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La gloria, a veces esquiva, a veces complaciente, se rindió gustosa en los brazos del mejor equipo de Buenos Aires. Una calificación que Hindú puede lucir con orgullo, luego de su categórica victoria ante el SIC por 38 a 12.
Una multitud acompañó la final del torneo local, una fiesta para los sentidos y un partido al que no le quedó nada chico semejante entorno.
Porque apenas Quesada puso en marcha las acciones, no hubo respiro para las emociones, sobre todo en la primera etapa, cuando los dos se salieron del libreto y sostuvieron un duelo aparte, a la hora de recurrir al factor sorpresa.
Asombró el SIC con su propuesta de rugby abierto, de traslado manual y de riesgo. Y lo sufrió Hindú en su in-goal, cuando Iacaruso limpió notablemente el camino para la definición de Paso Viola.
El equipo de Don Torcuato asimiló el golpe inicial sin apartarse de su propuesta, también inesperada: profundidad con sus forwards ante todo y permanente uso del pie para ganar metros, sin despreciar el viento que soplaba a sus espaldas.
El desarrollo de ida y vuelta, con una dinámica por encima de la media local, con ataques de Hindú y réplicas del SIC, se mantuvo siempre, salvo que, desde los 15 minutos, el conjunto de Don Torcuato empezó a sumar con los penales de Quesada y con el drop de Juan Fernández Miranda.
El resultado a favor (9 a 7) tonificó aún más a los campeones, que acorralaron a un rival que sólo podía sostener la invulnerabilidad de su meta con penales. En una ocasión Paso Viola y en la otra un pase defectuoso de Nicolás Fernández Miranda (para Quesada, que aguardaba en el lado ciego sin rivales) se interpusieron para que Hindú no celebrase su primer try.
Hasta que la insistencia halló la recompensa con la arremetida de Santiago Amaya, que recibió un pase adelantado de Nicolás Fernández Miranda y apoyó (19-7).
La neta superioridad de Hindú, sin embargo, iba a soportar otro cimbronazo atrevido del SIC, que respondió con la corrida de Albanese ante la enésima pelota pateada por Hindú, siguió con la briosa aparición de Alais (rompió tres tackles ) y acabó con Longo -tras recibir el pase de revés del wing derecho- en el in-goal.
Ese try sobre la hora del período inicial dejó interrogantes y presunciones. Había llegado en un momento más que oportuno para el San Isidro Club (quedó, apenas, siete puntos abajo) y no era ilógico vislumbrar una recuperación.
Pero como en casi toda la tarde, la imaginación fue desboradada por la realidad. Y los hechos demostraron la prepotente supremacía de Hindú, avasallante en los reagrupamientos, poderoso con el pack (se destacaron Scelzo, Santiago Amaya, Sasaki, Cavallini y Ostiglia) y mucho más habituado a jugar un rugby sin interrupciones que el SIC, cuyos delanteros empezaron a caminar la cancha.
Un try de Scelzo (hubo knock-on previo de Martínez) y la serie de penales de Quesada (25 puntos en total) borraron todo vestigio de incertidumbre. Hindú no aflojó nunca y el SIC cayó en el caos, algo tan raro como verlo perder pelotas en el scrum.
El equipo de Don Torcuato pudo, en consecuencia, sentirse campeón mucho antes del telón. Cometió varios penales en defensa (terminaron igualados en 12 en ese aspecto), contraatacó cuando pudo, conservó la actitud para luchar por cada pelota (Juan Fernández Miranda, el mejor ejemplo en ese sentido) y se las ingenió para que su in-goal no fuese perforado ante un SIC que puso esfuerzo, coraje y dignidad hasta el último segundo, pero no anotó puntos.
Y se acabó el torneo; con una final abundante en situaciones vibrantes y novedosas. Pero con un campeón lógico y rotundo. Esta vez, la gloria, tan reticente con las aspiraciones de Hindú en los últimos años, no quiso cometer el desliz de abandonarlo en el instante supremo.



