La opulencia de la Premier League tiene su costo

Fernando Pacini
(0)
4 de septiembre de 2015  

La diferencia entre la Liga inglesa y el resto es aplastante en términos económicos. Los clubes se volvieron potencias económicas y el producto "fútbol inglés" es el más comercializado y consumido del planeta. Pero no todo lo que brilla es oro. La burbuja de libras no asegura calidad deportiva.

El fútbol argentino recibe unos 150 millones de dólares anuales por derechos de televisión. La Premier, algo así como 2350 millones de euros anuales. Ya se aseguró esa cifra al menos por tres temporadas, y se estima que luego será superior. En este verano, el monto de los fichajes ingleses duplica al de España y triplica al de la Bundesliga.

Ese mercado tiene dos tipos de locuras: la primera, las sumas erogadas al comienzo del receso, normales, especialmente en los clubes más fuertes con excepción del Arsenal. La segunda, "la corrida" sobre el cierre del libro de pases. Se desata una locura propia de las películas nerviosas de Wall Street. Ese último par de días, todo es posible. Los clubes tienen plata para gastar y, antes de que se les agote el tiempo, compran lo que se pueda, lo que sea que haya en la góndola y sin mirar el precio. Ya habrá tiempo después para contrastar sus calidades.

En ese marco, Manchester City pagó 74 millones por el belga De Bruyne; 62,5 por Sterling, y 44,6 por Otamendi. Liverpool gastó 46, 5 millones por Benteke y 41 por Firmino. Everton, casi 13 millones por Funes Mori. Manchester United contrató a Schneiderlin por 35; a Depay por 27,5, y, sobre el cierre del mercado, desembolsó 50 millones (más 30 de variables) por Anthony Martial, delantero francés de 19 años que apenas despuntaba en Mónaco. Entre los 25 fichajes más caros de Europa, 11 corresponden a la Premier.

El riesgo de la opulencia es el desquicio. En esa carrera loca por no quedar fuera de la fiesta, Inglaterra rompió el mercado. Sin embargo, esas arcas caudalosas no consiguen asegurar resultados deportivos. Más aún, mientras el fútbol inglés gana dinero y glamour, cotiza en bolsas y desparrama billetes, pierde sustancia a la misma velocidad que suma utilidades. Cada vez menos ingleses integran las plantillas y se han vuelto importadores compulsivos hasta en las categorías formativas.

Mientras España o Alemania aprovecharon el impulso de sus ligas en las últimas décadas para fortalecer su historia, mejorar la formación, y nutrir a sus selecciones, Inglaterra se hizo adicta al negocio y al show. Se encerró en el micromundo confortable de su torneo. La pasión de los ingleses por el fútbol es infinita y la historia de sus clubes, gigante. Ellos prestan sus colores y sus corazones a los dueños. En el camino, las selecciones inglesas brillan por su ausencia y el presunto poderío de sus clubes choca cada vez con más frecuencia en Europa. Las ganancias económicas se ven, están en números y en planillas. En el envés de ese balance, no hay registro de las pérdidas, sólo porque no se pueden mensurar.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.