Vivía en un haras de lujo en Parma, pero igual dejó el confort: por qué Hernán Crespo volvió a la Argentina

Hernán Crespo habla del fútbol argentino y de sus desafíos en Banfield

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Cristian Grosso
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21 de enero de 2019  • 23:59

Por estas horas, ellas preparan las valijas en su casa en las afueras de Parma, donde la familia tiene un haras construido alrededor de un casco del siglo IX. Todas. La esposa de Hernán Crespo, la italiana Alessia Rossi, exmodelo y amazona de élite, y las tres princesas de Hernán, Nicole, Sofía y la pequeña Martina. Crespo ha viajado mucho en su vida. Solo y en familia. Se radicó en Parma, Roma, Milán, Londres, de nuevo Milán, de nuevo Londres, Génova, de nuevo Parma… Después de doce mudanzas en una década, Nicole, un día le preguntó: "Pa, ¿qué pasa que hace un tiempo que vivimos en la misma casa?". Cálida intriga infantil. Cambiar de domicilio se había vuelto casi un juego en la rutina de los Crespo. Hasta que se establecieron en la región de la Emilia-Romaña, en el norte italiano. Pero papá cambió de planes y hace 18 días que prácticamente vive en el predio de Banfield, en Luis Guillón, al borde del Camino de Cintura.

Llegarán próximamente a Buenos Aires porque la familia volverá a reunirse alrededor de una fecha muy especial: el viernes debutará Crespo como entrenador en la Argentina. Será una estada breve por las obligaciones escolares, pero si todo marcha bien en la nueva excursión, más adelante se establecerán en el país. Alessia atesora un sueño: representar a la Argentina en su pasión, los saltos hípicos. Ella es la dama que atrapó al soltero eterno. Nunca había llevado una novia a su casa, hasta que a los 27 años presentó a Alessia. Vaya paradoja, porque se iba a casar dos veces Hernán: en 2004 en Italia, y al año siguiente, en la capilla del colegio La Salle, en Florida, donde el ‘Polaco’ recorrió su juventud.

Después del retiro aprendí como es la vida cotidiana de las personas. aprendí a ser un tipo normal

Crespo se fue del país a los 21 años y regresa con 43. Centenares de goles y 12 títulos después. Jugó con Ibrahimovic, Pirlo, Buffon, Seedorf, Maldini, Kaká, Desailly, Figo, Cafú, Cannavaro, Lampard, Enrico Chiesa, Schevchenko, Thuram, Patrick Viera, Gattuso, Nesta, Nedved, Costacurta, John Terry, Inzaghi, Recoba, Vieri, Petr Cech, Drogba, Robben, Diarra… y tantos más. Hoy es un hombre más. Se retiró a principios de 2012, y entonces descubrió de qué se trataba ir a un bautismo o a un cumpleaños. "Aprendí como es la vida cotidiana de las personas. Aprendí a ser un tipo normal", asume.

Volvió a ser hijo, también. Hijo único. En estos días se mudará a Puerto Madero, pero las últimas semanas, las pocas veces que dejó de ver horas y horas de partidos en el predio de Guillón, estuvo viviendo en la casa de sus padres, con Jorge y con Susana, en San Isidro. El regreso mantiene asuntos pendientes, desde un auto propio hasta trámites y documentación. Nada lo desanima, ni esos kilitos de más que dejaron las Fiestas y los reencuentros con amigos. Igual, prometió bajarlos muy pronto. El desafío de Banfield lo tiene felizmente tenso. Agradecido con un club que aceptó hablar de un proyecto, que se arriesgó con un rookie, casi un debutante más allá del trabajo que Crespo desarrolló en las inferiores de Parma y en Modena, en la serie B del calcio, hasta marzo de 2016.

