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Kenia vs. Etiopía: el superclásico del atletismo

Ezequiel Brahim
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28 de octubre de 2015  • 19:39

Uno tiene pasado imperial y es el único país africano que jamás fue colonizado. El otro se independizó del imperio británico hace apenas 51 años. Uno tiene casi 100 millones de habitantes; el otro, menos de la mitad. Uno tiene una superficie algo mayor que la Patagonia argentina, el otro iguala a las provincias de Buenos Aires y La Pampa juntas. Uno pisa fuerte en la economía de la región, posee gas y minería; en el otro, la mitad de la población es pobre. Pero para el resto del mundo, ajeno a la realidad del continente negro, son iguales. Y para el mundo del running también: ambos corren mucho y muy rápido.

Uno es Etiopía. El otro es Kenia.

Mientras Kenia y Etiopía ganaron 68 de las últimas 75 grandes maratones, el resto del mundo tuvo que conformarse sólo con 7. Son las dos megapotencias del atletismo de fondo masculino y ningún país del globo puede osar atacar su poderío. Pero, en un deporte donde toda la gloria se la lleva el primero en llegar, ¿hay un país mejor que otro? Etiopía vs Kenia, el gran clásico de las maratones, ¿tiene un ganador?

La diferencia en la formación de sus campeones parte ya desde la cuna. Fiel a su pasado imperial, el atletismo en Etiopía está centralizado. La Federación capta a los jóvenes talentos desde edades muy tempranas, los que van sorteando diferentes etapas a lo largo de dos años. Los más capacitados acceden a campamentos de entrenamiento o training camps en la capital, Addís Abeba. Allí el atleta vive y entrena o, mejor dicho, vive para entrenar.

No es común que los etíopes se entrenen solos. Suelen estar siempre bajo el influjo de su Federación. Esta pone gran atención en la técnica de carrera y los ejercicios de acondicionamiento físico. Entrenar zigzagueando entre las plantas para ejercitar el balance y la coordinación, es una marca registrada del país.

El ingreso a los training camps no es sencillo, la competencia es grande. Sin embargo, una vez adentro, el gobierno se encarga de los gastos de vivienda, alimentación, entrenador e incluso hasta de abonarle un sueldo al atleta. Esto, claro está, depende del nivel de rendimiento. Dentro de los camps, la autoridad máxima es el entrenador, en su mayoría de origen etíope, quien dirige con rigor militar la vida dentro del albergue. En Etiopía, el atletismo es una cuestión de Estado.

En Kenia, en cambio, el primer escalón de captación suele darse en la escuela. En las aulas, no sólo los docentes hablan de atletismo. Hacen lo propio los mismos sacerdotes. Sin duda el ejemplo más emblemático es la St. Patrick’s High School en Iten, la escuela del padre Colm O’Connell. Este anciano irlandés no sólo dirige la institución y celebra la misa, sino que también alienta a las nuevas promesas del atletismo. De sus aulas salieron más medallas olímpicas de atletismo que de ninguna otra escuela del mundo. Actualmente, la joya de la escuela es David Rudisha, campeón africano, mundial, olímpico y récord del mundo en 800 metros. Según O’Connell, Rudisha hace el mismo entrenamiento que el resto de sus grandes atletas, pero sólo él es capaz de batir una plusmarca mundial. ¿Por qué motivo? El mismo O’Connell cuenta el secreto: "Porque tiene una motivación mental que no tienen los demás".

El siguiente paso, en Kenia, suele ser el apoyo estatal, pero a través de instituciones públicas. La gran mayoría de sus atletas son miembros de las fuerzas armadas, policías o funcionarios de la penitenciaría. Con la gran ventaja, que una vez que acaba su carrera atlética, cuentan con un trabajo en regla que los respalda hasta su jubilación.

68 de las últimas 75 grandes maratones del mundo fueron ganadas por Kenia y Etiopía; el resto debió conformarse con apenas

En este punto, el entrenamiento puede seguir, principalmente, por dos caminos. Pagar para ingresar a un training camp (no son estatales, sino privados), en manos de mánagers, marcas deportivas o atletas ya consagrados. O bien autoentrenarse. Los que se inclinan por la vida más disciplinada del campo, quedan bajo la tutela de un entrenador extranjero, muchas veces europeo. Los que prefieren una vida más libre, viven en sus casas y planifican sus propios entrenamientos (en gran medida para ahorrarse el costo del entrenador) o bien intercambian información con los mismos amigos o vecinos. Son tantos los keniatas que buscan un futuro en el atletismo, que cada barrio puede formar grupo de entrenamiento de nivel olímpico.

Por último, hasta la selección de atletas para los equipos nacionales es distinta. Mientras Etiopía pondera las marcas personales más veloces, Kenia celebra competencias, denominadas trials, donde los primeros son seleccionados.

