River impuso su mayor categoría, y goleó a un Independiente con demasiados errores en las áreas

Argentina Superliga
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River Plate

River Plate

  • Julián Álvarez /
  • Ignacio Scocco /
  • Lucas Pratto
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Independiente

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Rodolfo Chisleanschi
(0)
17 de marzo de 2019  • 17:45

Los buenos jugadores siempre estarán por encima de las razones tácticas. Cuando aparecen, cuando dicen presente ya sea para determinar un ataque o apagar un incendio en defensa, marcan la diferencia, llevan a la práctica aquello que se habló en la teoría previa y logran que sus equipos establezcan ventajas sobre sus oponentes.

River e Independiente están salpicados de buenos jugadores y sus técnicos decidieron repartirlos por el campo de un modo bastante similar, lo cual explica por sí misma la paridad en el desarrollo general del juego. Cuando esto sucede, los partidos van y vienen según los aciertos y errores individuales que se van sucediendo. Y es por ese lado que debe entenderse la enésima victoria millonaria sobre el Rojo, tan fiel a la historia entre ambos en el resultado como en buena parte de lo ocurrido en los 90 minutos.

El resumen

Hubo cuatro en el fondo, volantes con mejor pie que efectividad en la marca y dos delanteros por ambas partes. Nacho Fernández colaboraba con el enorme esfuerzo de Bruno Zuculini en la recuperación de la pelota en el local, en tanto Hernández le daba una mano a Domingo en la vereda de enfrente. No llegaban a moverse en espejo, pero se asemejaban bastante.

En ese contexto, la suerte del vaivén pasa a depender exclusivamente de la capacidad de los futbolistas para equivocarse lo menos posible. O acertar el máximo, que viene a ser casi lo mismo.

El primer tiempo, que acabó con un empate que repartía justicia, mostró los primeros indicios de lo que podía ocurrir. La prematura lesión de Burdisso desacomodó al fondo Rojo y promovió una ráfaga de llegadas de River que Campaña se ocupó de desbaratar. Pero además, cada centro, cada pelota que caía en el área visitante desnudaba una multitud de dudas de Franco, Figal y quien anduviera por ahí para despejarla.

Julián Álvarez (58)

Del otro lado, en cambio, el trío Zuculini, Martínez Quarta, Pinola fue edificando una actuación convincente, que además tuvo en Armani el oportunismo para no fallar en un par de jugadas decisivas.

En el primer tiempo cada uno había tenido su momento. Hubo una ráfaga del local a partir de la movilidad de Nacho Fernández y la pegada de Quintero. También un buen rato del Rey de Copas, a partir de los 30, cuando Domingo y Pablo Pérez consiguieron que Hernández y Gaibor se sumaran al circuito de toques cortos.

Ese dominio visitante se prolongó hasta más allá del arranque del complemento, favorecido por el ingreso de Benítez que le quitó referencias e hizo dudar por primera y única vez en la tarde a los centrales del equipo de Gallardo, pero esa superioridad obtenida desde lo táctico volvió a naufragar por culpa de los fallos individuales.

Ignacio Scocco (70)

El fútbol también es cuestión de categoría, de saber estar en el lugar correcto en el momento preciso y tomar las decisiones adecuadas. Independiente amenazó durante un cuarto de hora con pisar fuerte y romper su prolongadísima racha adversa en el Monumental (una sola victoria en los últimos 22 años, allá por 2009). Pero fueron surgiendo Armani, Zuculini y Pinola para ahogar a Sánchez Miño y un par de veces a Benítez.

En el área de enfrente, apenas unos segundos después que Julián Álvarez entrara por un lesionado Juanfer Quintero, Matías Suárez (otro de muy buena producción) puso una pelota picada al vacío para el pibe. Parecía sencilla para Bustos, pero Álvarez le ganó con el cuerpo, giró y la puso contra el palo izquierdo de Campaña.

Lucas Pratto (81)

La capacidad de reacción ante un golpe inesperado es otro síntoma demostrativo de jerarquía. Hace apenas unos meses, en el mismo escenario, Independiente se puso 1-1 en el encuentro de vuelta de cuartos de final de Copa Libertadores y eliminaba a River del certamen. El conjunto de Gallardo se levantó enseguida, arrinconó a su rival y lo sometió con dos goles.

Este domingo, el tanto de Álvarez descalabró al Rojo. Desaparecieron la buena circulación de pelota, las paredes, las subidas picantes de Sánchez Miño y las carreras de Cecilio Domínguez, y las fallas en cadena terminaron de darle forma a una goleada imprevista. Se equivocó el arquero en un pase y fue el 2-0 de Scocco; nadie fue a buscar un rebote del mismo Campaña ante un remate de Carrascal y Pratto sentenció la chapa cuando hacía rato que los de Holan habían enarbolado la bandera blanca.

Planteado en los pizarrones o los videos, el fútbol parece siempre cercano a la paridad, al control del rival y la supremacía en ataque. Sobre la cancha y con la pelota rodando, es la categoría de los jugadores la que dicta sentencia. Y en estos tiempos, pocos equipos del fútbol argentino cuentan con mayor bagaje que el River del Muñeco.

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