Sampaoli es el síntoma, no la enfermedad

Sebastián Fest
Sebastián Fest LA NACION
La preocupación de Sampaoli
La preocupación de Sampaoli Fuente: AFP
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1 de julio de 2018  

KAZÁN.– "Que no me vuelva a tocar" , le advirtió Lionel Messi a Jorge Sampaoli . El que no debía "tocarlo" era Sebastián Beccacece, ayudante de campo del técnico de la selección, que durante aquel entrenamiento de hace unos meses en Madrid se había acercado al "10", le había puesto la mano amistosamente sobre el hombro y le había dejado unos comentarios al oído.

Sampaoli aceptó ese pedido, que no era tal, sino lisa y llanamente imposición, y siguió avanzando en el camino de la jibarización de su autoridad. Ahora, ya consumada la eliminación del Mundial en octavos de final, el sentido común indica que el técnico debería llegar a un acuerdo con la AFA para dejar la selección. El problema es que forzar la salida anticipada de un hombre que tiene contrato hasta 2022 cuesta 11 millones de dólares. Así y todo, que no cante victoria Sampaoli: la AFA sabe ser muy persuasiva y Claudio "Chiqui" Tapia se juega demasiado. Más temprano que tarde debería haber acuerdo. Esto es lo que contestó ayer Sampaoli cuando se le preguntó si piensa dejar su puesto: "Más allá del dolor, la frustración genera el temple de las personas. El hecho de estar acá no me hace evaluar lo que usted propone". ¿Por qué hablar fácil si se lo puede hacer complicado? Por suerte no le hablaba así a sus jugadores.

Que el técnico dure apenas un año en el cargo y se lleve una millonada sería la perla final de un Mundial al que se llegó tras temblar por la amenaza de los suplentes de Ecuador. Una vez en él se destacaron los rezos a Nigeria para que nos ayudara a seguir en carrera y el temor por lo que pudiera hacer Islandia. La selección supo, años atrás, tener árbitros de bastante más volumen a la hora de jugarse el destino.

En todo caso, El País de Madrid resumió hoy el partido con acidez: "Un delantero de verdad que se llama Kylian Mbappé acabó con una selección de mentira como es la Argentina de Leo Messi". Hay que leerlo de nuevo: selección de mentira. Hasta hace muy poco nadie se hubiera atrevido a escribir eso sobre el equipo de Kempes y Maradona, sobre la camiseta que viste Messi.

El problema de Argentina, sin embargo, excede en mucho a su técnico y a sus jugadores. Es cierto que el 2-1 sobre Nigeria está ya instalado entre los grandes momentos emotivos del país deportivo, pero el paso por el Mundial de Rusia dejó demasiados golpes, demasiadas verdades amargas por digerir. NI siquiera Messi es ya capaz de disimular el descalabro estructural y conceptual en el que se mueve el fútbol argentino. Y eso incluye a la otrora orgullosa selección nacional, como confirma amargamente José Pekerman, el hombre que convirtió en ejemplo mundial a las categorías juveniles de Argentina y este martes intentará que Colombia supere a Inglaterra y avance a los cuartos de final del Mundial.

Mientras Pekerman sufre al ver la degeneración de su obra, Messi ya entra en sus vacaciones. Cuando tiene tiempo libre, y en Barcelona dispone de mucho tras los entrenamientos, el capitán de la selección aprovecha la potente antena parabólica que tiene en su casa y ve todos los partidos y los programas deportivos de la televisión argentina. Lo mejor que podría hacer es aislarse de ellos durante los próximos días, porque la eliminación más prematura desde la salida en primera fase de 2002 generará un efecto de "levantamiento de veda". Muchos pedirán arrasar con todo y empezar de cero, otros insistirán en el fantasma de la "selección local", que ya se ha visto que es una entelequia, porque a los "cracks" del torneo argentino el Mundial les costó, y mucho. Que hablen si no Armani y Pavón, exigidísimos en Rusia. Se diga lo que se diga, los mejores jugadores argentinos son los que lograron llegar a Europa.

Pero una cosa es tener jugadores y otra ser un equipo. La Argentina tiene jugadores, entre ellos al mejor del mundo, título que este año le cuestionarán como no sucedió en más de una década. Pero la Argentina no es un equipo. Sampaoli, al que en Chile son incapaces de reconocer por su falta de autoridad y serenidad al mando de la selección, no supo darle una identidad ni un sistema. Nueve años después de que Josep Guardiola preparara a Messi para ubicarse como "falso 9", decidíó jugar con ese esquema tras apenas dos entrenamientos. La cosa salió como debía salir, muy mal, y a los 20 minutos Messi estaba recuperando la pelota en su área para evitar problemas a un mediocampo lento y estéril y a una defensa muy mal parada. El fútbol se juega hoy a una velocidad que la Argentina no tiene, por eso ayer la selección sufrió horrores a un Kylian Mbappé que corrió a 38 kilómetros por hora, más que Usain Bolt. El chico de 19 años, y no sólo él, hizo que le estallaron todas las costuras.

Sí, la suerte parece echada, Messi cerrará su carrera sin gritar campeón del mundo como lo hicieron Pelé y Maradona. A menos que ocurra algo muy potente y juegue en Qatar para ganar el Mundial a los 35 años. Muchas, demasiadas cosas y en muy poco tiempo, debería hacer muy bien la AFA para que esa pequeña posibilidad crezca. La confusión de Sampaoli es apenas el síntoma, no la enfermedad.

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