

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Hombre de convicciones Leonel Gancedo. No se doblegó cuando jugaba dos partidos de titular y al siguiente salía del equipo sin que su rendimiento haya sido inferior a los de sus compañeros; ni siquiera bajó los brazos cuando Ramón Díaz dispuso que se entrenara con la reserva, hace un año. Por eso, ahora disfruta como pocos este exitoso momento de River, que va de la mano de su victoria personal, aunque él diga que no es tan así.
"Es lindo poder jugar, tengo que aprovecharlo y disfrutarlo. Ahora, con la continuidad, me siento mucho más confiado; los partidos te dan ritmo y levantan tu nivel. Yo soy así, cuando erré el penal contra Vélez me puse mal, pero enseguida me levanté. No es una cuestión de personalidad, son las contingencias del juego", dice mientras Damián Alvarez, su compañero de equipo y vecino de Morón, lo espera como siempre en su camioneta para que lo acerque a su casa.
Hasta en el superclásico con Boca el Pipa sacó a relucir toda su personalidad, que lejos está de los flashes y de las declaraciones estridentes. Dos días antes del partido, su hijo Tomás, de casi 8 meses, debió ser internado en la clínica Mitre por una grave infección respiratoria; el domingo, Gancedo salió al Monumental con la frente bien alta y se retiró con lágrimas. "Mis hijos (Nicolás, cinco años, Santiago, tres, además del bebé) son lo más lindo que Dios me dio. Pasar por la situación de que Tomás haya tenido que estar con un tubo de oxígeno en una clínica me hizo dudar, pero mi mujer (Carolina) me empujó para que juegue el clásico. Me decidí, por suerte tuvimos semejante alegría y mi hijo ya está en casa", comenta.
Un grupo de chicos le pide autógrafos; es el momento de hablar de este River que dejó de dar tumbos para caminar con paso firme: "Tenemos que seguir igual que contra Boca. Ganar el superclásico, sobre todo por el tema de la racha, nos dio un empujón anímico importante, pero tenemos que tener cuidado porque a River todos le quieren ganar".
Si bien los disfrutó en silencio, como es su costumbre, Gancedo, de 28 años, participó en los cinco títulos (tricampeonato, Supercopa y Libertadores) que consiguió River con Ramón Díaz. También sufrió el bajón futbolístico de los últimos dos años. Ahora parece que el equipo resurgió. "Tenemos excelentes jugadores y un grupo bárbaro, muy unido; y los grandes objetivos se logran a través de eso: del compañerismo. Sólo con jugadores buenos no se logra nada; todos somos importantes, hasta el utilero y el masajista. Así, todos involucrados para conseguir lo mismo, llegaremos a tener un River campeón", asegura el Pipa.
Entonces, ¿en esos dos años faltó compañerismo? "No... se habían ganado cinco torneos y hubo que rearmar todo. Aparte, no se puede mantener siempre el mismo nivel. Eso es lo que le pasa a Boca; consiguió dos títulos y era lógico que tenga un traspié", dice con una sonrisa.
Leonardo Astrada dijo que el superclásico definía en un 70 por ciento el campeonato; Javier Saviola aseguró que van por el título. Gancedo pretende ser cauto, aunque al final se delata: "Pretendo ser campeón, pero falta mucho. Queremos ganar el título jugando bien al fútbol... y eso, a veces, nos sale".
La indeclinable fe en Dios es una de las características de Gancedo. Todo comenzó cuando jugaba en Argentinos Juniors y por una inquietud personal se acercó a la reuniones que realizaban Los Atletas de Cristo, organización que trajo al país el brasileño Paulo Silas cuando desembarcó en San Lorenzo. "Empecé con Atletas, pero hace tres años que no voy; ahora hacemos reuniones en mi casa. Nuestro intelecto no conduce a la verdad; la única verdad está en Dios", señala.
Casi todas las frases del volante de River empiezan o terminan con Dios; lo que muchos no consideran importante en el ambiente del fútbol, para el Pipa es una manera de vivir indeclinable. "Dios no es un paraguas; muchos, cuando viene una tormenta, dicen: Uh, Dios mío. Y cuando pasa lo dejan a un lado. Para mí es una forma de vida que me cambió por completo. Estamos en una sociedad en la que pareciera que el equivocado es uno; es como si lo espiritual no existiera", se lamenta Gancedo.

