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Que la situación deportiva de Racing a estas alturas es peor de lo que el más pesimista de los hinchas hubiera imaginado es una verdad tan objetiva como las estadísticas. Pero de allí a que eso suponga que todas las opiniones o declaraciones que se ofrezcan alrededor del tema tienen el mismo valor hay una diferencia tan grande como la que existe entre el escuálido único punto que el equipo ha conseguido y los 24 que idealmente podría haber logrado.
La memoria no es una virtud que caracterice a los argentinos, como puede apreciarse también en forma estadística cada vez que llega la hora de votar, pero en el caso de los hinchas de Racing la carencia de ese atributo puede llegar al extremo, acrecentada por la enorme decepción que representa la peor campaña de los tiempos recientes. Y es en ese contexto donde aparecen, como si fueran voces autorizadas, las de varios de aquellos que antecedieron a la frase más dramática que pudo haber escuchado el hincha de este club en toda su historia, más dramática incluso que el título que informa hoy que el equipo actual está último, a 16 puntos del líder: "Racing no existe más".
No es lógico, ni justo, ni normal, que haya espacio en este momento para los diagnósticos apocalípticos y pontificadores de Juan Destéfano o de Daniel Lalín, como no lo es tampoco que algunos hinchas (¿hinchas?) piensen (¿piensan?) que la mejor forma de expresar su lógico disconformismo por el paupérrimo desempeño del equipo sea destrozando el propio estadio, que así como hoy tiene cosas para romper -porque están sanas-, hace algún tiempo llegó a ser un depósito de papas.
No es lógico, ni justo, ni normal, que las opiniones de aquéllos dos se amontonen, como si fueran las de dos más, junto con la de ese grupo de 40 notables que anunció que, en breve, harán pública una nota de apoyo institucional más necesaria que nunca en este momento, en el que a la mayoría le resulta más fácil que nada responsabilizar de todo a Fernando Marín y a Diego Simeone. Total, uno es apenas un gerenciador y el otro es un racinguista advenedizo. Que cada uno, en su momento y a su manera, hayan cumplido con su palabra no parece tener ningún valor ahora, cuando vuelven a apremiar viejos fantasmas. Los de la violencia, los del descenso, los de los peores tiempos.
Pobre Cholo, pensar que a muchos se les cruzó por la cabeza que él mismo lo había pergeñado todo, desde la salida de Quiroz hasta su asunción, como si no hubiera sido consciente desde el principio del lugar donde se estaba metiendo. Nadie creyó nunca que él se estaba sacrificando por Racing, aun cuando esa palabra es la que mejor define lo que está pasando con el club.
