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Desorientación, decepción, intolerancia, furia, descontrol... Independiente provocó cada una de esas sensaciones. Dentro de la cancha, con un equipo que naufragó en la búsqueda de los objetivos. Y fuera de ella, con los desatinos dirigenciales y con la inquietante exacerbación de los hinchas. La goleada que le propinó Boca le dio aún más temperatura a esa olla a presión que desde hacía rato silbaba . Se llegó a un punto límite. Así lo indica la insólita agresión del DT José Pastoriza al jugador xeneize Pablo Alvarez. Así lo marcan los golpes de puño en la platea y la rotura de los vidrios en el palco que ocupaban algunos dirigentes durante el primer tiempo. Así lo deja en evidencia la salida del equipo del estadio, cubierto de insultos por 200 hinchas en el estacionamiento. En todo sentido, Independiente está a la deriva.
Tras la eliminación en la Copa Libertadores y la lejanía de la punta del Clausura, Independiente depositó buena parte de su ilusión en el clásico ante el líder. La desazón y la impotencia fueron inaguantables tras los dos goles de Boca. Cuando arreciaban los insultos para el equipo, Pastoriza perdió los estribos con una reacción impensada. Alvarez se tiró al suelo para recuperar una pelota y, sin intención, derribó al entrenador, que lanzó un puñetazo que sólo encontró el aire. Se armó un gran tumulto y Pastoriza se retiró expulsado.
Ese incidente pareció detonar la ira del público. Hubo insultos para el presidente Andrés Ducatenzeiler y algunos plateístas rompieron los vidrios de uno de los palcos. Mientras muchos dirigían sus reproches hacia Sergio Pardo, director ejecutivo del Plan Centenario -busca el saneamiento del club-, otros les apuntaron a Noray Nakis, presidente de la Lista Roja, y al DT Humberto Grondona (hijo de Julio, presidente de la AFA).
El partido estuvo detenido durante dos minutos. La confusión dominó todo. Más aún cuando algunos barrabravas intentaron romper la reja que dividía la tribuna popular de la platea. Nada más grave ocurrió porque intervino la policía. La seccional 1ª de Avellaneda informaría que no se produjeron detenciones por los desmanes. El cántico atronó: "Váyanse todos la p... que los p..." Si hasta las Diablitas fueron silbadas durante el entretiempo.
La segunda etapa mostró una tregua. El sufrimiento y la desdicha potenciaron el amor propio de los hinchas, que, excepto por alguna recriminación individual, sólo alentaron. Al final, una silbatina despidió a los jugadores. El desafío quedó planteado otra vez: "Gánenle a Racing, la p... que los p..."
Bajo una fuerte custodia policial, el ómnibus que transportó al plantel se retiró a oscuras. La gente se agolpó e insultó a los jugadores hasta que el vehículo se perdió en la calle. Independiente busca el rumbo.
La reflexión primó después del enojo. El DT de Independiente se disculpó con el jugador de Boca Pablo Alvarez, al que le lanzó un golpe de puño. "Ya hablé con él y le pedí perdón. Fue una calentura del momento", afirmó Pastoriza. El entrenador también se refirió a la actualidad del equipo. "De esta situación sólo se sale con trabajo. Aunque la gente tiene que entender que no tenemos un plantel como para ganar todos los partidos", comentó.
Uno de los pocos jugadores que hablaron fue el arquero Carlos Navarro Montoya, el único que se salvó de los insultos. "Boca fue superior. Entiendo el descontento de los hinchas porque este club siempre estuvo acostumbrado a ganar. Tenemos que mejorar muchísimo. La grandeza de Independiente va más allá de los resultados."
