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En la casa de la familia Aymar, en el barrio Fisherton, Rosario, sobraba la alegría. Su papá, René -comerciante-, y su mamá, Nilda -jubilada como profesora de educación física-, no podían ocultar su orgullo por el premio que le entregaron a Luciana.
Sus tres hermanos, Fernando Esteban, de 31 años, casado con Soledad; Cintia Andrea, de 27, que indujo a Luciana a practicar hockey y actualmente actúa con ella en la primera del Jockey Club, y Lucas Martín, de 21, también jugador de hockey, comparten esta felicidad y preparan la fiesta de bienvenida para la N° 1, pero el regreso al país aún no tiene fecha porque se quiere quedar para ver hasta el último partido de los varones en el Mundial.
"Empezó a jugar a los 7 años en el Club Fisherton", explicó Nilda desde su hogar, y agregó: "Practicó varios deportes: tenis, patín, natación, danza clásica... la verdad, no sé qué fue lo que no hizo. A los 13, pasó al Jockey porque todos los de la familia decidimos cambiar de club".
Aunque sus entrenadores siempre le vieron cualidades para destacarse en el deporte que la consagró, su familia prefirió no explotar esto. "De Cintia (su hermana mayor), también nos decían que tenía condiciones y después, por una rotura de ligamentos, las cosas no se le dieron. Yo, lo que destaco -continuó Nilda- es el sacrificio que hace. Levantarse a las tres de la mañana para ir a entrenarse a Buenos Aires es un esfuerzo enorme".
Más allá de sus obligaciones como jugadora, Lucha Aymar intenta, en la medida que los compromisos con el seleccionado se lo permitan, cursar la carrera de profesora de Educación Física en el Instituto Privado José de San Martín, de Rosario, en el cual está becada y se le otorga la ventaja de rendir como alumna regular, aunque muchas veces no pueda asistir a las clases. De todos modos, la carrera se hace lenta. Pasó a tercer año, pero todavía debe muchos exámenes. "Nosotros le insistimos para que no descuide el estudio -agregó su mamá-, pero entendemos que ahora no puede con todo".
Aunque la necesidad de protegerla les haya hecho no estar muy de acuerdo con sus viajes a Buenos Aires a los 16 años, para integrar el seleccionado juvenil, los Aymar apoyan, con orgullo, la carrera de Luciana desde el inicio. Cuando pueden, la acompañan a los torneos. "Ahora se está acostumbrando, pero al principio, extrañaba mucho", dijo Nilda, que fue la única de la familia que compartió con ella la conquista de la medalla plateada en Sydney 2000. Igual, aunque no estén presentes, Luciana sabe que en su familia encuentra el máximo respaldo. Independientemente de los premios, para ellos, siempre fue la mejor...

