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CORDOBA.- Darío Ceferino Barrera, un jugador de la cuarta división de Talleres, de esta ciudad, falleció anteanoche después de un golpe en un partido. El hecho ocurrió el domingo 9 del actual, en un encuentro contra Racing, de Córdoba. Darío fue a disputar una pelota y chocó con su compañero Brasca, el arquero del equipo. Sintió dolor en el estómago, una sensación que lo acompañaría hasta una semana después y que con el correr de los días se transformaría para los médicos en una grave lesión en el duodeno, la que le provocó la muerte. Tenía 18 años y era marcador central. Vivía en la pensión de Talleres, alejado de sus otros seis hermanos y de sus padres Daniel y Albina.
Después de ese encontronazo con Brasca y luego de ser atendido fuera de la cancha, se retiró a su domicilio en el barrio Granja de Funes, segunda sección. Algunos afirmaron que su malestar ya se manifestaba cuando dejó el predio de Racing. El presidente de Talleres, Carlos Dossetti, lo negó. En la semana fue derivado hacia el hospital de Urgencias, donde se comprobó la gravedad de su estado y lo operaron. "Después de la operación estaba mejor. Inclusive yo lo ayudé a que se levantara porque se sentía bien", dijo Maximiliano Bustos, amigo de la infancia.
Su estado se complicó este último fin de semana. Falleció aproximadamente a las 22 de anteayer. Sus familiares no pudieron ocultar el disconformismo por la gestión del manager de las divisiones inferiores, José Omar Reinaldi, a quien recriminaron la falta de atención a Darío en la finalización del partido. Lo cierto es que luego de una semana de padecimientos, Darío Ceferino Barrera dejó su vida por el fútbol. Un final muy distinto al de sus sueños.



