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Otra vez la violencia. De tan repetida parece una escenografía más de cada partido de fútbol. Esta vez fue el turno de San Martín, minutos antes del partido entre Chacarita y All Boys. Forcejeos, peleas, piedras, proyectiles, heridos (cerca de 20 y sin precisiones), detenidos (apenas 11)..., nada faltó a la cita. Y después, como si nada hubiese pasado, ambos jugaron el encuentro y la alegría fue para el conjunto local. Pero esa fue otra historia. La menos importante, claro.
Todo comenzó a las 17.35 en las cercanías del estadio. Allí, los hinchas de ambos conjuntos comenzaron con las agresiones, piedras y baldosas incluidas. Luego de este breve incidente, un grupo de simpatizantes de All Boys -no más de 70 violentos-, en vez de ingresar en la popular visitante, decidió derribar el alambrado que divide ese sector y la platea local para agredir a los hinchas locales.
Sin la presencia policial -no había un solo efectivo-, los vándalos arrojaron todo tipo de proyectiles, como piedras, maderas y hasta bochas que robaron en un club cercano. El blanco, la platea de Chacarita, no tardó en responder. Los proyectiles iban y venían, los minutos transcurrían y ninguno de los 180 efectivos de la policía que estuvieron en el dispositivo aparecía.
Mientras, los jugadores ya habían ingresado en el campo de juego, ya que el reloj marcaba las 18.5, la hora prevista para el comienzo del cotejo.
Minutos después, en medio del caos y la desesperación de mujeres y niños que se encontraban en la platea, se presentó la Guardia de Infantería, que se enfrentó con los vándalos con palos y dejó más de diez heridos. Claro que la escenografía -con piedras, puñetazos y palos incluidos- se completaba con gases lacrimógenos, lo que hacía aún más dramática la escena. Hasta Pablo Brey, presidente de All Boys, sufrió un fuerte corte en el cuero cabelludo, producto de la gresca.
Mientras los proyectiles iban y venían, Luis Barrionuevo, titular de Chacarita, a través de los altavoces, aseguraba: " Esta es una provocación de los hinchas de All Boys..." Lentamente, la mayoría de los hinchas del equipo de Floresta se marchó a su popular. Otros -no más de diez- eran detenidos.
En el campo de juego, el árbitro Gabriel Brazenas, rodeado de periodistas y jugadores, aguardaba el desenlace. Nadie sabía a ciencia cierta si el partido comenzaría. A las 18.35, con una aparente calma, el match empezó. Pero claro, el cotejo fue sólo una anécdota más. Incluso, en el entretiempo, la batahola se instaló en la tribuna de Chacarita; pero duró un par de minutos...
Como varios integrantes de la hinchada los hostigaron durante el partido, los jugadores de Estudiantes tuvieron que salir de la cancha con protección policial y en medio de insultos, tras perder frente a Quilmes por 2 a 0, en Caseros. El técnico, Rodolfo Motta , anticipó que renunciará a su cargo por no poder revertir la mala situación que vive su equipo.



