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Vélez confirmó su sexta plaza en la Superliga, que lo mete directamente en octavos de final de la Copa que se inicia la semana próxima, con una goleada 4-0 sobre Lanús mucho más clara en el marcador que en el desarrollo. El Granate, en cambio, quedó a expensas de los resultados de mañana para saber si el año que viene jugará o no en la Sudamericana...
Gabriel Heinze y Luis Zubeldía tienen más puntos en común que el tono rubio de sus cabelleras. Los dos son técnicos de la nueva hornada, más allá de la mayor experiencia de uno como jugador y del otro como entrenador. Ambos trabajan en profundidad el sistema de juego, estudian con obsesión lo propio y lo ajeno, apuestan a los movimientos en bloque en ataque y retroceso y a la dinámica para progresar con la pelota contra el suelo. Los dos rescataron a sus equipos de situaciones angustiosas: a Vélez, que arrancó esta Superliga muy cerca del descenso; y a Lanús, que se fue complicando la vida a medida que avanzaba el torneo. El problema es que al enfrentarse con tanta semejanza tienden a anularse.
Ocurrió durante unos pobres 45 minutos en Liniers, donde lo más notable fue la inclinación -difícil de entender- de Germán Defino de explicarle a todo el mundo cada decisión que toma.
Mucha presión en el medio, mucho esfuerzo para anticipar y bloquear las opciones rivales pero prácticamente ninguno fructífero en materia creativa. No había anotaciones en el cuaderno hasta que a los 34 Domínguez metió por fin un pase picante, tocó Almada y la diagonal de izquierda a derecha del bahiense Bouzat dio comienzo a su festival particular con un zurdazo que venció a Ibáñez.
EL TRIUNFO DE VÉLEZ ANTE LANÚS#SuperligaxFOX | Así fueron los goles del Fortín en la goleada ante el Granate en Liniers. Descarga la APP! https://t.co/T5cuSvu2EIpic.twitter.com/qE1LiTXcIG&— FOX Sports Argentina (@FOXSportsArg) 6 de abril de 2019
Si el 1-0 parcial guardaba poca relación con lo visto, lo ocurrido a continuación aumentó esa sensación. Porque dentro de la medianía Lanús era un poquito más, a favor de la seguridad de los del fondo y la habilidad (sin final) de Acosta y Moreno.
Pero Bouzat volvió a encenderse a los 52 después de un muy buen centro atrás de Leandro Fernández y entonces todas las paridades y semejanzas se derrumbaron de un plumazo para abrir las ventanas a una goleada impensada. Lanús comenzó a acumular errores en cada una de las líneas, se fue mentalmente del partido y hasta sumó la desgracia de dos remates consecutivos al palo.
Vélez, claro, fue la contracara. Almada sacó a relucir su gambeta, Bouzat continuó su día inolvidable tras un nuevo encuentro con Fernández y hasta Rodrigo Salinas se dio el gusto de sacudir la red rival en la primera pelota que tocó. ¿Que el 4-0 puede sonar exagerado? ¿Que estuvo lejos de ser una exhibición de fútbol? Nada de esto le importó a una hinchada que inició esta Superliga con la angustia de los promedios y terminó lamentando haber perdido por tan poco la clasificación para la Libertadores.
El final con dedicatoria al Gringo Heinze -casi un pedido para que renovase su contrato por una temporada- fue, quizás, el mejor resumen de un torneo en el que Vélez dio vuelta la página, se olvidó de las preocupaciones y empezó a reclamar aquel viejo papel de protagonista del fútbol argentino que disfrutó hace no demasiado tiempo.


