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Si la Argentina muchas veces fue un infierno para Daniel Passarella, un lugar donde se sintió acorralado por la prensa o por el fanatismo de la gente, pues entonces podría decirse que Uruguay se transformó en el paraíso no imaginado y los uruguayos amenazan con convertirse en sus ángeles protectores.
Esta pintura forma parte de la vida actual del entrenador argentino, que se hizo cargo de la selección celeste luego de la Copa América de Paraguay ´99 con el exclusivo objetivo de conseguir la clasificación para un mundial después de dos fracasos consecutivos.
Lejos del ruido y el ritmo frenético que caracterizan a Buenos Aires, Passarella se instaló cómodamente en una casa de dos plantas en el barrio privado Jardines de Carrasco, la mejor zona de Montevideo. Pero no fue el único: aquí también lo acompañan otros tres argentinos. Son Alejandro Sabella, su ayudante de campo; Alejandro Kohan, el preparador físico (los dos se radicaron en este país con sus familias), y Ricardo Cosentino, que ocupa la función que en Europa llamarían "secretario técnico", según confiaron en el seno del grupo.
El ex técnico del seleccionado argentino no vive con su familia. Su esposa, Graciela, es la que más se mueve para estar en Uruguay con su marido y en Buenos Aires con Lucas, el hijo de ambos, que no viaja demasiado porque estudia en la facultad. Passarella habitualmente viaja a la Argentina luego de los partidos.
Tal vez, lo más importante para decir sea que Passarella se siente sumamente a gusto en Uruguay. El estilo de vida de los uruguayos, que son reservados, tranquilos y no lo acosan, era lo que el entrenador siempre había pretendido. Y por eso es que disfruta de los placeres sencillos, como hacer sus propias compras en el supermercado sin más molestia que un recatado "Arriba, Daniel", que él devuelve con una sonrisa.
Atrás quedaron muchas cosas. Los que lo conocen bien cuentan que una de las primeras cosas que dijo al llegar fue: "Aprendí cosas y ahora las voy a aplicar". Su relación con el periodismo es correcta, no se esconde, pero tampoco lo presionan demasiado; la gente empezó a quererlo desde que él mostró signos de identificación con la camiseta, como gritar los goles o decir que se sentía "uno más", y a los jugadores puede vérselos con el pelo por donde se les antoje, del color que quieran; en las orejas puede o no haber aritos, ya no importa.
La rutina de los fines de semana es ir a la cancha a ver a los equipos locales. También, cuando puede, viaja a Europa para dialogar con los dirigentes de los clubes e interiorizarse sobre la situación de los jugadores; cuando permanece en Montevideo, el contacto con los futbolistas charrúas lo hace vía Internet.
Y hablando de jugadores, Passarella siempre dijo que cuando más cómodo se siente es cuando trabaja con el equipo. No muy lejos de Montevideo, a 137 kilómetros, en Punta del Este, encontró el lugar ideal para que se concentre el equipo antes de los partidos: la Posta del Lago, un hotel que abre exclusivamente para la selección uruguaya, rodeado de naturaleza y tranquilidad.
Allí hizo construir una cancha, aunque cuando quiere practicar más seriamente lo hace en el Campus, de Maldonado. En la Posta, Daniel habla mucho con los jugadores. Los mima, siempre está cerca de ellos, busca complicidad, los aconseja, quiere ser compinche. El mensaje llegó y ahora el plantel es incondicional con Passarella. Este es uno de los elementos fundamentales para llegar al Mundial.
Otro punto clave es la relación con el empresario Francisco Paco Casal, quien representa a la mayoría de los futbolistas locales y además, a través de la empresa Tenfield (de la cual también son dueños Enzo Francescoli y Nelson Gutiérrez, aunque en una porción menor), tiene los derechos de televisación del fútbol uruguayo. También, esta empresa le abona cerca del 50 por ciento del salario al entrenador.
Es normal ver a Paco Casal en la concentración uruguaya, o a Passarella compartiendo un café con Francescoli.
Así vive Passarella en Uruguay. Casi como un charrúa más.
PUNTA DEL ESTE.- El partido es esperado, sin dudas. Es el clásico Argentina v. Uruguay, pero además se trata de un choque que pondrá por primera vez a Daniel Passarella contra los mismos jugadores que él dirigió hace dos años. Y entre compromisos y rivalidades, el entrenador contestó: "Hoy dirijo a Uruguay y quiero ganar aunque adelante esté la Argentina". Sobre la formación para el domingo, el DT no dio muchos indicios. "No definí el equipo. Hicimos un trabajo táctico liviano, pero ya saben que antes del partido con Ecuador, en tres prácticas cambiamos el equipo tres veces; por eso todavía pueden pasar muchas cosas." La probable formación sería con Carini; Tais, Lembo, Sorondo y Darío Rodríguez; Cedrés, Pablo García, Guigou y Olivera;Recoba y Magallanes o Abreu.



