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Los rozó la gloria, pero el sueño se truncó en el último peldaño. Obtuvieron la medalla plateada frente a la lejana ciudad japonesa de Osaka y se convirtieron en la mejor tripulación argentina en la historia de los mundiales de la Clase J-24. Sin embargo, el lamento asiático que aún gobierna sus gestos empaña -por ahora, al menos- cualquier referencia estadística que pretenda consolarlos.
"Nunca habíamos tenido esta oportunidad. Llegamos a la última regata empatados en puntos y, si la prueba no se hubiese disputado por falta de viento, nosotros hubiéramos sido los campeones por haber conseguido mejores ubicaciones. Pero cometimos muchos errores en la definición (el equipo nacional se clasificó 13° y el ganador, el barco local Sled, 3°), tal vez por saber que habíamos sido superiores a ellos durante la mayor parte del campeonato", comenta Juan Ignacio Grimaldi, de 30 años y timonel del velero Mapfre-York, campeón argentino y sudamericano, que finalizó en la segunda colocación, con 50 unidades, a 10 del líder.
Una labor que eclipsó el tercer puesto que nuestro país consiguió en tres ocasiones: en 1993, el timonel Torkel Bšrgstrom se adjudicó la medalla de bronce en Abersoch, Gales; en 1996, Guillermo Parada celebró en Cerdeña, Italia, y en 1997, Guillermo Baquerizas sonrió en aguas del Río de la Plata, frente a la sede Dársena Norte del Yacht Club Argentino.
"El último día teníamos que salir a ganar y no hicimos las cosas bien -admite Grimaldi-, aunque también es cierto que debimos enfrentarnos a condiciones clímaticas muy difíciles: el viento no alcanzaba los 15 nudos en las largadas y durante las competencias se produjeron borneos de hasta 180°. En Mar del Plata, en cambio, estamos acostumbrados a navegar con mucho viento; al principio, nos costó descifrar la cancha en Japón y ese aspecto nos generó inseguridad."
Trascendental resulta la coordinación en este tipo de compromisos. Un aspecto en el cual este grupo perteneciente al Club Náutico Mar del Plata, integrado además por Matías Capizzano (27), Juan Diego Figueroa (22), Domingo Contessi (31) y Hernán Marino (30), ha sabido fortalecerse merced a las interminables horas vividas juntos por más de un lustro: fueron 23os en Rochester, Estados Unidos (1995); 4os, en Buenos Aires (1997); 7os, en San Francisco, Estados Unidos (1998); 4os, en Génova, Italia (1999), y otra vez 23os, en Newport, Estados Unidos, el año último. "Salvo uno o dos en algún torneo, somos los mismos desde la formación de la tripulación. Ya nos entendemos sin hablar, porque nos conocemos a la perfección desde hace muchos años", asegura Grimaldi.
Otras dos embarcaciones albicelestes visitaron la tierra de los kimonos. Se trata de Tarkus -Gustavo Fourcade, Gonzalo Campero, Julián Rubio, Ignacio Laura y Rodrigo Oliver-, que se clasificó en la 22a ubicación, y U2 -Francisco van Avermaete, Gerónimo Galván, Andrea Basagaña, Juan Copani, Carlos Lacchini y Diego Garay-, que terminó entre los diez primeros (9°) en su debut mundialista, aunque su destacado rendimiento fue opacado por la brillantez de Mapfre-York, que figurará en las selectas páginas de la Clase J-24, cuyo primer mundial fue organizado en Newport, Estados Unidos, en 1979. Desde entonces, los norteamericanos ganaron 19 títulos; Italia, dos, y Australia y Japón, uno.
En los pasillos de Ezeiza, dicha reseña genera disímiles reacciones en el equipo subcampeón del mundo, que antes de aquella frustrante última regata imaginaba su nombre entre los dueños de la categoría. Indiferencia en el risueño Contessi, que se olvidó de su rabia hace pocos minutos, cuando se enteró de que su esposa María Eugenia le dará un segundo vástago ("ésta fue la mejor noticia que podría haber recibido... supera toda la bronca"). Y más inquina en Capizzano, que camina hacia la salida repitiendo: "¡Qué lástima! Era nuestro..., era nuestro".

