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LISBOA.- Portugal, que ganó ayer en Lisboa a Holanda (2-1), y Grecia, que derrotó hoy en Oporto a República Checa por 1-0 en tiempo extra, jugarán la final de la Eurocopa, el domingo en la capital lusa, en un duelo con sabor a revancha después de que los helenos ganaran a los lusos en el partido inaugural.
Los helenos, que resistieron heroicamente los embates checos y jugaron, como es habitual, al contraataque, definieron el encuentro en el tiempo de descuento de los primeros 15 minutos de prolongación, con un gol de plata del defensor Traianos Dellas, de Roma.
Ambos finalistas se enfrentaron en el primer partido de la Eurocopa, que curiosamente será también el último del torneo, con triunfo griego por 2-1, en un duelo en que Portugal mostró una pobre imagen, y tras el cual pocos creyeron que el equipo luso sería capaz de llegar a la final.
Pero la selección portuguesa, tal vez demasiado nerviosa en su debut y presa de la presión, recuperó su imagen en los cuatro partidos siguientes, mientras que Grecia ha mantenido una línea también ascendente.
Los helenos, después de empatar con España (1-1) y perder contra Rusia (2-1), lo que estuvo a punto de eliminarlos, ganaron a los dos favoritos de la competición, primero a Francia en cuartos (1-0) y después a la República Checa, que se había mostrado como el equipo más potente del torneo.
En su primera final en un gran torneo internacional, Grecia demostró que la disciplina impuesta por el seleccionador alemán Otto Rehhagel daba sus frutos.
Hoy fue el choque de un fútbol ofensivo, el mejor de la Eurocopa, ya que los checos ganaron todos sus partidos hasta cuartos de final (diez goles anotados), con uno cerrado en defensa y esperando el contragolpe.
Por su parte, Portugal hizo tal vez su mejor partido en semifinales, el miércoles en el Estadio José Alvalade de Lisboa, al derrotar a Holanda (2-1) gracias a los goles de Cristiano Ronaldo y Maniche, mientras que el luso Jorge Andrade, en propia meta, descontó para la selección naranja.
La selección lusa, igual que Grecia, debe mucho de su clasificación a su técnico, Luiz Felipe Scolari, que ha sabido con su experiencia, con su psicología y con su ambición de triunfos propia del fútbol brasileño y también del sudamericano en general, cambiar la mentalidad perdedora de Portugal.
Hasta ahora, Portugal nunca había superado las semifinales en una gran competición, después de haber caído a esa altura de la competición en el Mundial de 1966 y las Eurocopas de 1984 y 2000, pero en esta edición hizo historia y logró hacerse un hueco en la final.
Su fuerza reside en su estrella Luis Figo, último titular de la generación de oro que ganó dos Mundiales juveniles en 1989 y 1991, ya que Fernando Couto y Rui Costa, que no son titulares, y una nueva ola de jugadores, con la base del FC Oporto, ganador este año de la Liga de Campeones.
Junto a Figo y hombres del Oporto como Ricardo Carvalho, Costinha, Nuno Valente y Maniche, aparecen jóvenes como Cristiano Ronaldo.
Portugal comenzó titubeante, perdiendo en partido inaugural ante Grecia (2-1), para luego ganar a Rusia (2-0) y España (1-0).
Con la moral recuperada, se deshizo de Inglaterra en cuartos de final, en los penales y de Holanda en semifinales (2-1), y ahora nada parece poder parar a una máquina lusa bien engrasada.
Grecia, el único equipo que ha ganado hasta ahora a Portugal, demostró una vez que se puede derrotar a los lusos. Aunque aquella selección ibérica no es la misma que la que se verá en la final. Los hombres de Scolari no tienen tanta presión, están con una mentalidad ganadora y sobre todo quieren revancha.

