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Pisó hacia dentro y la primera marca pasó de largo; movió la cintura y dos hombres de Hindú vieron vacío el espacio en donde pensaban detener al portador de la pelota; enderezó la marcha y se lanzó rumbo a los últimos metros con rivales ya resignados y compañeros alentándolo en su vuelo hacia el título en el Nacional de clubes de rugby. Derrumbado en el ingoal adversario Fernando del Castillo elevaba al Jockey Club rosarino hacia las cumbres de los festejos. Sus manos habían generado antes los mejores momentos del flamante campeón y su cuerpo recibió el merecido reconocimiento de los abrazos después de una jugada espectacular que cerró el 24 a 14 que entregó la copa por primera vez a un equipo del interior.
Fue el final apropiado en una noche caliente sin pensar en sensaciones térmicas normales. Porque un partido con tanto ritmo como lucha de voluntades hubiese elevado la temperatura en pleno invierno. Se animó de entrada el Jockey, con una tercera línea que anuló el circuito corto con el que Hindú marca diferencias. Recuperación seguida de una buena generación de movimientos, claro. Porque el Darda del Castillo ponía el equipo en franco ataque y si el avance era detenido aparecía el acertado uso del pie para contener a Hindú en su terreno.
Sin embargo, apenas un penal de Guillermo del Castillo le daba una ventaja insuficiente. Frente a un acaparador del títulos como Hindú eso es peligrosísimo. Se demostró en la segunda ocasión en la que el equipo de Don Torcuato ingresó en los metros finales. Penal jugado rápido por Nicolás Fernández Miranda para la arremetida incontenible de Santiago Amaya.
Vuelco anímico, entonces, porque Hindú se conectó mejor, se fueron esas dudas que le hicieron perder como nunca pelotas en pases, se mandó con su largo tranco Solari desde el fondo y el acorralado fue Jockey. Pero tener dominio de campo no significó ayer vía libre para anotar. En los dos lados se edificaron casi infranqueables barreras de brazos y pasar una marca era sólo una invitación a encontrarse con el relevo correspondiente.
La fricción permanente mantuvo el calor del juego. Más al acercarse Jockey con otro penal de Gonzalo del Castillo, gracias a las sucesivas protestas de los hombres casi locales que regalaron 20 yardas por no callarse. Siete a seis para Hindú y diez minutos de descanso para que las dos numerosas barras mantuviesen vivo el fuego.
Inicio con todo del segundo tiempo a través del tercer penal concretado por el apertura rosarino y un try de Grote convertido por Quesada. Tiempo para que Hindú buscase por última vez. Nueva demostración de los impermeabilizada que estuvo la defensa del Jockey.
Y el recuento llega -penal de Guillermo del Castillo mediante- a los últimos siete minutos. Cuando Hindú ganaba por 14 a 12 y el juego afiebrado no permitía premonición alguna sobre el ganador. El corazón podía inclinar la balanza equilibrada en técnica.
Con el alma protegieron los rosarinos la pelota que ganó Gonzalo Guiñazú en un line cercano a la meta. Escondieron el saque en un maul y se olvidaron de cuestiones de escuela. ¿Qué por Rosario el maul es dejado a un lado? Pues que se le avisen a estos hombres del Jockey que movieron la formación con dedicación tucumana y de prepo anotaron un try colectivo con la pelota en poder del pilar Barrandeguy. Aún no podía decirse que la final estuviese definida. Una equivocación bien podía cambiar la historia. Con los nervios llegó el error, pero fue de Hindú. Manazas Fernández Miranda hizo una defectuosa salida de 22 metros y la pelota quedó en las manos dúctiles de Fernando del Castillo. Inspirado en el momento decisivo, el medioscrum desparramó rivales y arrancó con la corrida que se recordará por siempre en Fisherton.
El Jockey es el campeón del Nacional de clubes. Rompió la hegemonía de Buenos Aires y lo hizo encadenando al SIC y a Hindú entre sus vencidos. No puede dudarse que el festejo es merecido.
La emoción de todos. La locura del festejo de los rosarinos no impidió que los campeones dejaran sus impresiones sobre la gran final que habían ganado momentos antes.
La figura de la cancha, Guillermo Del Castillo, mientras se iba apurado a recibir la copa, dijo: "Este es el triunfo de todo el equipo, pero creo que la clave pasó por el gran trabajo de los forwads, sobre todo en el line".
Cerca de él, uno de los entrenadores del nuevo campeón, Ricardo Paganini, no podía ocultar su emoción: "Creo que hoy le ganamos al mejor equipo de la Argentina. Le jugamos de igual a igual y sobre el final lo pudimos doblegar".
Después agregó, "Despedirme así como entrenador del equipo es algo muy grande. Ganar con mi club el torneo Nacional de Clubes es como conquistar algo en el cielo".
Otro que luchaba por contener las lagrimas era Martín Palou: "Fue el mejor partido de mi vida. Logramos vencer al mejor equipo del país, y eso para mi es increíble", sostuvo.
Para la bruja Ezequiel Jurado esta consagración fue la continuidad de un festejo que comenzó con la victoria de los Pumas ante Australia.
Con un poco más de calma que sus compañeros, comentó: "Creo que el mejor equipo de la Argentina es el Jockey. Durante los 80 minutos metimos presión en todos los lugares de la cancha. Además, los delanteros hicieron la diferencia porque jugaron un gran partido. Si fue un poco aspero, fue por todo lo que estaba en juego. Esa motivación nos dio la actitud necesaria para encarar el encuentro y por eso nos defendimos tan bien".
Nadie podía ocultar la decepción por la derrota en el equipo de Don Torcuato.
Sólo Nicolás Fernández Miranda tuvo tiempo para analizar el encuentro: "Este no es el mejor momento para analizar los errores que cometimos. Creo que el Jockey jugó una gran final y fue un justo ganador. Ahora solo pienso en descansar y terminar el año lo mejor posible", manifestó.


