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Gary Player estrecha su mano, que es dura como una piedra y transmite la energía de una leyenda inquieta y vivaz. Ese primer saludo resume la historia de un hombre que logró todo en el golf: 9 majors, 165 torneos alrededor del mundo en cinco décadas, victorias en 27 años consecutivos y un recorrido de 15 millones de millas aéreas, que lo convierte en el atleta más viajero del que se tenga memoria. Al borde de los 77 años se mantiene radiante, pero algo lo movilizó antes de la entrevista en Pilar. El sudafricano estaba ansioso por contactarse vía telefónica con Roberto De Vicenzo, un compañero de ruta. Finalmente, alguien le alcanzó un celular y lo puso en comunicación con el Maestro, que descansaba en su casa de Ranelagh. En esa breve charla en inglés, el rostro de Player se iluminó de manera singular: "¡Hola Roberto! ¡Tú eres mi campeón!... Ey, se te escucha como un tipo joven ¿Qué edad tienes? ¡Noventa! ¡Eres un toro!... Todos tus amigos ya no están, te esperan en una cancha muy especial en el paraíso… Cuando juguemos juntos en el cielo vamos a ganar mucha plata, jaja… ¡Adiós, compadre!"
—¿Hace cuánto que no lo ve a De Vicenzo?
—Desde 2010, en los festejos de Saint Andrews por el 150º aniversario del British Open. Lo conozco desde 1955, en el primer torneo que jugué en Inglaterra por el Tour Europeo. ¡Qué magnífico jugador que era Roberto! Si hubiese rendido mejor con el putter habría ganado muchísimos majors. Muy pocos le pegaban a la pelota como él, pero para triunfar en torneos grandes debés ser muy bueno en el green.
–¿Cómo fue su relación con el golf argentino desde el Maestro hasta Ángel Cabrera?
—Debo felicitar a la Argentina por Roberto, por Ángel y por los dos Romero. América latina tiene muy, muy buenos jugadores. El Pato, por ejemplo, es el golfista natural más impresionante que existe. Tiene un hermoso swing y es muy talentoso. Para que vuelva al nivel que alcanzó debe ponerse bien en forma, entrenarse y perder peso. Si se pone a punto puede ganar muchos torneos y dinero en un futuro en el Senior Tour.
—¿Qué piensa de la Argentina golfística, en un sentido más abarcador?
—Por lo pronto tiene un buen clima; eso es importante. Por otro lado, posee buenas canchas de golf. Lo que necesitan ustedes son más canchas públicas; dos o tres campos más de este tipo para que la gente vaya. La idea es llevar allí a los chicos de las escuelas y que aprendan sobre la naturaleza, sobre la importancia de los árboles, de la tierra, y fijar la premisa de conservar el mundo y no destruirlo, como está ocurriendo. Sudáfrica ganó 23 majors, más que cualquier otro país del mundo excepto los Estados Unidos. Eso es porque tenemos buenos programas juniors.
—¿Qué momento atraviesa hoy el golf mundial?
—Probablemente goce de tanta publicidad como el fútbol, particularmente en países no tradicionales como China e India. Hay televisación de torneos de golf todos los días. Y ahora será más grande aún con su inclusión en los Juegos Olímpicos de Río 2016. En cualquier deporte podés jugar hasta los treinta y pico de años; en el golf lo hacés hasta los 90, si querés. Mi consejo para los jóvenes es que jueguen al golf, porque hay que ejercitar el cuerpo. La obesidad es hoy el problema Nº1 del mundo en los chicos. Están enfermándose de diabetes, colesterol, cáncer y llegará un momento en que los gobiernos no tendrán dinero suficiente para pagar sus tratamientos.
—¿Es más complicado el golf de antes o el actual en el más alto nivel?
—Ahora es más difícil lograr un título del PGA Tour porque hay 125 jugadores que pueden ganar. Pero en nuestra época era más bravo obtener un Major porque tenías en el field a muchos campeones como Nicklaus, Palmer, Trevino, Watson, Norman o Floyd.
—De Vicenzo suele lamentarse, con cierta dosis de broma, por no haber jugado en esta época dada la cantidad de dinero que hay en danza. ¿A usted le pasa lo mismo?
—Es algo extraño: Roberto fue uno de los mejores jugadores del mundo y nunca ganó un millón de dólares en un solo torneo en su vida. Hace unos días, este joven Justin Rose participó de una exhibición en Turquía y embolsó 1,5 millones de dólares, ¡Es increíble! Estoy muy contento por el inglés, pero yo nunca jugué al golf por dinero, lo hice porque quería ser el mejor del mundo. Tuve una infancia pobre: mi padre era minero, trabajaba a 3000 metros de profundidad y nunca ganó más de 100 libras por mes. Mi madre murió cuando yo tenía 8 años. Mi hermano luchaba en la guerra a los 17 años. Mi hermana estaba en un internado. Yo volvía a casa por la noche y no había nadie: me tenía que cocinar, plancharme los pantalones, lavarme las camisas e ir a la escuela, con una hora y media de viaje de ida y el mismo tiempo de vuelta. Pero miro mis manos y sé que tiré más pelotas que nadie en las prácticas, por favor creéme lo que te digo. Sólo quería ser el mejor. Sabía que si lo conseguía obtendría dinero y me fue bastante bien, pero nada comparado con los jugadores de hoy en cuanto a ganancias.
