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Es un sueño convertido en realidad. Parece una frase armada, pero no lo es. Es que cuando decidí terminar mi carrera en la Argentina, luego de mi paso por Portugal, quise volver a San Lorenzo, en donde tuve mis mejores momentos. Y mientras firmaba el contrato, pensé en tres metas precisas para darle un broche especial a mi carrera: ganar un torneo en San Lorenzo, alcanzar los 100 goles en el fútbol argentino y, si se podía, los 100 en San Lorenzo. Y logré las tres cosas.
La Copa Mercosur la festejé como un chico. Los 100 tantos en el fútbol local también los grité en forma especial, ya que lo conseguí ante River, uno de los clubes que más sufrió conmigo, a pesar de que muchos saben de que en mi familia siempre hubo simpatía por esos colores. Y, ahora, con este gol Nº 100, es el broche de oro para mi carrera: voy a poder retirarme con una sonrisa.
En San Lorenzo viví momentos hermosos y difíciles. En mis comienzos, las cosas no siempre me salían como yo quería y notaba la impaciencia de la gente. Pero con el transcurrir de los partidos y con los goles convertidos, me gané a la gente. Cuando corean mi nombre, antes de cada partido, se me sigue poniendo la piel de gallina. Es que le di mucho al club y acá pasé momentos inolvidables; con Pipo (Gorosito) formé la mejor pareja ofensiva.
Siempre me preguntaron cuál elegiría de los 100 goles azulgranas. Tengo muchos guardados, de torneos locales y de la Libertadores, pero me quedo con el de tijera que le hice a Boca en 1989, en una Liguilla, en la cancha de Huracán. Hice dos, pero aquella volea fue inolvidable. Fue un golazo. Y la gente lo disfrutó mucho porque era un clásico y, en esa época, la racha de triunfos sobre Boca iba en aumento.
De los técnicos que tuve, también voy a ser injusto, porque tuve varios muy buenos, que supieron manejar mi inexperiencia en los comienzos o mis discusiones con los árbitros. Pero el mejor fue Manuel Pellegrini; no lo tuve mucho en San Lorenzo, pero ya me había marcado en Universidad Católica, en Chile.
Tal vez, nunca fui reconocido como debía. Era muy criticado, pero siempre respondí con goles. Ahora, que tengo 36 años, llegan los aplausos. Y los acepto, porque siempre respeté las reglas de juego. Y estoy tan feliz con este momento, que ahora, después de alcanzar los 100 goles en San Lorenzo, me planteo otro gran objetivo: quiero ser el goleador del torneo Apertura. ¿Por qué no?
