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Especial para canchallena.com (gsaiz@lanacion.com.ar) - Se inauguraba oficialmente la Tigermanía. Al joven Woods, de apenas 21 años y tres meses, sólo le quedaba un trámite: completar los últimos hoyos para adjudicarse con total comodidad y récord (270 golpes, -18) el primer major de su carrera, el Masters de 1997. Fuzzy Zoeller ya había terminado de jugar aquel domingo 13 de abril con un magro recorrido de 78. Su bronca le surgía por los poros. Y lo peor que le pudo haber ocurrido es que se le apiñara a su alrededor un grupo de periodistas para conocer sus impresiones en caliente. Ante las cámaras, cuando le preguntaron sobre el inminente campeón, Fuzzy sacó a relucir su verba inflamada: "Ese pequeño muchachito está jugando bien con el driver y con el putter. Está haciendo todo lo que se necesita para ganar. Entonces, ¿saben qué hay que decirle cuando vuelva acá? Hay que palmearle la espalda, felicitarlo y ordenarle que no pida pollo frito en la cena de campeones del año próximo. ¿Entienden?". Zoeller sonrió, hizo un chasquido con sus dedos y emprendió la retirada. Pero en su breve caminata se dio vuelta y agregó ante la prensa: "…u hojas de col, o cualquier diablos que sea de comida que ellos suelen servirse".
Hasta entonces, Zoeller era uno de los personajes más coloridos y de mejor humor en el circuito. Aún en los momentos de mayor presión, vivía la competencia en forma distendida y exhibía un gran feeling con el público. En el Masters de 1979 se había convertido en el tercer jugador en lograr el título en su primer intento, luego de Horton Smith (1934) y Gene Sarazen (1935). Poco antes de su gesta en el US Open 1984, su segundo y último triunfo en majors, ondeó una toalla blanca en señal de rendición, después de que Greg Norman forzara un desempate con un larguísimo putt en el hoyo 72. Para Fuzzy siempre había lugar para bromas, pero aquel comentario racista en el Masters 97 deterioró su imagen, que nunca pudo recomponer del todo más allá de las reiteradas disculpas públicas hacia Tiger. "A veces parece que esa declaración de 30 segundos hubiera triunfado sobre 30 años de carrera", se lamenta Gretchen, la hija de Zoeller.
Los medios periodísticos norteamericanos se hicieron eco enseguida de esa fatídica frase y la desmenuzaron palabra por palabra. Entendieron que aquello de "pequeño muchachito" ("little boy") aludía a un viejo término utilizado por los dueños de plantaciones para referirse a sus esclavos. E interpretaron lo del pollo frito como un plato apreciado por ciudadanos de raza negra, especialmente del sur de los Estados Unidos. La frase llevaba una gran carga discriminatoria, sobre todo en el tramo final: "o cualquier diablos que sea de comida que ellos suelen servirse".
A raíz de sus dichos, dos de sus sponsors lo abandonaron pocos días después del incidente. Kmart, una cadena de grandes tiendas, lanzó un comunicado categórico: "Sus comentarios fueron inapropiados y ofensivos. Independientemente del contexto, resultaron contrarios a las políticas de larga data de nuestra empresa". También Dunlop decidió dejar de lado al jugador, que por entonces tenía 45 años. Frank Urban Zoeller (de ahí sus siglas, Fuz, y su diminutivo, Fuzzy) vivía entonces su momento más bajo de popularidad. Y pensar que en 1985 había tenido el honor de recibir el Bob Jones Award, un premio que reconoce la deportividad en el golf.
En medio de la polémica, Zoeller intentó por todos los medios ensayar una disculpa: "Llevo 23 años en el tour y quien me conoce sabe que soy un bromista. Es feo que lo que dije en chiste se lo transformara en algo distinto. Pero si mi comentario ofendió a alguien, pido perdón. Tengo el máximo respeto por Tiger, como persona y como deportista". No fue la primera vez que Woods soportó opiniones racistas. De hecho, el año pasado, la periodista Kelly Tilghman dijo en cámaras: "Para alcanzar a Tiger, quizás todos los competidores deberían unirse un rato… y lincharlo en un callejón", palabras que le valieron una suspensión de dos semanas en Golf Channel.
Para darle una irónica vuelta de tuerca a aquella situación de 1997, en el Masters de 1998 se produjo una escena de lo más incómoda. Debido a que el torneo quedó jaqueado por el mal tiempo, la organización decidió que los jugadores se agruparan en salidas de a tres con el fin de evitar otra jornada incompleta. El armado de los thresomes unió fortuitamente a Fuzzy con Tiger, en un día de lo más tenso. Y por cierto: el menú de Woods en la cena de campeones de aquel certamen no fue pollo frito: pidió hamburguesas con papas fritas.
Con sus 57 años, Fuzzy –animador del Champions Tour y que este año jugó su último Masters– rememora hoy aquel episodio de 1997 con resignación: "La gente me lo recuerda cada día. Personas en las que confié me dieron la espalda. ¿Dije algo para herir a alguien?, No. Pero lo pagué muy caro. La gente intentó convertirlo en un tema de negros y blancos. No lo fue. Simplemente se trató de una broma que salió mal. Lo llevaré hasta mi tumba".
Más información: http:// www.fuz.com /
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