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La desazón de una realidad inalterable se mezcla con la incredulidad de quien no quiere, o le cuesta, aceptarla. Quizá por eso, Hernán Meske, de 29 años y marcador central de Español, mueve su mirada sin encontrar un punto fijo, en el que parecería estar la respuesta al porqué del descenso de su equipo a la Primera B Nacional, después de 14 años en la máxima categoría del fútbol argentino.
Su primera frase no hace más que confirmar que el paso de los días no implica aceptar el descenso: "Hubieran suspendido el campeonato antes de que jugáramos contra Vélez y todavía estábamos en primera", murmura, con algo de ironía.
"Si bien las estadísticas dirán que descendimos el martes 12 de mayo de 1998, nuestros problemas habían empezado mucho antes, en el ´95. Contratos rescindidos, deudas, discusiones...Todo arrancó cuando Ríos Seoane estuvo preso. Fue una caída que no pudieron parar", dijo Meske, a modo de monólogo.
La situación económica de los jugadores de Español es por demás llamativa. Hace 20 días cobraron el sueldo de febrero, un promedio de 2000 pesos por cabeza. "Se hace muy difícil vivir así, al día. Yo me las arreglo porque mi mujer trabaja, pero otros... Varias veces le tuve que prestar plata a un compañero", confiesa Meske. Para cumplir con un objetivo se necesita trabajar en conjunto, y Meske lo sabe: "El descenso lo peleamos los jugadores solos, porque sin la presencia de los dirigentes en la AFA es imposible luchar. Hace dos años que las únicas sillas vacías del Comité Ejecutivo son las de los representantes de Español. Si saben que los partidos se empiezan a jugar durante la semana en una oficina, y no van..."
Meske, junto con Pablo Fernández, son los encargados de hablar con los dirigentes en nombre del plantel. "Lo hacía sólo cuando los encontraba, porque si entrenábamos por la mañana ellos estaban por la tarde, y si lo hacíamos por la tarde, ellos llegaban de noche." Atrás quedaron los buenos momentos, en los que Español sorprendía con buenas campañas, como la del campeonato 85/86, en el que terminó tercero. "Cuando llegué de Lanús, te llamaban del club para que vayas a cobrar", recuerda Meske. "Y conste que la comisión directiva está integrada por gente vinculada con Ríos Seoane. Más allá de que tuvieron algunas discusiones, son del mismo palo", explicó.
El descenso de Español fue algo previsible. Y llegó por decantación. Meske rememora una situación que bien podría ser un resumen de la hecatombe: "Cuando jugamos con Gimnasia, en La Plata, nos reunimos en nuestro club, donde nos tenía que pasar a buscar un ómnibus. Al rato llegó un dirigente y nos dijo que no habían podido pagarlo y que arreglaron con una remisería para que nos mande unas combis. Como no llegaban y nos teníamos que ir a jugar, decidimos ir en nuestros autos. Ibamos por la autopista, nos mirábamos y no lo podíamos creer...".
Como broche del desorden y de la falta de comunicación entre los jugadores, cuerpo técnico y dirigentes, cuando apagamos el grabador sonó el teléfono. Era un compañero de Meske que había jugado ante Vélez y quería saber a qué hora se entrenaban. "No sé, creo que a las 4 y media. ¿A vos qué te dijeron?", respondió, sin certeza.


