Racing se aprovechó del preocupante presente de River

Todo Racing abraza a Zuculini mientras Barovero sufre
Todo Racing abraza a Zuculini mientras Barovero sufre Fuente: FotoBAIRES
Con gol de Zuculini, la Academia se quedó con los tres puntos y su gente disfrutó en Avellaneda; el Millo fue otra vez una sombra y quedó a dos puntos del anteúltimo puesto
Martín Castilla
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24 de noviembre de 2013  • 23:50

Qué pobreza todo. El torneo, por su irregularidad. Los equipos, envueltos en temores. Los técnicos, dispuestos, generalmente, a no perder. Y en el medio de tantos (en realidad, debajo de casi todos), andan a los tumbos Racing y River. Un grande, un poderoso, a la deriva. Mientras espían aquellos buenos viejos tiempos, tratan de terminar de una manera decorosa un pésimo campeonato compartido. Más allá del clásico de anoche, Mostaza y Ramón diagraman a futuro. Coinciden en el diagnóstico: el futuro es claramente preocupante. Al menos, Racing ganó y encontró un alivio oportuno: un apretadísimo 1 a 0. River es la imagen de la derrota: hace diez partidos que no gana. Cuatro empates y seis derrotas, entre el torneo local y la Copa Sudamericana. Un papelón.

Detrás de las sombras de un duelo con historia apasionada y presente penoso, hubo otro foco. De aquella pelea en el vestuario de la Academia entre Teo Gutiérrez y Saja, tras un golpazo frente a Independiente, volvieron a reencontrarse anoche. Primero, se miraron fríamente en el clásico saludo compartido. Luego, la gente tomó partido: "Chino, chino", una caricia para el arquero y un mar de silbidos para el delantero. Más tarde, hubo un par de encuentro cara a cara. Como un remate en el final del primer tiempo, un zurdazo tremendo de Teo, que Saja envió al córner.

Los jugadores de River y una imagen cada vez más frecuente
Los jugadores de River y una imagen cada vez más frecuente

Racing empezó mejor. Un tiro libre de De Paul encontró el cabezazo goleador de Zuculini, libre de marcas, en la apertura del marcador. Más punzante, más agresivo, más atento, Racing pareció estar más cerca de elevar la cuenta, ante una alarmante inexpresividad millonaria. ¿Qué le pasa a River? Difícil saberlo, más allá de que hace un tiempo que no juega por nada. Por el orgullo de pertenecer, lo que no es poco, claro. Es un desorden al marcar, al crear y al llegar al arco rival. No tiene sustento en ninguna de sus líneas. Al menos, tuvo una vieja cara conocida: el ingreso del Pelado Aguirre, en su primera vez con Ramón como conductor.

Al final, River, con tres delanteros, insistió. Pudo empatar, porque Racing se retrasó. Un alivio para uno. Un bochorno para el otro

El gol de Zuculini

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