Hernán Crespo, el entrenador de Banfield volvió a la Argentina, tras su paso por Parma
Hernán Crespo, el entrenador de Banfield volvió a la Argentina, tras su paso por Parma Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

Un día, eligió salir de la zona de confort. Lo recuerda bien. Hacía medio año que había dejado de jugar, andaba en pijama por la casa, barbudo, de sillón en sillón mirando películas en la TV. Hasta que su hija Sofía le preguntó: "Papá, ¿por qué a nosotros no nos falta nada si vos no trabajás?". Entendió que esa jubilación de privilegio era un pésimo mensaje para su familia. Entonces empezó a bucear: retomó el curso de entrenador hasta completarlo, hizo tareas como comentarista en varias cadenas y colaboró con el grupo chino de inversiones Desport, dueño del club Granada y accionista en Chongqing Lifan, de la Superliga china, y de los Minnesota Timberwolves, de la NBA. Su buen inglés ha sido una llave.

Acá nos convencieron de que en el desorden la pasamos bárbaro, y son los incapaces los que en el desorden pueden vivir mejor

Ahora dobla la apuesta. Y se aleja aún más del confort. ¿Qué ganas de complicarse la vida?, pensarán muchos… "Puedo entenderlos, pero en casa mirando fútbol por TV era un león enjaulado, no me sentía feliz, entre comillas, y lo único que hacía era generar malestar. Soy insoportable. Soy un alma inquieta…", le revela Crespo a LA NACION. Volver… "Tengo una necesidad desde la madurez mental, desde el deseo de vivir muchas cosas. De enriquecerme con nuevas vivencias desde otra edad y otra visión. Soy muy curioso y tengo un poquito de alma de gitano…". En un momento explotó el entrenador que Crespo llevaba adentro. Aquel goleador, siempre agazapado, mientras leía defensas y estudiaba a los arqueros, absorbía a sus entrenadores. Y se preparó. Hizo una especie de pasantía con Carlo Ancelotti en PSG, y asistió regularmente a muchos entrenamientos de Mourinho y de Simeone.

Pero…, ¿por qué en la Argentina? "Porque soy argentino, yo no soy europeo. Estamos en un momento de cambios y yo quiero estar. Yo no digo que nos volvamos el fútbol más civilizado, porque tampoco somos eso como sociedad, somos nosotros, pero en nuestro desorden, pongamos un poquito de orden. No es tan complicado", se ilusiona. Podría aplicarse la figura del científico que triunfó en el exterior y quiere devolverse al país aquella formación.

Crespo fue el jugador más caro del mundo durante algunas semanas, cuando en 2000 Lazio le pagó 55 millones de euros a Parma. Luego lo superó Figo, en su polémico desembarco de Barcelona a Real Madrid. Nunca se engaño. "Yo hice de necesidad, virtud. Yo no era más rápido que los demás, no saltaba más alto que los demás, no le pegaba con la derecha mejor que los demás… No era mejor que los demás en algo, pero me esmeré para tener todo. Para hacer la diferencia yo necesitaba entender el juego. Teniendo más información, mas fácil me resultaba todo". ¿Asoma un docente? Didáctico, meticuloso, aparece un entrenador paciente para explicar pero enérgico para demandar. "Quiero una identidad de que Banfield pueda sostener", subraya.

Fueron 22 años en el extranjero. "Desde allá, Argentina se ve como un país maravilloso, como una posible potencia en muchas cosas, pero perciben que no tenemos ganas de hacerlo. Tenemos muchas cosas buenas, pero no nos queremos dar cuenta y optamos por no mejorar –le cuenta a LA NACION–. Nos convencemos de que está bien así como está. De que en el desorden todos vivimos y la pasamos bárbaro, y los incapaces en el desorden pueden vivir mejor. Pero si ponés las cosas en orden, queda a la vista quién trabaja bien y quién trabaja mal". ¿Habla de fútbol Crespo? Tal vez. El entrenador está ilusionado. Y el ciudadano volvió porque siente que hay mucho por hacer. Nada de pantuflas.

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