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Los siete goles de Boca provocaron un shock en San Lorenzo. Para todos, hubo un antes y un después. El clima se enrareció apenas terminó el partido del domingo, en el Nuevo Gasómetro. Los rumores de peleas, cuestionamientos y supuestas renuncias aparecieron en escena. Y ayer, en el regreso a las prácticas del plantel azulgrana, en el Bajo Flores, la historia tomó otro color, aún más oscuro. La presencia de un grupo de ex integrantes de la barra brava, socios vitalicios en la actualidad, terminó de alterar el ambiente: mostraron su malestar, en forma de gritos e insultos, sobre todo contra un jugador, Osmar Ferreyra, y mantuvieron una sugestiva reunión con el DT, Oscar Ruggeri. Resultó, al fin, una mañana de alta tensión en la vida de San Lorenzo.
Eran las 9.50, cuando el plantel y el cuerpo técnico se reunieron. Durante 25 minutos, en el vestuario local, hubo voces de dura autocrítica y un explícito pedido de unidad. Afuera, una masiva presencia periodística hacia guardia, como pocas veces ocurre en el Bajo Flores. También se observaba una llamativa presencia policial, celosa con los pedidos de credenciales y, tal vez, permisiva con la llegada de hinchas y socios que, en general, no concurren a los entrenamientos.
"Vengo a hablar con Oscar [Ruggeri]", le dijo el Colorado a Sergio Batista, el ayudante de campo del DT. "¿Y vos quién sos?", le preguntó Checho, sorprendido por el tono del diálogo. "El [por el entrenador] me conoce bien", le contestó el Colorado Oscar Romero, líder de los integrantes de la antigua barra azulgrana, hombre de unos 50 años. Al rato, Ruggeri aceptó la idea del encuentro.
Mientras tanto, los jugadores se sometían al rigor físico. "Yo no soy un hincha cualquiera. Tengo más acceso que otros socios porque llevo varios años acá", se justificó el Colorado, que aprovechó la ocasión para presentar en sociedad a la agrupación Viejo Gasómetro, con la que se presentará como candidato a vicepresidente en las elecciones de diciembre de 2007. Cerca de ellos había otras personas, supuestos socios. Se los veía inquietos, movedizos, alertas. Uno de ellos era Pablo Serantes, integrante de la Subcomisión del Hincha, una agrupación que impulsa cuestiones sociales en el club, y que algunos relacionan con varios simpatizantes violentos.
Los rumores, cerca del mediodía, se sucedían: que Ruggeri había presentado la renuncia; que Sebastián Saja se habría peleado con Sebastián Méndez; que el zaguero, a su vez, deprimido, habría amenazado con alejarse del club; que Malevo Ferreyra era señalado como responsable de gestos ofensivos a la platea luego de la derrota ante los xeneizes.
Una pelota se desvió del campo auxiliar. Malevo le pidió el balón a Pablo Serantes, que la había atrapado, y recibió una respuesta irónica. "¿Para qué querés ésta? Ahí tenés como veinte. Además, el domingo había una sola y tampoco la viste ", le gritó.
Jonathan Bottinelli, un referente del plantel, surgido en el club, advertido de la tensión, intentó separarlos. "¡Vos no venís nunca acá!", le gritó. "¿Ah, no? Yo te conozco de chico. Si querés, lo resolvemos en el barrio", le contestó el integrante de la Subcomisión del Hincha.
Malevo era el señalado. La práctica había finalizado y los jugadores, uno a uno, marcharon hacia los vestuarios. En el camino, alambrado de por medio, se produjo el episodio de mayor tensión. Ferreyra le habría contestado con un insulto a Serantes. Y allí se metió el Colorado. "Vos trataste muy mal a la platea. ¿Qué saltás, si sos gallina ?," le recriminó, por su pasado en River. Ferreyra los enfrentó, pero Bottinelli los separó. "Este señorito p a la gente", gritó el hincha.
Un hombre mayor, al pasar, increpó a Ruggeri: "¡Andate, Cabezón!", le dijo. Y recibió la mirada desafiante del DT.
Eran ya las 12.20. Mientras los jugadores se duchaban, el Colorado, que es dueño de un taller mecánico y desde hace un tiempo ocupa un lugar en la platea Norte, les indicó a los agentes de la seguridad privada quiénes iban a pasar, uno a uno, a la reunión con Ruggeri y Batista. Y pasaron, entre empujones, hacia el encuentro, que duró 42 minutos.
"Vine a hablar con Ruggeri. Necesitaba una aclaración. Yo pedí permiso", explicó el Colorado después, mientras insistía en su candidatura como futuro dirigente de San Lorenzo. "Son socios vitalicios. Me preguntaron algunas cosas y me invitaron a un bar", relató Ruggeri. La Subsecretaría de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos, a cargo de Javier Castrilli, sumará las pruebas de lo sucedido y, posiblemente, realice una presentación judicial, luego de una mañana de insultos, intentos de agresión y nerviosismo a flor de piel. Vale aclarar que la barra brava, conocida como La Buteler, liderada en la actualidad por el Gordo Ito, nada tuvo que ver con el incidente.
Mientras los jugadores se iban, el Colorado, que según él ha tenido una relación "agresiva" con Pipo Gorosito y un trato "cordial" con Gustavo Alfaro en sus respectivos pasos por San Lorenzo, se despidió con una última frase: "Poné que somos socios y ex integrantes de la hinchada. No soy barrabrava ni delincuente".



