En un partido sensacional, Tigre y Banfield empataron 4 a 4 por la Superliga

Argentina Superliga
  • 4
Tigre

Tigre

  • Federico González
  • Walter Montillo /
  • Lucas Janson /
  • Federico González
  • 4
Banfield

Banfield

  • Jesús Dátolo /
  • Jesús Dátolo /
  • Agustín Fontana
  • Agustín Fontana
Ariel Ruya
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8 de febrero de 2019  • 18:45

Por mucho tiempo, se va a recordar esta pieza futbolística. No fue solamente un partido, uno más de la Superliga: es la mejor expresión de que la combinación de talento, astucia y esperanza, matizada por un concierto de errores, da como resultado una obra de arte del suspenso, la ingenuidad y el aplauso. A Tigre no le sobra nada: su obsesión es permanecer en primera, hundido en el sótano de la angustia de los promedios. A Banfield no le sobra nada: con Hernán Crespo en la conducción y con la nostalgia de Darío Cvitanich, va al frente, hace lo que puede. Con poco, con lo que les dejan los demás, crearon una obra fabulosa, imposible de olvidar. Veteranos, jóvenes promesas, apellidos sin nombre. El empate 4 a 4 los refleja: lo dieron todo, no se guardaron nada.

Entre todos, Walter Montillo. A los 34 años, es un jugador de los de antes. Precisamente, un número 10 de los de antes: fue ídolo en el fútbol brasileño y, a esta altura, juega con las medias bajas, con el compromiso de los que entienden la clase, la creatividad al servicio del conjunto. Y vale, vale mucho más, si se trata de uno de los equipos que luchan a pesar de las adversidades, con la ilusión de saber que, aún con su mejor versión, será muy difícil quedarse en primera. Sigue último, con 0,987.

El resumen del partido

Banfield ganaba 2 a 0. Tigre, de pronto, en diez minutos, se puso 3 a 2. Banfield, casi sin darse cuenta, reaccionó y quedó arriba, 4 a 3. Al minuto, Tigre empató otra vez, en el comienzo del segundo capítulo. De locos, con tres penales –todos bien cobrados por el árbitro Darío Herrera- y actuaciones de altísimo vuelo, como Federico González, autor de dos goles o Agustín Fontana, un pibe de Banfield, también con dos. Dátolo estuvo en esa sintonía, pero sus goles fueron de penal, en una noche de viernes con estrellas de todos los colores.

Un tiro en el palo de Tigre, un remate en el travesaño de Banfield. Los últimos minutos perdieron intensidad, se frenaron los errores, pero Banfield tomó la lanza, con un jugador más, por la expulsión de Ignacio Canuto. Pudo ganarlo el Taladro. Debió ganarlo el Matador. Se quedaron sin piernas, con el oxígeno recortado, con los aplausos de los que creen que no está todo perdido, en una hermosa historia creada en Victoria.

Por: Ariel Ruya
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