y argumentado que un resultado superior a esas cifras descarta cualquier posibilidad de producción endógena”.
La historia de la trampa tiene día tras día nuevas armas avaladas por las investigaciones de expertos. Y detectar a los involucrados será cada vez más difícil.