—¿Podría darme un ejemplo en cifras?
—En 1961 fui líder en la lista de ganancias con 64.500 dólares, tras haber jugado 30 torneos con un promedio de 68 golpes por vuelta. Hoy, con esas mismas estadísticas, un jugador treparía a los 15 millones de dólares en un año. Otro dato: entre los tres Masters de Augusta que gané, embolsé 80.000 dólares. Cabrera, por uno solo, obtuvo US$ 1.250.000. Pero si alguien me dijera: "Necesitás el par en el 18 para ganar el Masters y vas a ganar 20.000 dólares", y otro me propusiera: "Hacé un doble bogey que te doy 10 millones por debajo de la mesa", yo elegiría ser campeón. Para mí, el dinero nunca fue un tema. Amo el golf con el alma porque me dio una educación que ningún dinero podría pagar. Este deporte me permitió conocer a presidentes norteamericanos, emires, familias de la realeza, primeros ministros, celebridades y también a gente muy pobre en África. Comí con ellos sólo con las manos y sin zapatos, fue una experiencia magnífica.
—En 1965, cuando usted recién tenía 29 años, ya había atesorado los cuatro torneos grandes. ¿Pudo mantener la motivación?
—¡Me motivé mucho más! Porque luego quise tratar de quebrar récords y triunfar en todo el mundo, no sólo en los Estados Unidos. Después me convertí en senior y terminé siendo el único golfista en el mundo que logró el Grand Slam tanto en la gira regular como en la de veteranos. Todos lo intentaron: Nicklaus, Palmer, Watson, Trevino, pero nadie pudo. Siempre ando motivado y ahora, con casi 77 años, ¡Chum! ¡chum! [hace un gesto impetuoso con sus brazos] puedo ganarle a cualquier veinteañero que ande por la calle. Traémelo que lo mato con ejercicios en el gimnasio. Quiero demostrar que cuando llegás a esta edad podés seguir fuerte y en forma. No deseo jubilarme. Si te retirás, te morís. Finito. Quiero trabajar para siempre.
—A propósito: usted es también famoso por su cuidado físico. ¿Se convirtió en una obsesión?
—Sí, me obsesioné. Sucede que Dios nos dio un cuerpo maravilloso pero la gente no lo cuida, se preocupa más por el auto que por su cuerpo. Tengo 22 nietos y 6 hijos; el amor que recibo de ellos es fantástico y quiero disfrutar de mi vida al lado de ellos. A la vez, busco ayudar a la gente para que se concientice del tema físico.
—¿Cuál es su rutina física en un día promedio?
—Hago mil abdominales. Ayer hice 1100 y agregué 50 kilos de pectorales. ¡Chum, chum, chum! Luego corro y hago ejercicios para fortalecer todo el cuerpo. Pero atención: la comida es más importante aún. Hay que ingerir muchos vegetales: muchas verduras crudas, no hervidas. Mucha fruta y agua de calidad. El punto es comer la comida correcta.
—¿Por qué siempre viste de negro, como en esta entrevista?
—En primer lugar, porque vengo de África negra. Además, debía darle una marca a mi figura. Cada deportista que es inteligente tiene una marca: Chanel está muerta, Bobby Jones también, pero hoy ganan más dinero que cuando estaban vivos porque representan a una firma. Yo elegí la imagen del "Caballero Negro" influenciado por una serie de TV de fines de los ’50 denominada Have gun will travel. El personaje era un pistolero que siempre andaba de negro y que repartía tarjetas con su logo –un caballo de ajedrez– para quienes necesitaran su ayuda. Eso me gustó, me sentí identificado. Hoy sigo mi vida con toda la intensidad posible.
The Big Three (Los Tres Grandes) fueron el trío más mentado en la historia del golf, compuesto por Jack Nicklaus, Arnold Palmer y Gary Player, los tres idolatrados, llenos de carisma y títulos. "¿Qué nos unía? Una gran amistad y un respeto recíproco. Pero éramos muy, muy competitivos. Recuerdo dos finales de match play que superé a Jack. Me dio la mano, me miró a los ojos y me dijo: «Bien jugado, pero la próxima vez te gano yo». Muchas veces nos dijimos algo así como: «Sos mi amigo, pero te quiero ganar». Promovimos el golf en todo el mundo sin dinero de por medio, incluso acá en la Argentina, y hoy nuestra amistad se mantiene intacta."
Sin abandonar su impronta de golfista, Gary Player también es un empresario de actividades múltiples, principalmente en los rubros de diseño de canchas, proyectos inmobiliarios y fundaciones benéficas. En la Argentina estuvo de paso durante dos días como embajador de SAP, empresa de software de origen alemán. Siempre apasionado, el sudafricano ofreció su ranking de los mejores golfistas de la historia: "Para mí, el mejor de todos fue Ben Hogan, porque trabajó muy duro y siempre ponía la pelota en el fairway y en el green. Hoy los miro a Tiger Woods y a Phil Mickelson y veo que fallan con el driver, no aciertan muchos fairways, aunque tienen tanto talento desde afuera del green y con el putter que salvan las situaciones. En segundo lugar lo colocaría a Jack Nicklaus, que conserva el récord de 18 majors. En el tercer puesto ubicaría a Tiger Woods y en el cuarto, a Sam Snead. ¿Yo? No, no sabría en qué posición ponerme. Y tampoco estaría bien decirlo".



