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Apenas resultó un compromiso para cumplir. No mucho más que eso. En ese contexto se encuadraron River y Quilmes, que ofrecieron un espectáculo que se condijo con sus producciones durante el Apertura. El empate 1-1, en el Monumental, no fue más que una consecuencia de dos equipos que nunca encontraron el rumbo.
Ante este panorama, las expectativas de River poco tenían que ver con el encuentro que marcó el final de la excursión millonaria en el Apertura. La atención de la gente y los propios protagonistas se concentró en saber quiénes serán los jugadores que conformarán el éxodo y cuáles serán los que arribarán de cara a los compromisos que el equipo de Núñez tiene en su agenda 2006: el torneo Clausura y la Copa Libertadores.
Apenas resultó un detalle la apatía futbolística de unos y de otros. Poco importó que, en el comienzo del partido, San Martín le cometiera un ingenuo penal a Desábato y que Caneo se encargara de abrir el marcador. Porque en realidad, en las tribunas, los hinchas de River se preguntaban ¿en qué estado están las negociaciones con los dirigentes de Fenerbhace, de Turquía, para que regrese al club Ariel Ortega? Y se lamentaban porque el sueño de contar con Sebastián Verón se apagó ante el deseo del jugador de continuar un tiempo más en el fútbol europeo.
Tampoco alarmó a nadie en el Monumental que el equipo millonario continuara huérfano de ese juego atildado con el que se identifica su público y que la usina para generar acciones de peligro fueran las jugadas de pelota parada. Con la evidencia en la conquista del empate, que llegó tras un tiro libre de Montenegro, que peinó Santana y dejó sin reacción a Ramírez. En realidad sólo importaba saber si se materializarán los deseos del entrenador Reinaldo Merlo de contar para la próxima temporada con el defensor Fabricio Fuentes y los volantes Fernando Belluschi y Leandro Romagnoli.
Para Quilmes tampoco resultaron traumáticas las intermitencias de un equipo que se movió de acuerdo con las esporádicas inspiraciones de Caneo. Porque ya piensa en 2006, en saber quién serán el próximo DT –ayer lo condujo interinamente Ramón Mántaras– y qué jugadores llegarán.
Y en verdad apenas será una anécdota que Oberman y Gonzalo Higuaín pudieron darle el éxito a River. Porque en realidad se esperaba el final del torneo para comenzar las negociaciones por las salidas de Ricardo Rojas, Gabriel Loeschbor, Jesús Méndez y Diego Galván, y para analizar las posibles ventas de Gastón Fernández, Diego Barrado y Jairo Patiño.
En definitiva, un final ansiado. Que les permitirá a los dos archivar el torneo Apertura, y definitivamente, concentrarse en el Clausura.
Reinaldo Merlo, como pocas veces en los últimos partidos de River, salió rápido del vestuario y enfrentó a la prensa. El DT millonario hizo un pequeño balance de su gestión, habló de los refuerzos y hasta le deseó buena suerte al técnico de Boca. “Como amigo del Coco (por Basile) ojalá que le vaya bien, pero yo me tengo que preocupar por River”, dijo Mostaza.También analizó sus primeros meses en el banco de River: “Cuando el equipo agarró la onda, que fueron esos cuatro partidos que ganamos por goleada, con arranque con Central y final ante Argentinos, y que nos permitieron acercarnos a la punta, aparecieron las lesiones que nos complicaron”, comentó Merlo. Y sobre los refuerzos dijo: “Voy a pedir un jugador por línea y los nombres ya los tienen los dirigentes”.
Ayer, en su debut en la máxima categoría, el árbitro César Guidoni le cobró el primer penal en contra a River en todo el Apertura.
Hace 23 años que Quilmes no logra un éxito en el Monumental. El último triunfo fue el 14 de marzo, por 3-2, en el Nacional de 1982.



