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La sensación de despojo invadió a todo Estudiantes no bien el árbitro Javier Collado, de pésima labor, dio por concluido el encuentro en el que Quilmes derrotó al equipo platense por 1 a 0. Como catapultados por un resorte, la mayoría de los jugadores de Estudiantes, todavía con las pulsaciones a mil, rodeó como un racimo a Collado y descargaron su bronca por una derrota injusta por un par de decisiones que influyeron negativamente en el resultado.
Entre los más exaltados se advirtió al delantero José Luis Calderón, pero ya no había nada que hacer. La hinchada de Estudiantes, en su triste retirada, también le dedicó un repertorio de insultos al árbitro.
¿Cómo explicar la furia de todo Estudiantes? De entrada, a los 35 segundos, una combinación entre Calderón y Carrusca dejó solo a Pablo Luguercio; sin problemas, empujó la pelota al gol. Allí nació el primer gran error de Collado -que anuló la acción-, pese a que el defensor de Quilmes Pablo Barzola, en la misma línea, habilitaba la jugada desde el sector izquierdo.
Hubo otro error grave de Collado: a los 26 minutos, tras una serie de rebotes en el área de Quilmes, un violento derechazo de Pablo Alvarez se estrelló en el travesaño y la pelota picó un metro adentro; el impulso, rápidamente, hizo que la pelota saliese fuera del arco por la comba que tomó el balón en su violento recorrido. Todo Estudiantes reclamó el gol, pero Collado miró al juez de línea Carlos Borgarello, que no se movió de su posición.
Más allá de estos errores, hubo un partido, no bien jugado, pero intenso, vibrante, con dos equipos con actitud, que buscaron a su manera el triunfo.
La ruleta del resultado favoreció a Quilmes, equipo que desconcierta a sus propios simpatizantes. Es que los hinchas se preguntan cuál es el verdadero Quilmes: ¿ese equipo que se hace fuerte en su casa -que ganó sus tres partidos en esa condición-, o aquel que flaquea cuando debe salir de su feudo, que perdió sus tres encuentros como visitante?
"Este equipo está todavía en formación. Nos falta ser más regulares", fue la explicación del técnico Osvaldo Sosa, tras el partido.
Las virtudes y los defectos de Quilmes y Estudiantes quedaron expuestos a lo largo del partido. Quilmes es un equipo limitado que depende en gran parte de la pegada de Juan José Serrizuela, el talento en cuantagotas de Miguel Caneo y los piques -con mucha picardía- de Silvio Carrario, siempre peligroso en los últimos metros.
A estos tres nombres, ayer se sumó la figura del match: el zaguero Sebastián Pena, un verdadero frontón en el que rebotó la mayoría de los intentos de Estudiantes. Sin delicadezas, pero firme en cada cruce y fundamental en el juego aéreo. Por momentos, Pena hizo recordar aquel defensor que se consagró campeón Mundial Sub-21 en Qatar, junto a Sorin y compañía.
Por el lado de Estudiantes, lo mejor de su repertorio se vio en la primera parte, donde además de las dos jugadas mencionadas al comienzo, en las que fue perjudicado por Collado, tuvo la situación más clara en un cabezazo de Alayes, que obligó a una estupenda atajada de Ramírez, que descolgó la pelota de un ángulo.
Los errores de Estudiantes en cada centro cruzado fue la vía que podía explotar el equipo local. El arquero Martín Herrera no ofreció en ningún momento seguridad cuando tuvo que salir de los tres palos, factor que contagió nerviosismo a los defensores platenses.
No extrañó que a los 32 minutos de la segunda etapa un tiro libre desde la derecha de Serrizuela -que provocó un grotesco choque entre Herrera y Cáceres-, hubiera desviado la pelota que le quedó servida a Gonzalo Choy -ex volante de Gimnasia-, que sólo tuvo que empujarla para el gol en su primera intervención, aunque no fue estimulante el gesto, en tono de cargada, a la hinchada de Estudiantes, ante la pasividad del árbitro Javier Collado.
No hubo más tiempo. Estudiantes sintió el esfuerzo por el match con Sporting Cristal, por la Libertadores, y se quedó sin resto. Quilmes se aferró a la victoria y no pensó en los errores del árbitro. Después de todo, el fútbol tiene alternativas que van más allá de los propios jugadores.
23 Los años que Quilmes no vencía a Estudiantes. La última vez había sido en el Nacional de 1982 por 1-0, en el viejo estadio de Guido y Sarmiento
Antes de iniciarse el encuentro, se realizó un minuto de silencio en homenaje al ex arquero de Quilmes Alejandro Mulet, que falleció hace una semana por un derrame cerebral. Mulet murió a los 37 años, y estuvo en el equipo que logró el ascenso a primera división en 1991.
En Estudiantes llegó a la quinta tarjeta amarilla el volante José Sosa, que no podrá jugar el próximo miércoles frente a Tiro Federal, por la 7a. fecha. La amonestación de Sosa mereció el reproche del técnico Jorge Burruchaga, pues el jugador obstaculizó al arquero Ramírez.
Más allá de la victoria de ayer, la campaña de Quilmes se caracteriza por la irregularidad. El equipo del Sur ganó sus tres partidos como local y perdió igual cantidad de cotejos en condición de visitante. Cuando salió de su estadio Centenenario, Quilmes tampoco anotó goles.
Por la clausura del estadio de Estudiantes, el equipo platense está ejerciendo la condición de local en el estadio Centenario, tanto en el torneo local como en la Copa Toyota Libertadores. Por eso, Estudiantes salió a la cancha con una bandera que decía: "Gracias Quilmes".
Pese a su derrota de ayer por 1-0, Estudiantes sigue arriba y con amplio margen en el historial frente a Quilmes. En total jugaron 55 partidos, de los cuales Estudiantes se impusó en 24 ocasiones, Quilmes logró 13 triunfos, y empataron en 18 oportunidades.



