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¿Sabés lo que cantaban en la cancha cuando yo caí preso? En la Argentina hay una banda/ hay una banda de vigilantes/ mandaron preso a Maradona/ pero Menem también la toma".
La cita corresponde al libro "Maradona soy yo", de Alicia Dujovne Ortiz, durante una entrevista al ídolo en su casa de Sevilla. "Ya que jugaba mal, y ya que no daba las ganancias previstas- dice la escritora acerca de ese encuentro con el ídolo en abril de 1993- la única manera de explotarlo era hacerlo explotar. Nada más fácil: acorralado, perseguido, Diego siempre comete el error que sus explotadores aguardan..."
En febrero de 1994, cuando sucedió el acecho a su quinta de Moreno con su desafortunada reacción contra los movileros insaciables, escribí en la contratapa del diario Ambito Financiero: "La gravedad de la evidente herida espiritual o psíquica que está en proceso en Maradona es la que debe ser observada ya lejos del show. Como se mira el ir y venir depresivo y rencoroso de un tigre con dolor de muelas y al que el domador exige con el látigo. El domador es la fama. O la gente. O los dirigentes, que aún con el tigre hecho un estropajo, aspiran a contratarlo para que, aunque sea tullido, salte el aro de fuego para que el público siga pagando entradas".
Pasaron tres años ( o tres siglos en el calendario de un jugador de fútbol) desde esa nota titulada "Tigre rabioso, acosado, muerde". Hoy ese título podría mutar levemente: "Tigre enfermo, acosado, se agrava". En esta última parte podría ponerse "se muere", pero este mero diagnóstico deportivo sería confundido y sonaría a agravio. Hegel pensaba que los héroes son los instrumentos de las realizaciones de la historia. "En cierto momento el héroe muere o es llevado a la ruina por su propio éxito-dice Hegel- pero en cambio la idea que lo había producido alcanza su finalidad". Maradona no es Alejandro ni César, es cierto. Pero ya alcanzó su porción en la historia- la banal y pequeña del goce humano- con aquel gol contra Inglaterra en el Mundial de 1986.
Estuve presente en sus ciclotímicas reapariciones argentinas. En Rosario, con Newells; en Corrientes, en su rol de técnico de Mandiyú y luego aquí como jugador y técnico de Racing, y ahora en su retorno a Boca. Toda la prensa registró el rostro de Diego Maradona después de haber convertido el gol de penal contra Argentinos Juniors. Es un rostro rabioso, descentrado, las mandíbulas tensas, los dientes como si estuvieran mordiendo un animal difícil, resbaloso. Una babosa, una anguila: algo que en épocas pasadas ni siquiera se tomaba el trabajo de cazar porque sus piezas eran tantas y valiosas que un penal ni siquiera contaba. Esa imagen, cuando aún no se sabía el infortunio del control antidoping, se leía ingenuamente como la cara del desquite. Yo también, presente en la cancha, ubicado hacia el lateral en que él dio la vuelta de carnero y luego saltó como un gato hacia la mitad de la alta alambrada, no pensé, no intuí, no sospeché que ese salto a esa altura del partido y a los treinta y siete años podía arrastrar una carga de energía artificial. De fervor fatuo de droguería. Como tantos elegí creer; era imposible tomar ninguna distancia intelectual cuando uno es uno más: masa. El héroe acaba por colonizar, por subyugar la conciencia crítica. El peor riesgo para él no es la adversidad - a la que es capaz de vencer y Maradona lo intentaba casi con éxito- sino la melosa y meliflua corte de lisonja y de intereses que él alimenta para realimentar su destino. Jorge Valdano, en un reciente texto sobre la decadencia de los ídolos deportivos, dice acerca del brasileño Garrincha: "A su muerte lo acompañaron más de trescientas mil personas que cantaron el himnno nacional y Cielito Lindo como si se tratara de un día de fiesta. Pero ni esos trescientos mil ni los millones que amaban el recuerdo de su fútbol pudieron ayudarlo en su caída libre".
Pensar, que el día del partido que acaba de condenar a Maradona, su palco sorprendió a todos porque aparte de las reconocibles cabecitas de sus hijas, estaba colmado de cabecitas pequeñas. Eran las del elenco de Cebollitas.
En una encuesta de La Nación , pudo apreciarse la desolación del barrio y de los hinchas por lo sucedido. El resultado positivo en el control antidóping de Maradona tuvo sus repercusiones en todo el país. Pero si hay un lugar donde el hecho se reflejó con más expresividad, fue en el porteño barrio de La Boca, aquel que supo de las mejores tardes del ídolo.
En la encuesta realizada por La Nación , se comprobaron diferentes sentimientos: tristeza, estupor, decepción,bronca.Y mucha desilusión. Estas fueron las preguntas: 1) ¿Qué sensación tuvo cuando se enteró del hecho?
2) ¿Qué repercusión puede tener en el futuro de Boca?
3) ¿Pensó que, teniendo en cuenta los antecedentes, esto podía suceder?
