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El yemenita Naseem Hamed le dijo adiós al boxeo, definitivamente. El hombre que conmocionó al pugilismo del mundo de la mano del promotor británico Frank Warren no se recuperó de la humillante derrota frente al mexicano Marco Antonio Barrera, el 7 de abril de 2000 en Las Vegas, ocasión que perdió la corona de los plumas por puntos, y decidió su retiro; en realidad, fue algo más que un traspié. Hamed, que a todos sus rivales los amedentraba con sus poses histriónicas y muchas veces más allá de los reglamentos, no soportó el dominio de Barrera; tampoco una golpiza inesperada. Después intentó la vuelta pero no hubo caso: ya había perdido su entusiasmo, pese que le ganó por puntos al español Manuel Calvo, en Londres, el 18 de mayo de 2002.
Hamed, que brilló casi durante diez años como campeón mundial de los plumas, sumó una campaña de 37 peleas de las cuales se impuso en 36 -con 31 definiciones antes del límite- y una derrota, justamente frente a Marco Antonio Barrera.
El éxito de Hamed, de 30 años, se armó sobre la base de presentaciones espectaculares en el London Arena, el tradicional escenario deportivo inglés; sus apariciones siempre estuvieron precedidas de impresionantes juegos de luces y sonidos con un público inglés que lo convirtió en el gran ídolo del pugilismo moderno.
En el cuadrilátero, tuvo sus cosas: aunque no convencía demasiado a los amantes del boxeo más tradicional por su estilo provocativo -entre otras cosas, con su guardia baja- muchos se rindieron ante la efectividad de sus definiciones demoledoras. Poco amante de las entrevistas, otro reconocimiento impensado en otro tiempo del deporte inglés: fue distinguido con la Orden de Menbrecía al Imperio Británico.



