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CURITIBA (Especial).- Entre la magia brasileña del primer tiempo y la mística charrúa del segundo, los dos crearon un encuentro inolvidable. Lo que era una inevitable goleada verdeamarela pasó a ser un empate a pura emoción. El 3-3 habla por sí solo.
Para los locales quedó la sensación de que la potencia mundialista está menguando; para los uruguayos, la certeza de que con actitud ofensiva se pueden lograr resultados, aunque el rival que tenga enfrente sea superior.
Puede servir el golazo de Ronaldo para describir los estados anímicos en el primer tiempo. Un pelotazo dejó al atacante de Real Madrid solo ante el arquero. Gustavo Munúa salió deseperado a taparlo y se desarmó en el aire tratando de llegar al balón. Ronaldo observó todo con tranquilidad, se llevó la pelota con el hombro derecho y definió de zurda a la carrera.
De un lado, la serenidad de saberse superiores y llevar el juego como algo que se da naturalmente. Del otro, muchos nervios y jugadores corriendo detrás de la pelota, intentando frenar tanta superioridad. El primer tanto lo había hecho Kaká, a los 20 minutos, tras un desborde de Ronaldo por la izquierda.
Pero ya está dicho que esta conducción de Uruguay, con Juan Ramón Carrasco a la cabeza, quiere cambiar el estilo del juego charrúa. Esa premisa no pareció defenderse en el comienzo, cuando cambió su esquema habitual con tres delanteros para jugar con dos. Pero enseguida lo corrigió, cuando a los 33 minutos del primer tiempo puso a un delantero (Richard Núñez) por un volante de marca (Abeijón).
Como si hubieran recuperado su identidad, los uruguayos mostraron otra actitud, ya no fueron tan desbordados como en la primera parte. Y en un contraataque llegó el descuento del ex delantero de Independiente Diego Forlán.
Los celestes se entusiasmaron. También entraron Recoba y Chevantón para aportar en la ofensiva. Primero tuvo una oportunidad con un cabezazo de Chevantón que pasó muy cerca y luego Martín Ligüera tiró un remate desde el borde del área por encima del travesaño.
Brasil estaba desorientado por la actitud uruguaya. El empate llegó a los 30 con un remate desviado de Núñez que Forlán empujó de cabeza. Y para quedar al borde de la hazaña, a los 32, Gilberto Silva cabeceó en contra de su arco un centro de Marcelo Sosa.
El 3-2 cambió la cara de los hinchas, que de la fiesta pasaron hasta algunos insultos por la decepción del resultado. Pero Brasil tampoco merecía la derrota. Siguió buscando y consiguió el empate con Ronaldo.
Las emociones siguieron. Fue una lucha con lo mejor del estilo de ambos equipos. Un partidazo.
CURITIBA (Especial).- Está acostumbrado a hacer goles importantes. Esta vez lo fueron porque evitaron una caída dolorosa para Brasil. El delantero de Real Madrid Ronaldo marcó dos conquistas para el empate con Uruguay por 3 a 3, por lo que ahora llegó a los 51 tantos con la camiseta verdeamarela . Hizo el segundo tanto brasileño, cuando todo aparecía como pleno de la magia del equipo local. Luego, cuando los charrúas estaban al frente, le evitó a su equipo una derrota sin igual. Y logró, además, sumar en su carrera por alcanzar a Pelé, el máximo anotador en la selección de Brasil, con 95 tantos. Ronaldo aseguró hace algunos días que su intención era superar esa marca.
Uruguay no puede ganar en sus visitas a Brasil: en 53 años, tras el Maracanazo de 1950, jugó en 18 ocasiones en ese país y sólo ganó una vez, en 1992; empató tres, incluida la de anoche, y perdió 14.
Horacio Elizondo, de buen desempeño en el partido de ancohe, no se toma descanso. Ahora viajará a los Emiratos Arabes Unidos, donde será el representante argentino en el Mundial Sub 20.
Brasil suele cambiar de sedes en las eliminatorias. Ayer le tocó a Curitiba. Lo extraño fue que se había dicho que los clásicos con la Argentina y Uruguay se jugarían en San Pablo o Río de Janeiro.
Brasil ganaba 2-0 y a los 33 minutos Juan Ramón Carrasco no quiso esperar más por una respuesta de su equipo. Por eso hizo ingresar a Richard Núñez por Abeijón.