Raúl Alvarez (40 años, empleado, hincha de River): 1) Me siento muy mal. Toda mi vida viví en la Boca y me sorprendió, no sólo por él, sino por su familia, que lo respaldó en todo momento. 2) Sí, sin dudas. Seguramente influirá en los juveniles, que lo tenían como ídolo. 3) Por el entorno que lo rodea, creo que sí.
Jorge Pérez (28, pintor): 1) Decepción. Recuerdo que él juró por las hijas que no habría problemas, pero se olvidó de lo prometido. 2) Supongo que sí. 3) No. Estaba muy convencido de que se había curado.
Carlos Sosa (33, pintor sin manos): 1) Después del Mundial de 1994, Diego dejó de ser confiable. No me sorprendió, y como persona, me defraudó. 2) No, no creo. Son figuras nuevas y no dependerán de él. 3) Sí. Se veía venir.
Horacio Spalletti (35, periodista): 1) Desazón, amargura... 2) No, porque hay muchos jugadores nuevos. 3) No, para nada.
Diego Avalos (21, empleado): 1) Desilusión. Pero la gente lo perdona porque es un ídolo. 2) Sí. 3) Era probable, porque es muy difícil salir de la droga.
Héctor Mangifeta (36, proveedor de serigrafía): 1) (visiblemente emocionado) Tristeza. Estamos todos muy amargados. 2) Depende de la mentalidad de cada jugador. 3) Como hincha de Boca, pensé que no.
María Esther Oszust (35, empleada): 1) La mayoría lo disculpa porque es un grande. A mí no me sorprendió, porque como persona nunca me agradó. 2) Sí, porque el equipo dependía de él. 3) Siempre creí que reincidiría y lo seguirá haciendo.
Jorge Godoy (42, propietario de un local frente al estadio): 1) Estamos todos shockeados. Recién pasó una mujer llorando, y no quisimos hablar del tema para que no siguiera sufriendo. 2) Por supuesto. Lo digo porque conozco al plantel y sé que están destrozados. 3) Trató de superar su enfermedad, pero es obvio que no lo logró. Espero que, como hombre, pueda recuperarse.
Gladys Fensel (38, asistente social):1) Indignación. Maradona no nos puede representar en ningún lado, y sin embargo, lo habían designado embajador. 2) Sí. 3) No. Pensé que no cambiaba más.
Carlos Balena (56, artista plástico): 1) Pena, lástima, porque no pudo salir de la adicción a pesar del esfuerzo que hizo. 2) Seguramente. 3) Era una posibilidad, por la influencia de su entorno.
Dante Pucheta (52, artista plástico):1) Estupor, deseos de llorar. 2) Sí. 3) No. No creo en nada de lo ocurrido. Diego insultó a Havelange, y éste se quiere tomar revancha. ¿Pruebas? Se pueden fabricar tranquilamente.
Carlos González (57, artista plástico, de Racing):1) Asombro, estupor. Maradona está mentalmente enfermo. 2) Sí. Puede pasar lo mismo que sucedió con el seleccionado que fue al Mundial de 1994. 3) Sí. Le podía caber.
Angel Savina (73, jubilado):1) Como persona, deja mucho que desear. No me asombró para nada. 2) Podría influir. 3) Sí, porque nunca se curó.
Claudia Carrizo (21, vendedora de cosméticos): 1) Me sorprendió, aunque como persona no me cae bien. 2) Sí, porque todos dependen de Maradona. 3) Sí, porque nunca logró curarse.
Leonardo Moccia (22, empleado): 1) Cuando me enteré, quise tirar la radio por la ventana. 2) Sí. porque el juego de Boca se basaba en él. 3) Lo pensé, pero por respeto a la gente, consideré que esto no se iba a repetir.
Héctor Cauda (34, artista plástico, de River): 1) Siento lástima por su enfermedad. 2) Sí, sin duda. 3) Sí, creí que era capaz de esto.
ZURICH, Suiza (Especial).-Apenas recibió la noticia por parte de Albino Bemposta, encargado del departamentode control antidóping de la AFA, Julio Grondona se estremeció como en Estados Unidos, durante el Mundial de 1994, cuando el análisis de Maradona dio positivo tras el encuentro de la Argentina frente a Nigeria.
"Tenemos que ser prudentes -dijo Grondona- y esperar el resultado de la contraprueba, pero me ocurre lo mismo que en el Mundial por lo que ahora no me siento en condiciones de opinar."
Con pocas ganas de hablar, el presidente de la AFA aclaró: "Cuando me enteré lo llamé a David Pintado, el que me reemplaza en el cargo, y con Mauricio Macri. Me pareció lógico que ellos lo supieran antes que nadie".
Sobre su relación con el futbolista, Grondona, muy triste, expresó: "No quiero caer en frases de compromiso como lo lamento mucho, él sabe que yo lo aprecio sinceramente y que esta nueva dificultad suya me dejó sin habla. Nuevamente sostengo que debemos rescatar al hombre. El jugador nos dio todo".




