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Esos chispazos encendieron poco a poco la fogata de Boca. Más que nunca un equipo se valió de sus individualidades y sacó adelante un partido en el que entró frío y en el que prevaleció el sólido funcionamiento de Independiente durante un buen rato. Hasta que apareció Riquelme, con una mezcla de magia y precisión para llevarse el premio mayor con dos asistencias exquisitas. Hasta que sobresalió la demolición de Palermo, en el final, con una conquista electrizante desde la mitad de la cancha. El 3 a 1 en favor de los xeneizes puede ser engañoso, pero quién puede ponerse en contra de aquellos capaces de redireccionar el curso de un partido con apenas un par de toques.
Ya con los nervios del debut aplacado, y desde antes del mismo comienzo del partido, otra vez el foco en Boca se Riquelme. Dependencia o no, magnetismo o no, el Nº10 otra vez pareció no sentirse tan a gusto entre la superpoblación que los Rojos propusieron en el medio campo. Fue sólo al principio. Después, con dos pelotas que llevaron su firma, profundas, filosas, entre los defensores de Independiente, cambió el curso de un desarrollo, como mínimo, complicado, en apenas un minuto.
Independiente mantiene su equipo en una probeta de ensayos casi permanente. Los componentes de la fórmula varían con la impaciencia y con la falta de resultados óptimos, algo imperdonable para un grande que busca recuperar la condición de tal con títulos o, al menos, con campañas acordes con su historia.
Burruchaga quiso ayer menos riesgos y, de una vez por todas, eligió una defensa integrada por cuatro hombres, como le pedía, casi clamaba, la mayoría. Por la derecha, Matheu, un marcador central devenido en lateral por necesidad; en el medio, los lungos Gioda y Rodríguez; en la izquierda, Eluchans, más retrasado que la habitual y que en más de una vez habrá tenido que morderse la lengua antes que proyectarse.
Los Rojos empezaron bien. A los dos minutos, en la misma jugada, tuvo el gol servido: un cabezazo de Matheu rebotó en el palo izquierdo y otro de Rodríguez, en el travesaño. Con Riquelme, Cardozo y Palacio bien contenidos, Independiente desniveló con un desborde de Pusineri y un anticipo de Armenteros. Era justo por el despliegue de Independiente. Era justo por la falta de resolución de Boca, perdido en la red táctica de su rival.
Cuando los xeneizes empezaban a ponerse nerviosos, con un andar parsimonioso, como si nada ocurriese, Riquelme hizo lo suyo. Con una rápida mirada encontró a Cardozo por la derecha; el mediocampista anotó con un remate cruzado. Con el festejo aún encendido, otra vez con un golpe de vista, dejo a Palacio solo ante Ustari, que nada pudo hacer. Suena fácil. Hasta se vio fácil. Pero... más vale no intentarlo en casa.
Independiente se retiró con los brazos caídos. No los levantó más. De nada le sirvieron los cambios. Tampoco tanto desgaste. Montenegro, Denis -se perdió un gol increíble de cabeza-, Rodrigo Díaz, Moreno siempre chocaron contra la firmeza del Cata Díaz, sobre todo, y Maidana.
La expulsión de Banega, por doble amonestación, trastocó los planes de Boca, que a partir de entonces se defendió con fiereza. Pudo haberlo resuelto con un blooper del arquero Ustari: sacó rápido, la pelota rebotó en un defensor y le quedó a Palermo -hasta entonces desconectado-, que casi dentro del área chica y de sobre pique, la tiró muy lejos. Increíble. Un rato después tras un veloz contraataque de Marioni, Ustari se lució ante Riquelme.
El desahogo llegó en medio de la presión de los Rojos, ya en el tiempo adicionado. Rodrigo Díaz intentó un cambio y Palermo la interceptó: el N° 9 no dudó y pateó desde un par de metros detrás de la mitad de la cancha. Golazo. Gargantas rojas y hasta alguna lágrima. Independiente se quedó sin nada porque no tuvo lo que Boca sí: la repentización de Riquelme y el zarpazo de Palermo.
Daniel Montenegro, volante de Independiente, acumuló la quinta tarjeta amarilla y no estará en la cuarta fecha frente a Banfield. Sería sustituído por Rodrigo Díaz o Ismael Sosa.
Adrián Calello (foto), volante de 19 años, debutó anoche en la primera división de Independiente. Reemplazó a Gastón Machín, que se retiró a los 15 minutos del primer tiempo por una dolencia muscular.
Rodrigo Palacio recibió un pisotón en el pie derecho y no jugó en la segunda etapa. Pese al susto, se descartó un esguince y estará disponible el próximo jueves frente a Cienciano, por la Copa Libertadores.


