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Si fuera un elemento geográfico, Gonzalo Martínez sería la línea del ecuador. Ningún futbolista de River divide tanto las aguas entre los hinchas como él. Apoyado o apuntado con el dedo acusador en dosis semejantes, Pity surfea sobre las incómodas olas de la desconfianza pero a la vez se apoya en el respaldo que le da Marcelo Gallardo para dejar atrás la irregularidad que lo persigue desde que llegó al club, hace dos años.
El zurdo está permanentemente bajo la lupa, un poco porque ya mostró muchas condiciones técnicas pero no logra volverse indiscutido, y otro porque los 40.000.000 de pesos que el club le pagó a Huracán por su pase representaron una inversión grande para River. La operación se concretó el 20 de enero de 2015 con el dólar a 8,611 pesos, el equivalante a 4.645.000 unidades de la moneda estadounidense.
El debate sobre las aptitudes de Martínez se reabrió el sábado, luego de la dura caída por 3 a 0 que River sufrió ante Lanús por la Supercopa Argentina. Jugó en un nivel muy pobre, ajeno al protagonismo que había tenido una semana antes, cuando había resultado vital para el 2 a 0 sobre Boca al participar en la jugada que derivó en el primer gol, el penal de Sebastián Driussi, y al hacer el centro para el cabezazo de Arturo Mina en el segundo tanto. Los murmullos de reprobación en el estadio Ciudad de La Plata se amplificaron en esa caja de resonancia tan particular que son las redes sociales, en las que no pocos despotricaron contra Pity. Exitistas a más no poder, muchos incluso expresaron su deseo de no volver a verlo con la camiseta de la banda roja.
Ahora bien: ¿tan mal juega Martínez como para que hoy sea el principal nombre de la grieta que separa a los hinchas de River en cuanto a apoyos o críticas a un jugador? La primera respuesta, y acaso la más importante, suele ser dada por Marcelo Gallardo en cada partido: para el director técnico, es titular. Al menos lo es desde el semestre pasado: ya jugó 86 partidos oficiales en River, entre locales e internacionales. Las estadísticas, que suelen poner algo de luz sobre la importancia de los futbolistas en un equipo, cuentan que anotó 11 goles, hizo 14 asistencias y sufrió una expulsión, la única de su carrera: el 25 de septiembre de 2016, en el 3 a 3 frente a Defensa y Justicia en Florencio Varela, por un codazo a Hugo Silva que le valió dos fechas de suspensión.
Así como son muchos los hinchas de River que no le perdonan una y que –peor aún– no le reconocen sus aciertos, otros consideran que una sola de sus intervenciones “pagó” la importante inversión por su pase. Esa jugada ocurrió el 7 de mayo de 2015. Aquella noche, en el Monumental, River le ganó por 1 a 0 a Boca un superclásico caliente y ese gol de Carlos Sánchez terminó dándole la clasificación para los cuartos de final por la Copa Libertadores porque una semana después, en la Bombonera, tuvo lugar el tristemente célebre duelo del gas pimienta. Para que el uruguayo convirtiera ese penal fue necesaria una falta en el área de Boca. Y esa infracción fue cometida por Leandro Marín contra Pity Martínez.
Talentoso incomprendido, el ex mediocampista de Huracán tiene un punto débil: no siempre toma las mejores decisiones cerca del área del rival. Muchas veces empieza las jugadas a puro desequilibrio y despierta la sensación de que algo bueno está por suceder, y de pronto se inclina por una opción equivocada que termina diluyendo o arruinando el ataque. Gallardo pretende que corrija exactamente eso. “Por ahí tiene que mejorar en la toma de decisiones. A Pity pueden salirle dos jugadas mal, pero sigue pidiendo la pelota. Tiene personalidad”, rescata de todos modos el Muñeco.
Pero así como aquel penal que generó en el Monumental es la mejor foto que hoy puede exhibir de sus días en River, Martínez tuvo más intervenciones destacadas que sirvieron para quedarse con victorias muy celebradas. Por caso, en la revancha de la final por la Recopa Sudamericana que River le ganó en 2016 a Independiente Santa Fe, de Bogotá, abrió el camino para el 2 a 0 en casa al gambetear, desbordar y mandar un centro bajo para que definiera Driussi. Por la Copa Argentina, levantada por River hace casi dos meses, anotó de tiro libre el gol que valió la agónica victoria por 2 a 1 en Salta ante Estudiantes, de San Luis, segundos después de que el equipo puntano alcanzara el empate que llevaba a la definición por penales. Luego reconoció que ejecutó un centro, pero sin ese gol el destino de River en el certamen se habría llenado de, cuanto menos, incertidumbre. También dio el presente en la red en la obtención de la Copa Suruga Bank, un trofeo internacional menor pero que sirvió para extender el halo ganador del ciclo de Gallardo: hizo el tercer gol en el 3 a 0 a Gamba Osaka, en Japón.
Sus movimientos en el área, muchas veces inquietantes, fueron también la génesis de otros dos triunfos contra Boca, aunque amistosos. En el verano pasado, en Mendoza, Sebastián Palacios lo bajó y Rodrigo Mora puso el 1 a 0 desde los once metros. Y hace 12 días, en Mar del Plata, el penal convertido por Driussi sobrevino gracias a una mano cometida por Juan Insaurralde tras una entrada del propio Martínez, que no logró controlar una pelota pero así y todo provocó la acción que derivó en el triunfo. En total, entonces, tres victorias de River frente a Boca llegaron luego de penales generados por él.
Los rendimientos de Martínez con la camiseta de River mejoraron en el último semestre, a caballo de la mayor tranquilidad que mostró Pity con la pelota y de la confianza que le dio Gallardo al conferirle las tareas creativas junto a Andrés D’Alessandro. El entrenador lo sacó de la posición abierta que siempre ocupó en la banda izquierda y lo ubicó en una más cerrada, al igual que a D’Alessandro por el costado opuesto. A Martínez se lo vio más sereno y eso redundó en una mejoría en su nivel, aunque sus detractores siguieron mirándolo de reojo.
“Arriesgo y me gusta encarar. Elegía mal, y las cosas eran al revés: tenía que jugar simple y buscar espacios. Reconozco el cambio, porque desde que arrancó el semestre vengo jugando todos los partidos. Gallardo me da toda su confianza y me dijo siempre que estuviera tranquilo, porque se daba cuenta de que a veces me desesperaba por demostrar algo en cada jugada”, dijo, autocrítico, en septiembre pasado. Y resumió: “Antes quería hacer la de Messi, y no: soy Pity Martínez”. Ahora, ya sin D’Alessandro en el plantel, Gallardo volvió a ubicarlo abierto sobre el costado izquierdo del mediocampo, más cerca de la raya que de las posiciones interiores.
A la espera de algún refuerzo que dé al equipo el salto de calidad que pretende Gallardo, los hinchas que siempre observaron a Martínez con recelo volvieron a ponerlo en la mira. Él lo sabe, e intenta hacer equilibrio entre las demandas de la tribuna, el apoyo de los que valoran su juego, la confianza que Gallardo deposita en él y la certeza propia de que debe levantar su rendimiento para que la titularidad que hoy ostenta no se vuelva carne de debate interno para el director técnico.


