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Si es cierto que hay vidas destinadas a doblar sus páginas a un ritmo vertiginoso, la de Paulo César Wanchope es una de ellas. A los 25 años, el emblema actual de la Costa Rica futbolística ya atravesó las vicisitudes que podría enumerar un veterano, y todavía le queda un vasto camino por transitar.
Como salido del molde establecido para muchos elegidos, Paulo nació en el seno de una familia humilde de Fátima, provincia de Heredia. Ya su alumbramiento fue una especie de señal de lo que vendría: se adelantó varias semanas a la fecha esperada y demandó que su tía, enfermera, se encargara del parto imprevisto. En esa casa ya se respiraba fútbol: su padre y su tío –Carlos Watson, que el año último dirigió al seleccionado tico en el Mundial Sub 20 realizado en nuestro país– lo habían practicado.
El apego a la pelota lo empezó a envolver en la calle y en la Escuela Ciencia de Deportes de su ciudad natal. Sus dotes de delantero ágil y con un físico estilizado y longilíneo (su 1,91 metro le vale el apodo de La Cobra) lo promovieron a los combinados regionales, y no pasó mucho tiempo hasta que se puso la camiseta nacional entre los juveniles.
Pero, a la par que deslumbraba con sus aptitudes futbolísticas, su conducta también comenzaba a dar la nota. Y no de la mejor manera. “Se volvió insoportable, dadas las reiteradas muestras de indisciplina. Es un saco de problemas; ahora sólo le falta hacer un combate con Mike Tyson”, dijo de él en 1996 el técnico Juan Hernández, que lo dirigió en Herediano. En los diarios de Costa Rica tenían igual despliegue sus goles que sus reacciones agresivas contra los rivales. La Copa América de 1997, en Bolivia, no lo tuvo entre sus protagonistas justamente por una exclusión debida a su inconducta.
Igualmente, ya le habían echado el ojo desde Europa. Más precisamente, Derby County, de Inglaterra, que se lo llevó cuando tenía 20 años a cambio de 1.200.000 dólares. Sin problemas de adaptación a un medio tan diferente, siguió con su costumbre de hacer goles y en la temporada 1999 lo reclutó West Ham. Una temporada en ese club bastó para tentar a Manchester City, que lo incorporó después de pagar por él 5.000.000 de dólares.
Era el prólogo a sus mejores momentos con la camiseta de Costa Rica, que llegarían en la Copa América del año último, en Colombia. Rápidamente y a fuerza de goles espectaculares, Wanchope se transformó en la sensación del certamen continental, en el que anotó cinco veces. Y su siguiente meta fue llevar a su selección a un Mundial por segunda vez en su historia.
Lo logró –otra vez con el aporte de más goles–, pero también debió vérselas con problemas físicos que aún hoy lo tienen a maltraer. Una seria lesión en el cartílago de la rodilla derecha lo obligó a someterse a una operación el año último, en los Estados Unidos, y la rehabilitación fue prolongada. En febrero último se resintió, lo cual hizo dudar sobre su participación en Corea-Japón.
Necesitaba volver a operarse, pero si lo hacía quedaba definitivamente descartado. Hace un mes, finalmente, decidió dejar la intervención quirúrgica para después del Mundial, y ahora está en plena tarea de fortalecimiento de su rodilla. Porque sabe, como el DT de la selección, Alexander Guimaraes, que la ilusión de Costa Rica de repetir la epopeya de Italia 90, cuando sorprendió al mundo al llegar a octavos de final, se cifra en buena medida en sus piernas.
Fecha de nacimiento: el 31 de julio de 1976
Lugar de nacimiento: Fátima, provincia de Heredia, Costa Rica
Peso: 78 kg
Altura: 1,91 m
Puesto: delantero
Club: Manchester City, Inglaterra
Partidos internacionales: 39
Goles: 27



