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John Daly es de esos personajes que van por la vida a los golpes, tropezando mil veces con la misma piedra, en un sube y baja constante. Su talento para jugar al golf lo llevó a lo más alto de este deporte, pero las canchas también vieron lo peor de él por culpa de su turbulenta vida personal, de su gusto por andar al límite. Una convivencia con los escándalos que, sin embargo, no le quitó el afecto y la admiración de la gente.
El domingo último, este californiano que el 28 de abril cumplirá 38 años, se quedó con su primer título del PGA Tour en nueve años, y demostró que a pesar de sus tropiezos permanentes siempre puede regresar. El gigante rubio (mide 1.88 y supera largamente los 100 kg) volvió a imponer su increíble potencia y la calidad de su juego corto para ganar un triple desempate en el Buick Invitational, y logró lo que pocos creían. Es que su carrera parecía haber entrado en un descenso sin retorno.
Daly es muy distinto a las otras superestrellas del circuito más poderoso del mundo. Cuando la mayoría se mueve en aviones particulares para trasladarse de un torneo a otro, él llega con su enorme Casa Rodante y la estaciona allí, cerca del campo. Muchos dicen en broma que es para poder irse más rápidamente cuando su impredecible carácter se lo ordena. Pero esas diferencias no son las únicas que ha demostrado con respecto a sus colegas desde que ingresó en el circuito en 1991, el mismo año en el que debutó como ganador nada menos que en el PGA Championship, el cuarto Major.
Algunos se animaron a compararlo con Babe Ruth, el legendario beisbolista de los New York Yankees. Ven en él una similitud física y de personalidad. Un cuerpo grandote y una cara aniñada con el mismo comportamiento explosivo. Daly nunca tuvo esa vida ordenada que se supone debe tener un profesional de golf. Un hombre con cuatro hijos de cuatro matrimonios, con problemas de adicción al alcohol y al juego no puede ajustarse a la descripción del golfista medio.
Sus problemas en la vida privada y sus desplantes en los campos de golf siempre llamaron la atención y en muchas oportunidades le hicieron perder millones de dólares. El juego fue una de sus perdiciones. "Me encanta la acción", fue su explicación sobre una escapada a Las Vegas en la que perdió 500.000 dólares en un fin de semana. Dicen que entre 1993 y 1996, el azar le arrebató unos 12.000.000.
Sin embargo, el mayor adversario de su vida es la bebida. La principal causa de sus altibajos, sus escándalos en los torneos y la pérdida de contratos millonarios, entre otros perjuicios. En 1999, Callaway, una de las marcas más reconocidas del golf, le rescindió un contrato de 3.000.000 de dólares por violar una cláusula que lo obligaba a mantenerse lejos del alcohol y el juego.
A pesar de sus múltiples obras benéficas y su afición por la lírica y la guitarra (grabó un disco autobiográfico llamado "My Life", junto a conocidos músicos), sobresalieron sus escándalos. Desde que se hizo profesional, en 1986, siempre dio la nota. Dentro y fuera de la cancha. Alguna vez fue obligado a descender en Denver después de discutir, borracho, con una azafata de un avión que lo llevaba a Nueva York. También se recuerda una pelea con su novia en un estacionamiento, que sólo la policía pudo detener. O los destrozos que causó en un hotel tras la primera vuelta del The Players Championship, de 1997, el día que terminó con su tercera esposa.
En la cancha sus arranques de ira son tan violentos como sus drives. Fueron innumerables los abandonos y las deserciones del campo sin que mediara un aviso a sus compañeros de juego ni a las autoridades del torneo. Muchas veces sus palos volaron contra los árboles o simplemente se hundieron en algún lago. En 1994 ganó su tercer torneo, el BellSouth Classic, y declaró: "Es el primer título que gano sobrio". En septiembre de ese mismo año anunció un retiro temporario del PGA Tour, de común acuerdo con las autoridades del circuito.Volvió en junio del 95, y un mes después llegó a la cima de su carrera: ganó el Abierto Británico, en St. Andrews.
El año último, mientras se debatía con resultados mediocres en el PGA Tour (falló 12 cortes en 22 torneos y se retiró de cuatro), su actual esposa, Sherrie, recibió junto con su familia cargos en una Corte Federal por drogas y juego ilegal. En ese asunto Daly pudo salir ileso.
"Estoy más maduro. Tengo cuatro hijos y ahora mi lucha es por ellos", dijo Daly tras su victoria en San Diego. Volvió a lo más alto, pero nadie sabe por cuánto tiempo.




