

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
"Anoche no daba más, pero no por haber corrido tanto sino por los golpes", cuenta Javier Pastore, anfitrión en el luminoso departamento de Villa Urquiza. Pero no se lo ve muy sufriente ni castigado por lo que le tocó el domingo; tal vez está acostumbrado y sabe disimularlo, o quizá tiene que ver con la tranquilidad pueblerina que le infundió su infancia cordobesa. Tanta que tampoco da indicios de excitación por el envidiable momento profesional que vive. Tiene 19 años y personifica la frescura del admirado estilo de Huracán, él y su socio en la cancha, Matías De Federico. "Empecé a jugar con él en la tercera de Huracán. Teníamos compañeros que se enojaban porque no se la dábamos a nadie. Jugábamos entre nosotros dos. Ahí arrancamos. Después, cuando pasamos a primera, siguió igual. Y fuera de la cancha también nos llevamos muy bien... Nos vemos casi todos los días, comemos juntos, salimos o vamos al cine o a dar una vuelta por ahí".
Espigado como un junco, Pastore encarna un raro tipo de futbolista habilidoso. No es habitual ligar ese biotipo al de un jugador con tanta gambeta y fineza. "Menos ahora, que son todos chiquititos los que juegan bien", se ríe. Crió esa sensibilidad en Talleres, de Córdoba, adonde lo llevaron sus padres, Juan Carlos y Patricia, cuando tenía 9 años, por recomendación de un preparador físico de la escuela. Por esa época jugaba al básquetbol. "Jugaba en el pueblo, en San Roque, los domingos, cuando estaba en las inferiores. Me movía debajo del aro... Ahora sigo la NBA, me gusta mucho."
A Huracán llegó en 2007, pero para empezar a jugar tuvo que esperar bastante. "Cuando llegué estuve seis meses inactivo, porque Talleres no mandaba la habilitación y quedé en el medio . Después casi me corté un ligamento en un tobillo y estuve otros cuatro meses sin jugar", recuerda. Todavía pertenece a Talleres, pero en parte, el 45 por ciento de su pase; el otro 55 es propiedad de Marcelo Simonian, su representante. Nada de Huracán... Salvo el disfrute de tenerlo ahora, claro, en un equipo que se ganó el aplauso general. "Hubo una especie de contagio. Al principio eran De Federico, Pastore, Bolatti... Desde el tercer partido ya fue el equipo entero. Antes de llegar al arco, la pelota pasa por todos. Hasta Monzón (el arquero) sale con un toque... En las prácticas es igual: el equipo que la tiene no la pierde nunca, todos juegan bien".
-¿Cómo se dio el cambio?
-Creo que Cappa fue fundamental. Encontró el equipo que estaba escondido. A mí me dio una confianza que fue clave para que jugara tranquilo. Me hablaba casi todos los días en la pretemporada, me pide que juegue rápido y simple en el medio campo y que lo haga como quiera más adelante. Como técnico es increíble. Trabaja muchísimo con la pelota, como nos gusta a todos. Todos sus conceptos apuntan a jugar. Por ahí no te da una charla motivadora ni te incentiva mintiéndote, sino con el juego. Dice cosas ciertas y muy cortas. Y siempre está del lado del jugador.
-¿Encontrás espacio para disfrutar cuando jugás?
-Yo me divierto jugando. Siempre me gustó jugar y me divierto muchísimo, más cuando se juega así. Por suerte nunca sentí la presión esa de jugar mal o cosas así.
-¿Huracán es el equipo que mejor juega?
-Yo creo que sí. Pasaron doce fechas... En los partidos en los que perdimos fuimos mejores que el rival, y en los que ganamos, también. Es uno de los que mejor juegan. Vélez y Lanús también lo hacen bien.
-Ahora tienen que asumir la condición de candidatos y las expectativas que se creó la gente...
-Sí, la gente está muy ilusionada. Y nosotros, en parte, también. Ilusionados, pero tranquilos.
-¿Tienen cómo responder a esa expectativa?
-Sí, pasamos partidos complicados y supimos manejarlos. Nos quedan partidos difíciles, pero si los superamos podemos estar para pelear arriba.
-¿Por qué se pierden tantos goles?
-Es increíble. En todos los partidos nos pasa lo mismo. No sé si es la suerte o qué... Puede ser la experiencia.
-¿En la cancha les llega la satisfacción de la gente?
-Muchísimo. Para los que estamos desde el año pasado era saber que apenas salíamos iban a insultarnos... Ahora sabés que salís y te aplauden incluso cuando perdés. Son cosas que se valoran muchísimo y nos hacen entrar con muchas más ganas. Pero no sólo son los de Huracán. A veces me paran en la calle, cuando me conocen, y me dicen "soy de River, o de Independiente, pero me encanta cómo juegan..." Me abrí un Facebook, y me dejan mensajes así...
-Juegan con Vélez en la última fecha. ¿Ves una definición?
-Sueño con llegar a la última fecha peleando con ellos y con dos puntos menos. Sería bueno, así sabemos que tenemos que ganar sí o sí para...
-¿No sería mejor llegar con más puntos?
-No, no. A mí me gustaría así.




