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Las Leonas volvieron a ser campeonas del mundo y necesitaron una definición cargada de tensión para conseguirlo. Después del empate 1 a 1 frente a Países Bajos en los 60 minutos, la final disputada en el Wagener Stadium de Amstelveen pasó a los shoot-outs, una modalidad distinta de los tradicionales penales: cada atacante parte con la bocha desde fuera del área y dispone de ocho segundos para superar a la arquera y convertir. Allí, Cristina Cosentino se transformó en la gran figura argentina y Sofía Cairó tuvo a su cargo el último acto de una consagración histórica.
Países Bajos abrió la serie y de inmediato apareció Cosentino. La atacante Pie Sanders avanzó hacia el arco, pero la arquera argentina salió con decisión, redujo el espacio y la obligó a buscar una definición incómoda. La neerlandesa intentó resolver de media vuelta y su remate terminó afuera. Era la primera señal de una serie en la que la China -como se conoce a C- resultaría determinante.
¡PIEN SANDERS FALLÓ EL PRIMER PENAL PARA PAÍSES BAJOS ANTE ARGENTINA!
— SportsCenter (@SC_ESPN) August 29, 2026
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Victoria Granatto tuvo entonces la oportunidad de establecer la primera diferencia. Su ejecución comenzó de una manera insólita: no escuchó el silbato y perdió los ocho segundos sin siquiera iniciar el ataque. La jueza le concedió una nueva oportunidad y la argentina ya no la desaprovechó. Encaminó la bocha hacia el arco, esperó la salida de la guardavalla, la eludió y definió para colocar el 1 a 0.
Cosentino volvió a imponer su presencia en el segundo intento neerlandés. Esta vez debió intervenir dos veces dentro de la misma acción ante Felice Albers. Achicó sobre su derecha ante el primer intento y, cuando su rival conservó la posesión y buscó una segunda posibilidad dentro de los ocho segundos, volvió a cerrar el camino. Otra atajada y una ventaja que empezaba a pesar cada vez más en una definición de márgenes mínimos.
Brisa Bruggesser fue la siguiente elegida por la Argentina. La arquera de Países Bajos salió con vehemencia y estuvo al límite de cometer una infracción, pero la atacante consiguió sostener la jugada. Con espacio y desde una posición más alejada, levantó su definición y estableció el 2 a 0. Las Leonas habían convertido sus dos ejecuciones y Cosentino todavía no había permitido goles.
Países Bajos consiguió reaccionar en su tercer turno. La número 19, Marijn Veen, amagó ante la salida de la arquera argentina y encontró el espacio para una precisa resolución. El descuento dejó la serie 2 a 1 y volvió a trasladar toda la presión hacia las ejecutantes del equipo de Fernando Ferrara.
Entonces apareció Zoe Díaz, la medallista olímpica más joven de la historia de la Argentina. La delantera realizó una notable maniobra, dejó atrás a la arquera hacia su derecha y mandó la bocha al arco. El festejo, sin embargo, duró poco. La acción fue revisada y el tanto terminó anulado porque Díaz había impactado la bocha con el revés del palo. El marcador continuó 2 a 1 y la definición seguía abierta.
La presión regresó sobre Cosentino. Países Bajos podía igualar la serie con su siguiente ejecución, pero la arquera volvió a responder. Freeke Moes encaró e intentó encontrar el momento para definir; la China acompañó cada movimiento, no se precipitó ante los amagues y finalmente bloqueó el remate. Su tercera intervención decisiva dejó a la Argentina a un solo acierto del título mundial.
Y la responsabilidad quedó en manos de Sofía Cairó. La defensora ya conocía ese escenario: en los Juegos Olímpicos de París había tenido que afrontar una ejecución decisiva en una definición por shoot-outs. Esta vez volvió a asumir el desafío. Avanzó, amagó hacia un lado, cambió de dirección ante la salida de la arquera y consiguió dejarla atrás. Con el arco a disposición, empujó la bocha y desató el festejo argentino.
El 3 a 1 quedó sellado. Cairó corrió hacia sus compañeras y el plantel entero se lanzó al festejo sobre la cancha de Amstelveen. Cosentino, decisiva durante toda la serie, quedó en el centro de una consagración que terminó con 16 años de espera: las Leonas no conquistaban una Copa del Mundo desde Rosario 2010 y consiguieron la tercera estrella de su historia, después de Perth 2002 y aquel título obtenido como locales.
La final había sido tan cerrada como se esperaba. Países Bajos, que disputaba el encuentro como local ante más de 10.000 espectadores y en el estadio donde había jugado durante todo el torneo, abrió el marcador a 47 segundos del final del segundo cuarto. Valentina Raposo cometió una infracción sobre Frederique Matla y, en el córner corto posterior, Yibbi Jansen superó la defensa argentina para establecer el 1 a 0.
Las Leonas insistieron durante la segunda mitad y acumularon córners cortos, aunque tuvieron dificultades en varias ejecuciones. La recompensa apareció cuando restaban seis minutos. Después del séptimo corto argentino, la capitana María José Granatto aprovechó un rebote dentro del círculo y marcó el 1 a 1 que llevó la final a los shoot-outs.
El triunfo también terminó con una extraordinaria serie de Países Bajos. Las neerlandesas, máximas campeonas mundiales con nueve títulos antes de esta final, no perdían un partido de Copa del Mundo desde hacía 16 años. La última derrota había sido, precisamente, ante las Leonas: 3 a 1 en la final de Rosario 2010. Además, las locales habían alcanzado su cuarta final mundial consecutiva. Esta vez, en su casa, la serie se cortó ante el mismo rival que había provocado su anterior caída.
Para la Argentina, en cambio, la definición completó un recorrido de enorme regularidad en la elite: alcanzó al menos las semifinales en seis de los últimos siete Mundiales y volvió a la cima después de las coronaciones de 2002 y 2010. Y se consagró invicta en el torneo. Dieciséis años después, la tercera estrella llegó de la manera más dramática: con Cosentino como figura bajo los tres palos y Cairó a cargo del golpe definitivo, otra vez.


