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Los chicos crecen.Y Javier lo hizo rápido. Un lunes del 1998 se entrenaba en la quinta división de River y el fin de semana siguiente le hizo un gol a Gimnasia y Esgrima de Jujuy, convirtiéndose en el jugador más joven en debutar en primera con un tanto en la historia del club de Núñez. Unos días después de haber cumplido 18 años dio la vuelta olímpica y fue el goleador del torneo Apertura; por unos meses no superó a Diego Maradona, el artillero más joven de nuestro fútbol, cuando actuaba en Argentinos Juniors. Así, como él en la cancha, su carrera tuvo un comienzo explosivo, vertiginoso, imparable. Llegó el título mundial con el seleccionado Sub 20, el pase a Barcelona, los millones, las luces que obnubilaron de entrada a este pibe nacido y criado en una familia humilde del Bajo Belgrano, ahí cerquita de la cancha de Excursionistas, club del cual es hincha. Ayer, como una continuidad incontenible, el Pibito jugó por primera vez en el Camp Nou y marcó el primer gol en la victoria por 3 a 2 sobre Parma, en la Copa Joan Gamper.
"Para vos Papi" , decía la remera que mostró Javier en la carrera descontrolada tras la anotación. No le importaba abrazarse con Rivaldo o Kluivert, buscó a su madre, Mary, en la platea del estadio. Lloraron juntos, a la distancia. Se lo había prometido a su padre, Roberto, antes de su muerte, el 7 del actual. "No voy a bajar los brazos, voy a seguir como siempre", fue el juramento.
Tarde o temprano, la vida da esos cimbronazos que calan hondo, que hacen revisar en lo más profundo de uno mismo recuerdos olvidados, detalles que parecían mínimos, pero que finalmente son la base para salir adelante. Una situación como la que atraviesa Javier hace que esa revisión sea diaria y se ejecute más allá del dolor. Saviola lo sabe muy bien y lo lleva a cabo desde hace tiempo. Compartió su pena con su gente de confianza y no se guardó lágrimas cuando tuvo ganas de llorar, como lo hizo arriba de un avión, antes de un partido de River, el año último.
"Tengo ganas de salir a la cancha y dedicarle un gol a mi padre, recién fallecido, que me está viendo desde allá arriba", había dicho Javier, anteayer. La mejor manera de homenajear a quien ya no está es hacer lo que uno siempre hizo, quizá con más ganas que antes, como para dejar en claro que la lucha constante de un ser querido contra una enfermedad tan terrible como el cáncer no fue en vano y dejó la mejor enseñanza: no bajar nunca los brazos.
Antes de irse, en las charlas informales, Javier siempre recordaba los sábados compartidos con su padre en la platea de Excursionistas. O aquel día que leyó su nombre en el pizarrón de primera para viajar a Jujuy y de la emoción se quedó petrificado y tardó un poco más de lo habitual en tomarse el colectivo hasta la parada en la que lo esperaba Cacho; cuando se bajó, los retos se escucharon en todo Belgrano, y Javier se reía. "De qué te reís b...?, me hiciste pegar un susto bárbaro", le dijo el padre. "Calmate viejo, voy a jugar en primera", le contestó Javier antes de abrazarlo y llorar juntos de emoción.
A los 19 años, la vida lo puso de cara a la realidad de la manera más dura. ¿Estará listo para jugar? ¿No será demasiada presión para un chico?, se preguntaban todos. El fue, jugó y marcó un gol, como siempre. Después se refugió en el afecto de su madre y pidió por favor que no le pasaran llamadas telefónicas. El se comunicó con quienes quería compartir este momento.
Saviola está marcado para ser un grande del fútbol mundial . Dependerá de él concretarlo. Lo cierto es que va por el buen camino. Las 50.000 personas que fueron al Camp Nou le brindaron su apoyo, algo que, históricamente, les llevó mucho tiempo a tantos de los grandes jugadores que pasaron por Barcelona.
Un pibe grande, cuya actuación de ayer va más allá del fútbol, de los millones de dólares y de un resultado. Fue la confirmación de un legado, el cumplimiento de una promesa: concretar lo que su papá hubiera querido para él en la noche catalana. El dolor del consejo ausente, del abrazo perdido y la imagen permanente no se irán nunca. Sólo queda una alternativa: seguir adelante, en el nombre del padre. A él le toca hacerlo con goles; a otros, de una manera distinta.
