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El ucraniano Olesandr Usyk se hartó de las obligaciones que marcan los contratos y los reglamentos del boxeo y renunció al título mundial de los pesados reconocido por las tres organizaciones más importantes, el Consejo Mundial (CMB), la Asociación Mundial (AMB) y la Federación Internacional (FIB).
Tal decisión tuvo un valor agregado. Usyk anticipó que la última pelea de su carrera sería con el desgastado pero atractivo noqueador estadounidense Deontay Wilder, de 40 años, con 45 victorias (43 KO), 4 derrotas y un empate bajo la organización de la incipiente productora Zuffa Boxing, liderada por Dana White, pope de las Artes Marciales Mixtas. Hay acuerdo, pero aún no hay fecha.

¿Sólo por hartazgo renunció Usyk? En parte, sí, aunque al aceptar un contrato con Zuffa Boxing, cuyo objetivo es eliminar a los organismos clásicos de la fiscalización del pugilismo internacional a los que detesta, optó por prescindir de sus coronas para no herir el honor del CMB, que respaldó públicamente a Ucrania en su enfrentamiento bélico con Rusia. Y Usyk fue el gran estandarte de las grandes protestas. Por eso, también, decidió tomar otro camino.
La AMB elevó a la posición de campeón oficial de los pesados al ruso Murat Gassiev, quien ostentaba un interinato. Con 32 años, 33 victorias (26 KO) y 2 derrotas, sufrió la humillación de perder en 2018 ante el mismísimo Usyk, por puntos, por la unificación del cetro mundial crucero que poseía desde 2016. Debió soportar ante su gente, en el estadio olímpico de Moscú, que Usyk hiciera flamear la bandera ucraniana en plena toma de la isla de Crimea por parte del gobierno de Vladimir Putin, ante el estupor y la agresiva reacción del público local.
Hoy expondrá por primera vez su corona ganada ante el búlgaro Kubrat Pulev el año último, frente al alemán Peter Kadiru en Moscú, en un match que no despierta mayores expectativas y es difundido por la aplicación DAZN sin costo adicional para sus suscriptores. No se proyecta como un campeón sobresaliente.

El británico Daniel Dubois recompone una carrera que parecía terminada. Tras ser derruido por su compatriota Joe Joyce y en dos ocasiones por Usyk, pudo cotizar sus grandes nocauts conseguidos ante sus compatriotas Anthony Joshua y Fabio Wardley, por la corona vacante de la OMB, el 9 de mayo último.
Tiene 28 años, ganó 23 combates (22 KO) y tuvo 3 reveses por la vía del sueño. No da garantías ni hará historia. Puede noquear o ser noqueado en cualquier momento. Y ahí está su atractivo.
Sadiq Khan, máxima autoridad londinense, acordó con el jeque árabe Turki Alalshik, principal inversor en promociones pugilísticas, extender hasta las 4 de la mañana (hora local), el permiso habilitante para poder organizar el desafío entre los ex campeones ingleses Tyson Fury y Anthony Joshua. El motivo obedece a la comercialización televisiva hacia los Estados Unidos en horario central intentándose albergar cerca de 100.000 espectadores en el estadio de Wembley antes de fin de año.

Ambos excampeones volvieron al ring tras anunciar sus respectivos retiros. Tienen confirmadas dos peleas para las próximas semanas. Fury, de 37 años y 2.06 metros de altura, dirimirá con el polaco Mariuz Wach, un obrero del ring de 46 años que ganó 39 combates y perdió 13. Boxearán en un escenario peculiar: Pattaya, Tailandia, el viernes 24 del corriente. Un día después, Joshua, de 36 años, quién recobró popularidad al noquear al norteamericano Jake Paul, enfrentará a Kristian Prenga, de Albania, quién gestó una campaña llamativa en el segundo nivel de Estados Unidos, con 20 victorias y un revés. Casi en simultaneo, la desgastada dupla inglesa volverá a las primeras planas.
¿Cuál es la conclusión? Con o sin corona, Usyk seguirá siendo la gran atracción de la categoría máxima. Venció y vapuleó a todos los mencionados aquí y, al igual que los aficionados, se cansó de ganar sin épica, “muñequeando” sus combates y decidiendo cómo terminarlos.