¿Cuál de los dos sistemas es mejor para entrenar? No es una respuesta sencilla, ambos obtienen grandes logros. Incluso para Mo Farah, el atleta británico de origen somalí, gran dominador en la actualidad en los 5000 y 10.000 metros, no parece ser una decisión sencilla. Alterna entrenamientos en ambos países, buscando lo mejor de cada potencia para sí mismo.

Crédito: Run witk Ethiopia

Si se evalúan las grandes competencias de 10.000 metros de las últimas dos décadas, Campeonatos Mundiales y Juegos Olímpicos, la respuesta es aplastante. De 15 carreras, Etiopía ganó 12, Kenia 1 (en 2001) y las 2 restantes se las llevó Farah. Pero si se observa la maratón, el duelo cambia de signo. En las citas olímpicas y mundiales, Kenia ganó 4 de las últimas 6 competencias. Hay que ir hasta principio de siglo, años 2000 y 2001, cuando Etiopía ganó por última vez, en Juegos y Mundial, respectivamente. Pero si se analiza la liga de las grandes maratones comerciales, la World Marathon Majors, donde los dólares pisan fuerte, el dominio de Kenia ya es indiscutible, ganó 6 de las 7 series que se han realizado (cada serie engloba los resultados de dos años).

Entonces, ¿los etíopes son mejores en pista y los keniatas dominan en la maratón? ¿Por qué estas diferencias tan grandes en las dos distancias? La respuesta está en el calendario y el volumen de atletas. El circuito de maratones ofrece tres competencias en la primavera y tres en el otoño, pero al más alto nivel sólo se puede competir en una por estación. Kenia tiene una mayor cantidad de atletas de alto nivel. En cada línea de partida posee 5 o 10 aspirantes a la victoria. La escuadra etíope es menor y no puede liderar en todas las fechas. Por otro lado, las grandes competencias de 10.000 metros se realizan sólo una vez por año. Para ganar se necesita a uno solo, pero tiene que ser el mejor. En este caso, Etiopía posee a dos de los más grandes atletas de la historia, Kenenisa Bekele y Haile Gebrselassie. El dominio en los 10.000 metros es apabullante: juntos, les han dado a Etiopía 11 de esas 12 medallas.

Así observan los mejores atletas de la Argentina,las diferencias entre las dos potencias. Federico Bruno, reciente récord argentino de 1500 metros, y quien tuvo la oportunidad de competir contra ambos, comenta: "En Etiopía el principal objetivo es ser los mejores, brillar como lo hicieron los grandes ídolos del atletismo en su país. En Kenia, en cambio, la mayor meta es lograr salir del país, para enviar dinero y ayudar a su familia. Allí no importan qué tan buenos sean, se pasan años y años entrenando, con un sólo sueño: que los descubra un entrenador extranjero y los lleve a competir por el mundo".

Leonardo Malgor, entrenador referente a nivel nacional, vivió en España en 1994 con atletas keniatas. Luego, ya en el 2012, pasó 22 días en Iten, Kenia, durante la preparación de María Peralta para los Juegos Olímpicos de Londres. Observó una gran diferencia entre ambos países. "En Etiopía, el régimen de entrenamiento es militar. Se someten con sumo respeto al plan del entrenador. En cambio, en Kenia, el sistema de trabajo es repetido semana a semana. No suele ser un entrenador, sino es el mejor atleta el que comanda a cada grupo de corredores", grafica. Clara diferencia que no menoscaba la calidad. "La dedicación es absoluta, hay atletas que entrenan como si tuvieran los Juegos Olímpicos en un mes, y en su vida salieron de Kenia, sólo lo hacen esperando la oportunidad."

Javier Carriqueo, dos veces representante olímpico por la Argentina, vivió una década en España y supo competir, en innumerables oportunidades, contra unos y otros. "Los keniatas tienden más a imponer el ritmo de carrera de entrada", explica Carriqueo. "Mientras que los etíopes –añade– son más conservadores a la hora de correr, confiando en su gran final. Con los casos emblemáticos de Kenenisa Bekele y Haile Gebrselassie."

Haile, también conocido como el Emperador, es el protagonista de algunos de los duelos más recordados entre Etiopía y Kenia. Se enfrentó al keniata Paul Tergat en cinco grandes carreras de 10.000 metros, tres Mundiales y dos Juegos Olímpicos. Los Juegos de Sydney 2000 se grabarán en bronce: ambos recorrieron los últimos 200 metros en 25 segundos. Y la victoria se definió por ¡0,09 segundo! Las cinco medallas de oro se colgaron del mismo cuello, bajo la sonrisa imborrable de Gebrselassie.

¿Quién mejor que él para definir esta cuestión? "A veces los etíopes son más fuertes, otras veces los kenianos. Nos entendemos unos a otros. En verdad sin Kenia no hay Etiopía", analiza el Emperador, y concluye: "Nos necesitamos".

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