Qué mostró Boca como novedad: la transición del equipo del Mellizo al de Gustavo Alfaro no será tan rápida ni sencilla

Alfaro tiene un pensamiento más cercano al de Bianchi
Alfaro tiene un pensamiento más cercano al de Bianchi Fuente: Telam
Christian Leblebidjian
(0)
28 de enero de 2019  • 08:00

A Guillermo Barros Schelotto no le costó tanto que Boca tenga su sello. Si bien había jugadores que prefería por sobre otros, cuando asumió en la Ribera en 2016 le tocó reemplazar a Rodolfo Arruabarrena, un entrenador con un perfil similar al Mellizo. Una sutil diferencia, quizás: el Vasco pretendía darle más valor a la posesión del balón, a la elaboración; Guillermo pensaba en un fútbol más vertical y explosivo. Y si bien después terminó haciendo varias incorporaciones, tenía (desde las características) a jugadores para empezar su ciclo a su manera. Gustavo Alfaro, que en su estreno oficial ante Newell’s igualó 1-1, no corre con esa ventaja por dos razones.

1) Ideológicamente, Alfaro tiene un pensamiento más cercano al de Carlos Bianchi y de Julio César Falcioni que al de Barros Schelotto y Arruabarrena.

2) Si bien el Vasco y el Mellizo asumieron en situaciones adversas y desfavorables, con un Boca en crisis, el contexto que le tocó desembarcar a Alfaro fue –desde lo anímico– más negativo, con todo lo que implica para los xeneizes perder la final de la Copa Libertadores con River.

Alfaro sabía, desde que puso un pie en Boca, que debía trabajar contrarreloj. La lectura que hizo en cuanto a las características es que recibía un plantel donde le sobraban delanteros, pero carecía de mediocampistas que le permitan jugar con más "equilibrio" desde el esquema 4-4-2, el que más lo identificó en su carrera como DT. Para eso, carecía de mediocampistas externos. Por ejemplo, para el sector derecho debía recurrir a un wing, como Cristian Pavón o Sebastián Villa, o adelantar a un lateral como Julio Buffarini. En la izquierda, tenía laterales tres zurdos (Más, Olaza y Fabra), pero ningún volante zurdo que haga el carril externo.

Desde las características, Alfaro tampoco tenía un 5 de jerarquía que le pelee la titularidad a Wilmar Barrios ni un central zurdo. Por eso pensó en Iván Marcone y terminó llegando Junior Alonso, aunque su primera alternativa era Walter Kannemann. Y previendo que casi con seguridad iba a perder por ventas a Nández o Barrios, también llegó el colombiano Jorman Campuzano. Para las bandas pensó en Angel González, promesa de Godoy Cruz, y en Marcos Acuña, de Sporting de Lisboa, aunque ninguno arribó. Y por eso echó mano a Bebelo Reynoso, lo vio como el más conector de todos, el jugador que con un pase filtrado puede generar una chance de gol. La ficha de Lisandro López, a quien dirigió en Arsenal, no solo apunta a ser un recambio confiable para Izquierdoz y Alonso y un plus ante la lesión de Goltz, sino también se trata de un central que hace goles en las pelotas paradas. El único refuerzo que llegó en una zona donde ya tenía a dos confiables (Andrada y Rossi) fue el arco: Marcos Díaz. Pero los entrenadores suelen buscar exdirigidos y ubicarlos preferentemente en su columna vertebral (1, 2, 5, 10, 9) para achicar los procesos de "entendimiento" entre lo que pide un DT desde lo táctico y lo que capta un plantel para aplicarlo en el campo de juego.

La decisión de ubicar a Tevez como 10 y capitán fue más una apuesta a la reacción anímica colectiva (por la final perdida con River) que a un convencimiento real de Alfaro para ver al mejor Apache. Pero en eso de buscar la identidad y para marcar otro quiebre con el ciclo del Mellizo, entendió que –de arranque– era una prueba a no descartar. Alfaro quiere un Boca con mayor presencia a la hora de recuperar la pelota y tácticamente más confiable.

¿Cuánto de todo eso se vio ante Newell’s? Varias cosas. Desde un esquema 4-2-3-1, Boca se paró más táctico desde lo posicional, intentó poner sus líneas más juntas y tuvo unos primeros 15 minutos interesantes, con ataques a un toque y buenas participaciones entre Tevez, Pavón y Benedetto, que contó con tres chances de gol. Con Marcone siendo el primer pase y Barrios jugando algo más adelantado de lo habitual. Pero sí el escenario no era propicio para el visitante, menos lo fue tras un golazo de Maxi Rodríguez, que tras recibir un pase de Formica remató cruzado al ángulo superior derecho de Andrada. Como en los amistosos de verano, Junior Alonso quedó expuesto ante un amago de Figueroa en el arranque de la jugada.

Alfaro le da importancia a las pelotas paradas y hubo acciones elaboradas de córner, aunque no salieron. Tevez fue uno de los ejecutores, algo que no es su especialidad. Quizás, el que menos gravitó fue el capitán. Si bien mostró actitud e intentó estar participativo, su nivel fue flojo. Hasta Pavón, incluso apareciendo más atemporalmente, aportó mayor peligro que el 10. Y Tevez terminó reemplazado por Wanchope Abila. Los otros ingresos de Mauro Zárate por Bebelo y de Campuzano por Barrios intentaron darle mayor peso ofensivo y de un desborde del exVélez llegó el centro y la muy buena definición de Benedetto de zurda.

Pero más allá de las intenciones, está claro que la transición del Boca del Mellizo al Boca de Alfaro no será sencilla ni veloz.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.