El Abierto y el PGA Tour Latinoamérica: un matrimonio de cinco años que casi no tuvo discusiones

La gira latina culmina su quinta temporada y le dio mayor previsibilidad a los certámenes de la región; los jugadores recogieron sus beneficios y diez de ellos llegaron al PGA Tour
Gastón Saiz
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16 de noviembre de 2016  

Angel Cabrera buscará su cuarto título en el Abierto
Angel Cabrera buscará su cuarto título en el Abierto Crédito: VillarPress

Ya no había margen para descansar en el mero argumento de “la tradición del golf argentino”, con sus clubes centenarios y sus reconocidos jugadores. Había que mover el avispero e incorporarse a un proyecto sustentable para no quedar fuera del globo. Hace una década, el Abierto caminaba a tientas en busca de un espacio real en el contexto mundial. Lo intentó en 2001 al sumarse al calendario del Tour Europeo, una alianza que terminó rompiéndose pronto, en gran medida por la crisis socio-económica que partió al medio a la Argentina.

Pero en 2010, durante el 105° Visa Open que se realizó en el Jockey Club, empezó a pergeñarse un proyecto que relanzaría el golf de la región con una gira latinoamericana. El ámbito nacional se sorprendió al enterarse de que el escudo del PGA Tour sería la carta de presentación para la nueva iniciativa. Tan lejana hasta ese momento, finalmente la gira máxima salió de garante y creó a su “hijo menor”, el PGA Tour Latinoamérica , un nuevo circo de 12 certámenes por temporada que desde 2012 recorrió varios países de América del Sur, América Central, México y el Caribe. Desde la mirada criolla, el atractivo mayor fue que el Abierto se convirtió en la estación final del calendario, en el que quedarían definidos los cinco clasificados para el Web.Com, la antesala del PGA Tour.

Ahora bien ¿Cuál es el balance del PGA Tour Latinoamérica a punto de cumplirse su quinta temporada consecutiva? La gira en estos cinco años se mantuvo fuerte y sin lugar a la improvisación, una muestra pequeña del tanque de guerra que es el PGA Tour, cuyo mandamás ( Tim Finchem) cumplirá su ciclo en enero después de popularizar al golf en los últimos 20 años, en complicidad con los éxitos de Tiger Woods . Si bien las bolsas de premios del tour latino (175.000 dólares por torneo) siguen siendo muy exiguas en comparación con las del Web.Com (promedio de 600.000 dólares) y figuran a años luz de las del PGA Tour (rondan los 7 millones de dólares), el factor clave es la previsibilidad que recibe el jugador embarcado en este proyecto deportivo. El golfista en cuestión sabe que estará cobijado por un circuito que le dará continuidad y rodaje en la medida de sus rendimientos, y que no estará sujeto a los tembladerales económicos de la entidad que lo impulsa. Los golfistas sudamericanos siempre padecieron la falta de torneos entre las serias carencias organizativas, más allá de las buenas intenciones del extinto Tour de las Américas.

Con su crudeza habitual, José Cóceres -doble ganador en el PGA Tour en 2001- se refería en el arranque del PGA Tour Latinoamérica a la tranquilidad para las incipientes figuras: “Es una forma de que se vayan esos cuervos disfrazados de managers que presionan al jugador desde sus inicios y que piden ir económicamente un 50 y 50%. El chico está obligado a conseguir resultados rápido y a hacer una devolución del dinero a su apoderado. Con este tour se podrá jugar con más calma”.

Si hablamos de apellidos, el PGA Tour Latinoamérica catapultó con el transcurso de los años a diez jugadores que terminaron aterrizando en el PGA Tour: los norteamericanos Byron Smith, Zac Blair, Bronson Burgoon, Nicholas Lindheim, Ryan Blaum y Cody Gribble, el argentino Julián Etulain, el chileno Benjamín Alvarado, el mexicano Oscar Fraustro y el colombiano Juan Sebastián Muñoz. La satisfacción máxima para los mentores de la gira latina fue observar a Gribble con la copa de campeón en el Sanderson Farm de Jackson, hace un puñado de semanas, con lo que se convirtió en el primer jugador que pasó por el PGA Tour Latinoamérica en consagrarse en la gira más grande.

El golf argentino también recogió beneficios, ya que ahora disfruta de Julián Etulain dentro de la elite, tras haber obtenido la tarjeta del PGA Tour en la temporada pasada vía el Web.Com. De hecho, el oriundo de Coronel Suárez, de 28 años, participará desde hoy en su quinta cita del PGA Tour, en Sea Island, más allá de que ya siente la rigurosidad de jugar al lado de los mejores. Hasta aquí pasó solo un corte clasificatorio de cuatro, pero está acostumbrado a luchar desde que arrancó en el periplo latino y se graduó allí en 2014. El cordobés Jorge Fernández Valdés y el salteño Tommy Cocha son dos de los argentinos que también supieron quedar entre los cinco egresados del PGA Tour Latinoamérica y procuran estabilizarse para que, en un futuro, persigan un sendero más claro rumbo al PGA Tour.

Los jugadores encontraron un anclaje a la par de los certámenes, cuyos organizadores locales hallaron una red de protección bajo el paraguas del PGA Tour Latinoamérica. Y de hecho aprendieron mucho acerca de cómo montar un torneo a la usanza norteamericana (marketing, sponsoreo, preparación de canchas) y la manera de volverlo más amigable. Sucede ahora mismo con el Abierto, que promete por primera vez una zona de divertimento para los más chicos. El Abierto del Centro, que se realiza en Córdoba todos los abriles, y el Torneo de Maestros, rebautizado Argentina Classic, son los otros dos certámenes locales que recibieron el visto bueno del PGA Tour latino para formar parte del schedule desde el vamos.

Sin embargo, siempre hay que rendir examen; más ante los ojos del PGA Tour. Y el 111° Visa Open, que comienza hoy en el Olivos Golf Club, no quiere arriesgar una sola fisura organizativa.

gs

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